La Profecía de los Elegidos

10: La revelación

—No me has hablado desde ayer.

Luzmaría se encontraba en una de las mesas de la cafetería, y a su lado estaba Ricardo. Sólo ellos dos ya que Jazmín y Michelle estaban en el aula de cómputo haciendo un examen y Lalo en los laboratorios recuperando prácticas. La tensión era inminente, ninguno de los dos se había dirigido la palabra desde el día anterior.

—Me cuesta procesarlo, digo... ¿Tú crees que...? —por fin habló el moreno.

—¿Que es una estupidez en toda la extensión de la palabra? Si, lo creo.

Ricardo no quería contradecirla, pero podía tener razón.

—¿Y cómo explicas lo que vimos allí? ¿Los collares? ¿Las luces?

—Proyecciones, trucos baratos de internet, yo que se... Además, lo que dicen no tiene sentido por favor ¿quién creería semejante pendejada de "brujos antiguos"? Ni que estuviéramos en la edad media —habló la morena sin preocupación.

—Bien, entonces explícame lo que sucedió en tu casa, o lo que a mi me pasó en mi cocina. No se, es demasiado extraño.

—Claro, extraño. Más bien te diría que aprendieras a cerrar la boca, porque no quiero que se revele lo de la fiesta o tanto tú como tu amiguito el drogo no vivirán para entrar a segundo semestre.

—Me das miedo, de verdad —dijo Ricardo al momento que tomaba un sorbo a su refresco—. Bien, volviendo a lo otro, ¿qué hacemos?

—Nada, olvidarnos de eso y seguir con nuestras vidas, no hay otra opción —respondió Luzmaría y se levantó de su asiento—. Y también... Nada de mencionarle esto al señor testosterona o a las otras dos inútiles. Suficiente tenemos con nuestros problemas como para soportarlos a ellos también. Me voy al salón.

Y se marchó, dejando solo a su novio, quien aún meditaba lo ocurrido. ¿Será real todo eso?

******

—No creo que tengas éxito buscando ahí —dijo un cansado Alex a la rubia.

Hacía un par de horas que habían salido de clases y como lo acordaron, se reunirían en la casa del rizado para buscar información acerca de la magia. Alex revisaba muy a fondo el pequeño libro de su abuela mientras Zoe buscaba en la computadora de la casa algo que pudiera ser relevante.

—Pues aquí hay algo.

—A ver... —el rizado se colocó a su lado y miró la pantalla de la computadora.

La información que la rubia encontró fue lo más básico: magia Wicca. En ella hablaba de las fases de la luna, los días especiales y varios rituales. El rizado suspiró y se apartó en dirección a uno de los sillones.

—No creo que sea esto. Lo que mencionan es muy simple, cualquiera lo haría.

—Bueno, esto habla de brujos, creí que nosotros lo eramos.

—Se supone que nosotros somos algo así como "seres con súper poderes". O al menos eso menciona esto —dijo el rizado alzando el libro negro.

La puerta sonó. Alex, quien estaba más cerca de ella se levantó y le abrió, dejando pasar a la castaña que cargaba una mochila muy pesada. Cuando Zoe la vio se alejó de la computadora y le saludó.

Arisbeth correspondió el saludo y de inmediato sacó el libro que traía. Lo hojeó y llegó a una página que parecía tener información acerca de lo que escucharon la vez pasada en su casa. Después de leer unos minutos los chicos se pusieron de pié.

—Bien, entonces tenemos poderes mágicos, podemos hacer hechizos y esas cosas. Pues probemos... —dijo un extasiado Alex.

—Aquí dice que debemos tener cuidado con eso, no sabemos qué podemos hacer realmente —le advirtió Arisbeth.

—Si, si, como sea... —respondió Alex que hojeaba el libro de su abuela, hasta detenerse en una página—. Qué tal éste: hechizo para detener a una persona.

Zoe alzó una ceja y dio un bufido. Le costaba creer que todo fuera cierto, ya que siempre pensó en eso como una charlatanería.

—Bueno, allá va... —exclamó Alex en dirección a la castaña.

—¡Ni se te ocurra! ¡No seré tu rata de laboratorio! —gritó la castaña muy furiosa a su amigo.

—Ni siquiera sabemos si funciona, tal vez estemos perdiendo el tiempo en realidad. Ya, cállate y déjame hacerlo.

—¡Es real! ¡Yo hice algo esta mañana con el agua y...! —la chica no terminó de hablar cuando su amigo recitó el encantamiento.

—Toma su furia, llévala a otro lugar, y a esta impaciente te pido paralizar.

Como si fuera mentira, la chica se quedó completamente inmóvil. Zoe abrió los ojos muy grandes ante tal irreal escena y soltó una risa nerviosa. Alex se quedó perplejo y miró a su amiga totalmente paralizada. No había dudas, era real.

—No me jodas... ¡No me jodas! —soltó el rizado junto a una risilla.

—¿Y ahora? ¿Cómo la volvemos a la normalidad? —preguntó Zoe.



Alex Romanni

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En el texto hay: amor juvenil, mexico, magia y amor

Editado: 27.03.2021

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