La Profecía de los Elegidos

11: Dante, el sexto elegido y el primer aviso

Zoe corrió hacia la entrada de su salón. La información que había recibido era algo que tenía que tomarse muy en serio, pero tampoco podría asegurar al cien por ciento que fuera él a quien buscaban. Según Dante le ocurrieron cosas extrañas desde el sábado del eclipse, como un desmayo o incluso los eventos con las plantas y la llamada. Si no era su amigo el sexto señalado, la casualidad de que fuese un brujo era grande y extraña.

—¡Hey! ¿Qué tienes? —Zoe brincó al tiempo que Alex le tomaba del hombro.

—¡Me asustaste! —la rubia lo llevó a un rincón en donde no pudieran escucharlos, aunque el salón estaba completamente vacío—. Tengo información.

—Información de... ¿eso?

—Si, pero no estoy segura del todo... —Zoe y Alex se giraron y observaron cómo Luzmaría y su pequeño grupo mortal llegaban al salón—. Necesitamos ver al abuelo de tu amiga —le dijo en el oído al rizado y caminaron a sus mesas.

Luzmaría, Jazmín y Michelle acomodaron sus mochilas y salieron. Lalo y Ricardo permanecieron en el salón hablando mientras los demás compañeros llegaban para tener la última clase del día.

—¿Y Aris? —le preguntó la rubia a su amigo.

—No vino hoy, se sintió un poco mal.

—Envíale un mensaje para avisar que vamos a su casa —sugirió ella.

Alex tomó su celular y empezó a teclear, después de un minuto lo volvió a guardar, justo cuando el profesor llegaba a dar la cátedra. No mencionaron ese asunto por el resto de la misma.

******

Aris había recibido un mensaje del rizado diciendo que irían a su casa por la tarde a charlar con su abuelo, algo raro pero con lo sucedido no le dio más importancia. Se encontraba en la Gran Biblioteca del Aquelarre, la sala que su abuelo le había mostrado hace unos días. Sólo paseaba alrededor de los libreros y muebles para observar.

—Puedes tomarlos, después de todo son tuyos —habló un tranquilo Gerardo que entraba a la biblioteca.

—Gracias. Y hablando de esto, los chicos quieren verte, dicen que tienen que hablar contigo —respondió la chica mientras se ponía frente a él.

—¿Conmigo? ¿Sobre qué?

—No lo se, puede que por el asunto de... —señaló con sus brazos abiertos toda la sala.

—Tal vez. Pero dime ¿qué tal te parece el instituto? No me has contado sobre eso —dijo el mayor al tiempo que los dos se sentaban en unos sillones que se encontraban cerca de la ventana.

—Bien, me ha parecido genial. Es muy grande y bonito.

—¿Has hablado con alguien? —interrogó su abuelo.

—Con los chicos, los vi ayer en la mañana y... —y de nuevo estaba Dante en su mente. Hoy no lo vio, pero deseaba profundamente hacerlo otra vez.— ... nada, sólo eso.

—Me alegra, espero que de verdad te guste. Ahí estudiaron tus tías y tu madre, así que puedes preguntarle a ella sobre algunas cosas. Ah, por cierto, la directora me llamó y dijo que en dos semanas harás el examen para acreditar las materias de primero y así iniciar el año entrante con segundo semestre y que no pierdas más tiempo.

—¿De verdad? Vaya, entonces empezaré a estudiar —dijo asombrada la castaña en el momento que su madre entraba a la biblioteca.

—Hola... —dice la mujer que entraba sonriente a la sala—. Supe que estarían aquí, por intuición.

Aris le dedica una sonrisa tierna y un pequeño beso en la mejilla. El mayor sólo le sonríe.

—¿No viste a los chicos hoy? Dijeron que vendrían —preguntó la chica.

Como si fuera adivinanza, el timbre de la entrada sonó. Uno de los guardias avisó que eran el hijo del comandante Montorfani y una chica de cabello rubio. El mayor dio órdenes para dejarlos entrar y que los llevaran a ese lugar, acto seguido el guardia se marchó. Al cabo de un minuto los dos se encontraban en las puertas de la sala. Los chicos abrieron la boca y los ojos al ver ese extraño pero hermoso sitio.

—Pasen, bienvenidos —exclamó el mayor.

—¡Es precioso! —dijo la rubia mientras giraba entraba al recinto.

—Me ha avisado mi nieta que necesitaban hablar conmigo —habló el mayor mientras se acercaba a ellos dos.

—Si... Vamos, dile lo que escuchaste —el chico le instruyó a su amiga que lo miró con un poco de temor.

—Bien... Es algo, y espero que sea cierto. —Zoe tuvo un poco de nervios ante la imponente figura del mayor—. Es sobre... El sexto elegido.

Al escuchar aquella frase, Aimeé también se acercó con un semblante de preocupación. Gerardo sin embargo se tornó completamente serio. Arisbeth se mostró un poco temerosa a la escena y saludó al los chicos con evidente nerviosismo. Los otros dos correspondieron el mismo.

—¿Estás segura de lo que has escuchado? Esto no puede tomarse a la ligera —reprendió el patriarca Solares con gran seriedad a la rubia.

—No estoy segura del todo, pero es demasiado extraño lo que oí que según ustedes pueden decirme si es certero o no —se defendió Zoe.



Alex Romanni

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En el texto hay: amor juvenil, mexico, magia y amor

Editado: 27.03.2021

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