La Profecía de los Elegidos

34. El Nuevo Alfa de la Luna, parte uno.

  —¿Por qué no me contesta?

 

Alex ya estaba en la mansión. Después de no encontrar a su padre en la comisaría y de hablar con Alí, se marchó con él directamente a la casa de su amiga. Por su parte, Gerardo les contó lo ocurrido con los concejales de las sombras y ahora, parecía que una gran revolución se vivía en la casa Solares.

 

  —¿Has intentado llamar a tu casa? —le cuestionó el abuelo.

 

  —Más de dos horas le estuve marcando a la casa y a su celular y nadie me contesta. Me estoy preocupando —el nerviosismo del rizado era exasperante.

 

  —¿Creen que haya ido ya para allá..? —Rita no terminó de hacer la pregunta.

 

  —No creo a Lucas tan estúpido como para ir él solo —Julia alzó la voz tratando de defender al lobo.

 

  —Tal vez, pero no encuentro motivo para que no nos avisara —el patriarca sonaba molesto.

 

Arisbeth y su madre andaban sentadas, abrazándose. La menor parecía mensajear con alguien y Aimeé lucía más nerviosa que el propio Alex.

 

En un instante, la chica se separó de su mamá y se levantó del sillón, yendo a donde sus amigos.

 

  —¿Te contestaron? —le preguntó a Alex.

 

  —Ninguno. Zoe y Ricardo escogieron el peor momento para apagar sus teléfonos y dejarme en buzón —el rizado no tuvo de otra más que guardar su celular.

 

  —Es verdad, a mí tampoco me respondieron ni los mensajes —reafirmó Andy.

 

  —Pues a mí tampoco me responde Luzma, pero tendremos la ayuda de alguien más, o eso espero... —la puerta principal se abrió y del exterior entró el castaño que tenía de cabeza a sus amigas.

 

Dante no supo cómo reaccionar ante las miradas de los demás, se sintió algo incómodo pero la sonrisa de Arisbeth lo calmó en un instante... No sabía cómo, pero lo hizo.

 

  —¿Le han llamado? —cuestionó Gerardo.

 

  —Sí, yo... Creí que entre más de nosotros podríamos ayudar mejor al papá de Alex —le respondió Aris.

 

Los demás no dijeron nada más, a excepción de Aimeé quien lo recibió con un cariñoso abrazo y lo invitó a pasar. Aún con sus nervios, su lado tierno permanecía intacto. Sin embargo, fueron los chicos quienes pusieron al tanto a Dante.

 

  —¿El alfa? ¿No se supone que ese es como el lider de una manada?

 

  —Exacto, pero no sabemos nada de él y nos preocupa que haya ido sólo a ese lugar —Aris se sentía mal al ver a su amigo tan preocupado. 

 

  —Bueno, si él es el alfa entonces será el más fuerte de todos, no creo que haya problema en eso. Los demás lobos no podrán con Lucas —soltó Michael a manera de reconfortarles. 

 

Aunque al parecer, los adultos tenían otras opiniones diferentes.

 

  —¿Y entonces? ¿Iremos al lugar de las reuniones? —cuestionó Julia.

 

  —No seremos bienvenidos por los lobos. Tengo entendido que la mamada es algo especial y más hoy que es luna llena. Además nos podrán identificar como brujos y empeoraría la situación para Lucas —Gerardo no estaba tan convencido de seguir tras la pista del hombre, pero también temía por él. 

 

  —No tenemos otra opción, si no lo ayudamos ahora es probable que el alfa lo mate, de igual manera él también va a correr peligro estemos ahí o no —la determinación de Aimeé era tan grande como sus sentimientos hacia Lucas.

 

  —Pues mientras son peras o son manzanas, es mejor ir para allá y que en el camino se nos ocurra algo. Espero y Dios que aún lo encontremos bien —la tía Julia logró abrazar de lado a Aimeé para tratar de calmarle.

 

Gerardo accedió finalmente. Llegó el momento de salvar al futuro alfa.

 

******

 

  —Estás loca pero en serio.

 

A las afueras del edificio abandonado donde tuvieron el enfrentamiento con Infannia, los tres brujos observaban el crepúsculo y a su vez la salida de la luna llena. Luzmaría los convenció para que se adentraran en el lugar a recuperar el libro que la bruja le mostró a la morena.

 

  —¿Vamos a arriesgarnos por esa cosa? —la confrontó Zoe. 

 

  —Dudo que haya alguien o algo allá adentro. Sólo lo buscamos y nos salimos, cada quién para su casa y esto nunca pasó ¿bien? —la falsa determinación con la que decía Ricardo terminó por alentar a la rubia.

 

Luzmaría les explicó que Infannia había mencionado algo sobre las antiguas fuerzas y que ella misma era una, les dijo que el libro podría contener información acerca de eso y que tal vez comprenderían mejor toda la situación de lo que son. Aunque Luzmaría también tenía otras intenciones con el libro, pues si había algo en él que pudiera servirle, lo usaría para su propio beneficio.

 

  —Bueno, nos tardaremos años subiendo piso por piso... ¿Alguna idea? —Zoe bufó al pensar en esa situación.

 

  —Sí, una muy buena idea —reafirmó la morena quien miraba a Ricardo quien le regresó una mirada de extrañeza—. Puedes transportarte con magia ¿que no? Anda, hazlo y ahórranos el viaje.

 

  —¿Qué? ¡No, no puedo! ¡No se cómo hacerlo!

 

  —Pudiste aquel día, deja de ser un llorón y hazlo antes de que se haga más tarde.

 

  —Vamos, puedes hacerlo —lo alentó la rubia.

 

Ricardo suspiró largo. Es verdad que no sabía cómo hacerlo, aquella ocasión fue por mero instinto pero ahora debía aprender a controlarlo de manera casi inmediata. Las chicas lo tomaron de la mano y el moreno cerró los ojos, visualizando el lugar. Bastaron unos momentos para desaparecer y reaparecer en el último piso del edificio. Los tres se tambalearon al momento de aterrizar en el suelo.

 

  —Whoa... ¡Eso estuvo poca madre! —soltó Zoe un tanto mareada.

 

  —Creo que voy a vomitar... —el moreno hizo una arcada y se cubrió la boca.



Alex Romanni

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En el texto hay: amor juvenil, mexico, magia y amor

Editado: 27.03.2021

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