La Maldición De Las Esmeraldas - El Embrujo Verde. 1/6

Capítulo 2.

Cuenta la leyenda de Juan frío que en el año 1850 se perdió por circunstancias desconocidas la gran esmeralda, la taquipaiza, que estaba bajo el poder del heredero Yeferson II, una leyenda de sangre y rencor… de la cual el hermano mayor Yeferson I mandó a decapitar a su hermano para que no heredará el trono de la gran Colombia por ser el favorito del rey Enrique IV… así, la taquipaiza cayó a manos de Yeferson I y desde su descenso la gran esmeralda desapareció con el, hace más de 50 años.  
Era uno de los cuentos urbanos que se oían de voz a voz en el pueblo, como una leyenda tradicional del recóndito pueblo de Juan frío. Cierta o no, si se oía hablar en voz baja de la taquipaiza y de su verdadera existencia, también contaban que el que la encontrará caería perdido en su hermosura de brilló verde zafiro y de ella desataría un mar de sangre.  
…  
Jacinto observó con detenimiento la gran mansión habitada por el Sr. Guillermo, un líder del sector esmeraldero de Colombia, querido por muchos y odiado por pocos. Disfrutaba coleccionar hermosas y brillantes esmeraldas, cercanos comentaban con admiración su postura y sobre su arma de dotación la cual llevaba en el anillo de regulación puesta tres pequeñas esmeraldas, como un grano de arroz de distinto tipo como lo eran la trapiche, armoniaca y la ornamental. Seguidor secreto de las taquipaizas y más aún de la gran esmeralda que solo podía contemplarla en fotografías de blanco y negro de los años 1850.  
Jacinto se acercó a la entrada de la mansión y su paso se vio interpuesto por dos hombres que custodiaban la entrada con largas armas de fuego. Cuando pudo reconocerlos se dio cuenta que se trataba de Oswaldo y Nacho dos conocidos del pueblo que se encargaban de custodiar al líder esmeraldero el Sr. Guillermo. Jacinto se tranquilizó, ver ese tipo de armas le daba pavor, amablemente se dirigió a aquellos dos hombres y les dijo.  
—Buenas noches muchachos, que gusto encontrarlos. 
La noche estaba por ocultar el atardecer, el sol se escondía entre las montañas coloreando de un agonizante Rayo de luz el horizonte del Boyacá colombiano, el reloj marcaba 15 minutos antes para las 6 de la tarde.  
—¿Que hace a estas horas de la tarde por el pueblo Sr. Jacinto?, al parecer no le quedo clara la orden del patrón sobre el toque de queda después de las seis… —Comento Oswaldo por arrogancia. 
—Lo sé amigo, pero no hubiera venido hasta aquí si no fuera importante, ¿es posible que pueda hablar con el Sr. Guillermo?. No le quitaré mucho de su tiempo.  
—No lo puede atender, es este momento se encuentra reunido con su familia. —denegó  Oswaldo a la petición del pobre hombre.  
—Por favor, dígale que es importante… solo dos minutos del tiempo de señor, nada más. —Insistió Jacinto con nostalgia.  
Oswaldo se compadeció y ordenó a su compañero Nacho que avisara al patrón sobre la petición de Jacinto, el cual esperó durante casi 15 minutos fuera de la casa, sin abrigo y sin bocado en la boca… hacia frío y el cielo se oscureció de nubes avisando una pronta y fuerte lluvia.  
Jacinto decidió marcharse, pero cuando se iba Nacho salió de la casa con la aceptación del Sr. Guillermo, dejando que Jacinto entrara a su casa.  
—Siga, el patrón lo atenderá. —Afirmo Nacho.  
Jacinto sonrió y se alegro, camino despacio hacia el interior de la gran casa, de muros gruesos y blancos, tejado, esculturas y puertas en madera fina. En compañía de Nacho se dirigió hacia el estudio de Sr. Cuando ingresó, vio que Guillermo estaba detallando fijamente una pequeña esmeralda con una lupa, cuando este noto la presencia del campesino, giró el cuerpo y lo miró de pies a cabeza generándole indiferencia por un momento, con una fingida amabilidad le dijo sonriente.  
—Bienvenido mi amigo Jacinto, me alegro verlo… ¿qué lo trae por aquí?.  
Cuando Jacinto iba a responder, Guillermo lo interrumpió diciendo.  
—No olvides que no debes salir a esta hora, mis hombres podrían hacerte daño inocentemente.  
—Lo siento Señor Guillermo, no era mi intención desobedecer. Pero me vi a la obligación de visitarlo urgentemente. —Respondió Jacinto.  
—Esta bien, te entiendo amigo. Entonces dime, para que soy bueno. —Dijo Guillermo con disposición.  
—Señor, usted sabe la situación por la que pasamos a causa de las lluvias, gran parte de los cultivos de este mes y el próximo se han perdido a causa de ello. Estoy preocupado, usted entiende que, gracias a la cosecha puedo llevar el sustento a mi casa, pero ahora por toda esta situación lo veo imposible. —Explico Jacinto con nostalgia. 
—Entiendo, ¿entonces qué quiere que yo haga?. —Pregunto con arrogancia el Sr. Guillermo, al darse cuenta de la manera tan cruel que lo dijo y sin darle importancia al bienestar del pobre campesino y su familia, se compadeció fingidamente diciendo una vez más.  
—Lo que quiero decir es que, en que lo puedo ayudar Jacinto. Usted solo dígame y yo lo ayudaré.  
Jacinto sonrió de alegría y sus ojos se llenaron de lagrimas y esperanza, aquel hombre de postura gruesa, piel blanca y de ojos café no lo dejaría desamparado a él y a su familia.  
—Señor Guillermo vine hasta aquí, para pedirle prestado algo de dinero… así podré comprar los alimentos necesarios en casa para mi familia. Yo le juro que apenas saque la primera cosecha le pagaré todo el dinero que me preste, por favor… se lo pido.  
Guillermo guardo silencio por un momento, camino hacia la silla de su escritorio y se sentó sin decir palabra alguna. La esmeralda que minutos antes había estado observando con la lupa estaba puesta sobre aquel fino escritorio, Jacinto curiosamente la observo con admiración y Guillermo lo descubrió, de esa manera le preguntó…  
—¿Le gusta?.  
A lo que Jacinto reacciono diciendo.  
—No, no… señor, solo me quede viéndola por un momento, es la primera vez que veo una esmeralda.  
—Sabes, dicen que cuando las miras te embrujan… y podría asegurar que es cierto, yo me deje embrujar de ellas. ¿Acaso, no te parece hermosa?.  
—Si señor, es muy hermosa. —Respondió Jacinto inocentemente.  
—Tómala. —Ordeno Guillermo con una sonrisa de boca cerrada.  
—¿Qué?. —Exclamo Jacinto, completamente sorprendió.  
—Si, tómala y siéntela.  
—Pero, pero señor.  
—Tómala y ya. —Ordeno una vez más Guillermo con impaciencia.  
Jacinto obedeció, la tomó entre su dedo pulgar e índice de la mano derecha y la coloco en la palma de la izquierda, la observo con detenimiento contemplando su profundo color verde, un verde inigualable, brillante y ambicioso. Sus ojos se llenaron de color, teniendo en sus manos a esa pequeña esmeralda ya no había preocupación, escases ni caridad. Más aún se llevó la sorpresa de su vida cuando Guillermo le dijo al parecer con sinceridad.  
—Llévatela, es tuya… mañana podrás ir a la ciudad y venderla, así podrás cubrir los gastos de tu casa. Con esa esmeralda tu y tu familia podrán comer durante 5 años y hasta construir una casa en material de 2 pisos si quieres.  
—¿Enserio señor, usted me la daría?.  
—Claro que sí, hijo. Vuelve a tu casa…  
Jacinto se levantó de la silla y extendió su mano derecha en son de agradecimiento al Sr. Guillermo.  
—Mil gracias señor, no se como podré pagarle este gran favor. Me iré, volveré luego con mi esposa e hijo y se lo agradeceremos una vez más.  
—No hay necesidad hombre, vete, tu esposa e hijo deben estar preocupados por ti.  
—Hasta luego señor. —Se despidió Jacinto.  
—Espera. —Exclamo Guillermo.  
De su bolsillo sacó 100 pesos y se los colocó a Jacinto sobre su escritorio.  
—Toma el dinero también, supongo que sí vas a ir a la ciudad debes pagar el pasaje y así volver nuevamente.  
—Tiene razón Sr. —Concordó Jacinto, tomo los 100 pesos del escritorio, una vez más agradeció el gran favor y se dio media vuelta para marcharse del estudio. Guillermo cambio radicalmente el semblante de su rostro a uno más frio y cruel… con rabia repitió una vez más.  
—Tu esposa e hijo deben estar preocupados… claro que deben estarlo. —Afirmo.  
—Maldito campesino mal viviente. —Dijo con indiferencia en voz baja.  
Mientras observaba a Jacinto alejarse con su esmeralda, lo miró desde la distancia como una rata fácil de atrapar, sin retrasarlo más llamó a su hombre de confianza Nacho y le dio una orden, la cual fue la siguiente.  
—Envía a dos de los nuevos reclutas, diles que sigan al viejo Jacinto… que le den un buen susto para que aprenda a obedecer y que traigan conmigo la esmeralda que lleva, el dinero se lo pueden dejar, solo diles que se aseguren de traer mi esmeralda de vuelta. 
—Si patrón, como usted ordene. —Respondió Nacho y se marchó a cumplir la orden.   
…  
La noche avanzaba silenciosamente, en plena lluvia del antepenúltimo mes de año Jacinto emprendió el camino a su hogar a unos 10 minutos del pueblo. Estaba feliz y tranquilo. Guillermo no era lo que la gente decía que era, gracias a él, su familia estaría a salvo los últimos meses del año. Mientras caminaba por las calles solitarias del pueblo con una sonrisa, era inocente del valor de la esmeralda que llevaba en su bolsillo por el cual, cualquiera mataría por tener... dos desconocidos salieron de repente en una motocicleta de una oscura callejuela y encañonaron a Jacinto con sus armas…  
—Deme todo lo que lleva. —Ordeno uno de los encapuchados.  
—No señor, no llevo nada de valor. —Dijo Jacinto con temor. 
—Me ve la cara de marica. Vi de donde salió y supongo que de ahí sacó algo muy bueno. —Comento el desconocido, agarrando a Jacinto del cuello y propinándole un fuerte golpe en el estómago.  
Ambos ladrones prosiguieron a buscar la esmeralda en los bolsillos de Jacinto, según la orden recibida el debía llevarle en algún lado, luego de obtenerla, golpearon por más de 3 minutos a Jacinto, lo escupieron y el dinero que Guillermo le dio se lo lanzaron en la cara.  
—Con que dándosela de listo el miserable. —Comento Richard, el nuevo recluta de la organización secreta del Sr. Guillermo, la cual se encargaba de hacer los trabajos sucios e íntimos del señor de señores de la región.  
Richard y su compañero tomaron una vez más la motocicleta y se marcharon, dejando a Jacinto adolorido y con el rostro cubierto en sangre tirado en el suelo.  
…  
En menos de cinco minutos la esmeralda volvió a manos de su dueño, Guillermo la observo con placer y la colocó dentro de la caja fuerte donde se encontraba gran parte de su colección.  
—Valla, valla… muy eficientes los nuevos reclutas. —halago con orgullo a sus dos nuevos servidores.  
—¿Nombres?. —Pregunto.  
—Richard señor, para servirle. —Se presentó con la mejor disposición el hombre de 24 años de edad, de estatura que superaba el 1.80 y cuerpo atlético.  
Guillermo lo observó fijamente al rostro y soltó una carcajada.  
—Yo no pedí niños de guardería en mi organización. —Dijo sarcásticamente entre carcajadas.  
Guillermo se acercó hacia el otro recluta y le preguntó.  
—¿Nombre?  
Este lo miro con frialdad, de la cual el mismo Guillermo se vio por un momento intimidado, pero trató de disimularlo.  
—Solo JJ, señor. Y estoy aquí para servirle. —Admitió el hombre de reservada edad, el cual aparentaba entre 25 a 30 años de edad, de estatura que no superaba el 1.80, ojos de color azul, de piel blanca y cabello castaño.  
—Solo JJ. —Recalco Guillermo, mientras detallaba la mirada fría y cruel de aquel recluta desconocido, de la cual evitó gastarle más mente, sus reclutas no deberían producirle miedo y el que le produjera ese miedo que no había sentido hasta el momento no viviría para contarlo. Así que para concluir les dijo.  
—Excelente trabajo muchachos, sigan así y la vida les sonreirá. Pueden irsen.  
Richard y JJ se retiraron del estudio, pero aún así Guillermo quedó con la sensación de haber visto en algún lugar la mirada de aquel muchacho, aquel desconocido que se hacía llamar JJ.  
…  
Entre dolor y agotamiento, Jacinto caminó despacio por dos cuadras más donde encontraría el hogar de doña Rosa, su comadre y madrina de bautizo de su pequeño Santiago, con dificultad tocó a la puerta. Doña rosa se levantó y miró por la ventana y cuando vio a Jacinto en el estado que se encontraba corrió hacia la puerta y cuando sus ojos lo vieron frente a frente el pobre hombre se desplomó un sus brazos.  
—Hijo, ¿por Dios que te sucedió?. —Exclamo con sorpresa y tristeza la mujer de casi 50 años de edad.  
Ella entre lagrimas y dificultad ingreso a Jacinto a su casa, lo recostó en la cama de una de las habitaciones y curo de sus heridas.  
La madrugada pasó de repente y un nuevo día con un bajo sol apareció nuevamente en el cielo. 

 



David Ramirez Rubio

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En el texto hay: intriga, drama, generaciones

Editado: 11.12.2020

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