La Profecía del Regreso - Libro 2 de la Saga Del CÍrculo

SEGUNDA PARTE: El Doctor - CAPÍTULO 30

Los siguientes cuatro días sin Juliana fueron más que frustrantes. No podía analizar el mapa solo y no sabía usar la computadora. Escribí la frase de Yarcon con los símbolos en un papel e intenté compararla con las leyendas del mapa, pero era inútil. No podía sacar nada en limpio.

La mañana del quinto día, cuando fui al comedor a desayunar, encontré a Nora en la cocina con el rostro serio.

—Lo esperan en la biblioteca— me anunció—. Será mejor que se apure. Le llevaré el desayuno allá. Y más vale que esta vez no lo arruine— me advirtió.

¿Sería posible que Nora...? Salí casi corriendo de la cocina y me dirigí a la biblioteca. Juliana ya estaba trabajando en la computadora. Sonreí aliviado al verla.

Ella se volvió hacia mí al escuchar la puerta.

—Hola— le dije suavemente.

—Tenemos trabajo— me dijo ella, señalando la pantalla con la cabeza.

Fui hasta el escritorio donde estaba la computadora y me senté junto a ella.

—¿Qué te hizo volver?— pregunté, pasando el pulgar por el borde del escritorio.

—Mercuccio y Nora son muy persuasivos— me respondió ella.

—¿Qué te dijeron?

—Cosas que quería saber.

—¿Qué cosas?— pregunté, preocupado.

Ella me miró a los ojos con una sonrisa.

—Hagamos un trato, cuando usted me cuente su historia verdadera, yo le revelaré lo que me dijeron ellos.

—No importa, les preguntaré a ellos— respondí a su propuesta.

—Buena suerte con eso.

—Nora no hablará, pero Mercuccio sí— le dije.

—Nada se pierde con probar— sonrió ella.

Sonreí. Entendí lo que intentaba hacer. Quería que yo sintiera lo que ella sentía al saber de un secreto que no le era revelado. Acepté su trato, era un precio muy pequeño para pagar por tenerla de vuelta.

—¿Has descubierto algo sobre esas cintas con círculos alrededor del mapa?— le pregunté al ver el borde del mapa agrandado en la pantalla.

—No, pero conseguí ayuda para estudiar eso— dijo ella. Tecleó algo en la computadora, y la pantalla mostró una carta escrita en inglés.

—¿Qué dice?— pregunté.

—Contacté al encargado de relaciones públicas de la catedral de Hereford. Conseguí una visita privada para ver el mapa mundi, el original, y hablar con él.

—¿Hereford, Inglaterra?

—Sí, también conseguí una entrevista con el encargado de los mapas de la Biblioteca Británica en Londres, es un especialista en el mapa de Hereford. Si alguien puede explicarnos por dónde salió el jinete del mundo, es uno de ellos.

La miré sin palabras.

—Si no quiere viajar, yo puedo...

—No. No. No— reaccioné al fin—. Iremos allá. Le diré a Mercuccio que haga los arreglos para el viaje.

—No sabía si la idea de salir de aquí le atraería— me comentó ella.

—Me agrada la idea de viajar— le respondí—. No he visitado lugares nuevos en mucho tiempo. Creo que además de ayudar con la investigación, me hará bien.

—Excelente.

—Pero Juliana... no podemos mencionar la existencia del otro mapa. No quiero expertos pululando alrededor de la copia. Espero que lo entiendas, es importante.

Esperaba que se pusiera a protestar allí mismo, y me advirtiera que no iban a poder ayudarme si no revelaba la existencia del otro mapa y sus diferencias. Esperaba que se enojara, hiciera un berrinche y amenazara con abandonarme a mi suerte otra vez... En cambio, solo me miró con una sonrisa comprensiva y me dijo:

—Lo entiendo, no se preocupe, no revelaremos nada del otro mapa.

Aquella reacción me dejó extrañamente intranquilo. ¿Qué le habrían dicho Mercuccio y Nora sobre mí que cambiara tanto su actitud?

Nora entró con mi desayuno y ofreció algo de comer a Juliana, pero ella declinó el ofrecimiento. Mientras tomaba mi té, saqué un papel de mi bolsillo y se lo extendí.

—Esta es la única frase que conozco en el idioma del mapa— le dije—. Tal vez pueda ayudar en algo.

Ella observó atentamente los símbolos y leyó la traducción al pie en voz alta:

El amor por la Mensajera arrojará al Elegido al abismo. Supongo que no puedo preguntar quién es la Mensajera, quién es el Elegido o qué es el abismo.

—No, lo siento.

Ella suspiró y metió el papel adentro de su cuaderno de notas.

—Juliana, hay algo más con lo que necesito que me ayudes, algo que no está exactamente relacionado con el mapa. O al menos creo que no está relacionado.

—¿De qué se trata?

—Estoy buscando una cúpula, una cúpula de vitrales.

Me puse de pie y busqué una carpeta en un estante, abriéndola ante ella. La carpeta contenía dibujos que había rehecho según lo que recordaba de la cúpula de Strabons durante los días que Juliana había estado ausente.



Adriana Wiegand

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En el texto hay: mundos paralelos, portales

Editado: 12.10.2019

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