La Profecía de los Elegidos

23. Verdad infernal

—Tercer día y... No hay señal de esos hombres —soltó Zoe mientras miraba su teléfono.

Ya era Nochevieja, el último día del año 2013. Los chicos seguían alerta a cualquier ataque de los Infernales desde el momento de la visión de Alex. Faltaban catorce horas para el nuevo año y no había rastro de los demonios.

—Por favor... Dame otra premonición... —pidió el rizado mientras tocaba la página del libro que contenía la información y la imagen—. ¿Por qué no funciona?

—Tal vez sea porque vienen en momentos específicos.

La castaña tomó sus manos y las apartó del libro. El chico suspiró exhausto. Todo había sido un complot desde saber que los cazadores eran, en una palabra, indestructibles, pero no era sólo el ataque lo que le agobiaba... también era lo que sucedió en la cocina con el moreno. No comprendía qué pasó y por qué no reaccionó de otra manera.

—Deberíamos descansar... Hemos estado como locos buscando acerca de ellos que apenas nos acordamos de tener vida aparte —sugirió Aris.

—¿Vida?... ¿Qué vida? Dime... ¡¿Qué vida?! —gritó la rubia—. Buscamos demonios que nos tratan de asesinar quién sabe por qué maldita razón, tratamos de evitar que nos encuentren y planeamos la manera de destruirlos, todo eso en vez de preocuparnos de elegir la ropa correcta para esta noche, de andar tras el tipo por el que babeamos o mínimo de tratar de sobrellevar a tu familia, la conflictiva. ¿Eso es vivir para ti? Entonces empiezo a creer que de verdad estás loca —escupió con coraje por último.

—¡Oye! —el rizado reaccionó y reclamó a su amiga—. Neta güey ¿qué pedo contigo? Como que ya te duró mucho tu berrinchito injustificado ¿no crees?

—Déjala Alex, bien parece que algunas personas no pueden cerrar su bocota cuando sólo hablan estupideces de cosas que ni saben —la castaña le devolvió la escupida.

—¡¿Saben qué?! ¡Váyanse a la pinche chingada los dos! —y se levantó encaminándose a la puerta.

—¡Hey! ¡Zoe! —Alex le siguió y la detuvo—. ¡Alto! ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Por qué le dices esas cosas?!

—¡Me provocó! ¡¿Qué no estás viendo!?

—Te lo ganaste, y muy limpiamente —el chico detuvo a la rubia cuando trataba de abrir la puerta—. De aquí no te vas hasta que hablemos.

—Olvídalo, me voy a mi casa. Prefiero aguantar a mi mamá emputada diciendo que toda su maravillosa cena se fue a la mierda —la rubia logró quitar a su amigo de la entrada que bloqueaba y salió a la calle. Alex sin embargo no desistió y la siguió.

—¡Espera! ¡Has estado así de irritable desde que te conté lo de Luzmaría...! Primero el berrinche en tu casa, y ahora le dices de cosas a Arisbeth... ¡¿Por qué..?! —Alex se detuvo en seco con la boca abierta, pues de repente, pareció que un "clic" de iluminación sonó en su cabeza—. ¿Dante? ¡¿Es en serio?!

La rubia se detuvo también y se giró para ver a su amigo de frente. La bomba al fin estalló.

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Aris que se había quedado en la sala, observó las cosas que había ahí. De reojo, logró observar el diario de Margarita, el mismo que el rizado había heredado de su abuela. Curiosa de saber qué había escrito la gran bruja, lo tomó. Como no escuchaba a ninguno de los dos chicos, empezó a hojearlo lentamente mientras leía algunos hechizos y pócimas que resaltaban con títulos en letra cursiva, característica de Margarita. Así por varios hasta que topó con uno que captó la atención de la bruja por un momento.

—Hechizo de la verdad... —leyó el título.

La hoja del mismo ya estaba desprendida del resto, y al voltearla, se topó con la poción del mismo conjuro. La chica consideró unos segundos. Si lo usara en aquello que le habían ocultado, podría saberlo todo y sin contratiempos. Tardó un tiempo en decidir si era buena idea, pero su ansía de escuchar la verdad le ganó y tomó la hoja del diario para doblarla y guardarla en su bolsillo. Obviamente le devolvería, pero por ahora la necesitaba más que su amigo...

******

—Yo aún no logro comprender todo esto —expresó Miguel mientras levantaba las bolsas de mandado.

—¿El qué? —preguntó Ali.

—Todo esto... Los chicos, el secreto de las familias y nuestros poderes.

—Ey, baja la voz... Podrían escucharte —susurró el padre de Mike mientras abría la cajuela de su camioneta.

—¿Lo ves? Ahora hemos pasado a tener que hablar por lo bajo estos temas... —Mike acomodó las cosas dentro y su padre cerró la cajuela.

—Sé que es frustante pero has jurado, el no decir nada a nadie, al igual que Andrea. Deben de respetarlo o lo considerarán una traición al aquelarre. Además que el señor Hernández no ha dicho nada sobre el veredicto del Concilio.



Alex Romanni

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En el texto hay: amor juvenil, mexico, magia y amor

Editado: 27.03.2021

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