La prometida

Capítulo 1

Muchas veces antes lo había hecho, pero esta despedida en particular era muy diferente. Siempre había sabido que tenía un hogar al que regresar, pero en esta ocasión era un viaje sin retorno o así parecía.

¿Extrañaría mi casa o Frionia? Me lo había preguntado decenas de veces, tal vez cientos. Había perdido la cuenta. Pero aquella pregunta se disipó cuando mi padre me abrazó frente a la mansión que había sido mi hogar.

—Que nada te detenga, hija mía —susurró en mi oído mientras me abrazaba—. Haznos sentir orgulloso.

El peso inundó mi pecho mientras parecía cargar con todo el mundo. Papá había puesto en mis hombros la carga de la Mansión Conderwold junto con todos sus integrantes. Me separé de él, quien me miraba con orgullo, pero en sus ojos no solo estaba ese sentimiento, sino uno más fuerte que me pedía a gritos que cumpliera con mi papel.

Cuando quería olvidar todo, alimentaba mi dolor con las imágenes y titulares de la prensa. Estaba harta de ser pisoteada por todo el mundo y que mi familia me miraba con decepción. Me había prometido enterrar a la Susan antigua en una fosa común, el dolor sería mi mayor aliado cuando mi antigua yo quisiera salir a flote.

Después que mi padre me soltó me dirigí hacia mi mamá, quien también me abrazó mientras me recordaba que debía ser más poderosa. Yo simplemente asentí mientras intentaba aferrarme a mi madre y no a la Duquesa de Conderwold.

Finalmente me alejé de ella para acercarme a mi hermana, que parecía divertida.

—Hermanita, espero que todo esta vez vaya bien —dijo dándome un efusivo abrazo, como si fuera la hermana más cariñosa del mundo. Me quedé quieta sin entender de dónde provenía tanto cariño—. Por tu propio bien, espero que el príncipe no te cambie esta vez por una criada, sería demasiado humillante —añadió en un susurro.

Debía haber estado preparada para aquella puñalada, pero no, no lo había estado y dolió, mucho.

Me separé de ella con el rostro serio y finalmente me dirigí hacia mi auto. Gerald abrió la parte trasera del auto. Le dediqué una última mirada a mi hogar antes de subir al auto con ayuda de mi guardaespaldas, ya que el vestido que había escogido mi madre era sumamente pesado e incómodo, pero ella se había negado a cambiarlo por otro.

«Todos deben saber que eres la futura princesa», había dicho ella cuando había intentado cambiarlo por algo más cómodo.

Finalmente Gerald subió a la parte delantera del auto y emprendimos la marcha.

Al llegar al aeropuerto Derek me esperaba en la entrada, para despedirme. Sonreí al verlo allí, al menos él no me había dejado, tal vez no del todo.

—Susan —dijo mientras me daba un fuerte abrazo— ¿Estás segura de esto? —agregó sin soltarme.

—Sí, estoy más que segura —respondí con un asentimiento de la cabeza mientras me separaba de él.

Si mi familia quería que me marchara, ya no quedaba nada más a lo que atarse a Frionia.

—William quería venir, pero...

Levanté mi mano para que Derek callara. Era mejor de esa forma.

—Te agradezco por haber venido, Derek. Espero que puedas ir a visitarme a Jazrera —dije mientras me obligaba a sonreír.

Derek se quedó un momento en silencio antes de responder:

—Lo haré, Susan, cuídate.

Yo asentí y me di la vuelta para entrar en el aeropuerto. Los trámites fueron menos tediosos que en otras ocasiones, ya que una delegación de Jazrera había venido a buscarme para llevarme a mi nuevo hogar.

—Lady Calet —saludó una mujer haciendo una reverencia. Tenía unos cuarenta o cincuenta años, con cabellos rizados y una tez oscura—. Soy la señora Smith y la acompañaré en su viaje —añadió mientras nos dirigía hacia una salida de abordaje, dónde me esperaba un jet y fuera de él había varias personas con uniformes verdes.

Supe enseguida que no pertenecían a Frionia, ya que los colores oficiales del país eran rojo y azul.

Todos hicieron una reverencia a mi llegada. Era un equipo de aproximadamente seis personas. La señorita Smith me hizo una señal para que subiera al avión.

Tendí mi mano hacia Gerald, quien, enseguida, tendió su mano hacia mí para ayudarme a subir cada escalón. Con la mano que aún tenía libre sujeté mi vestido y comencé a subir.

—Ya puede retirarse. Nosotros nos encargamos —escuché que decía la señora Smith a mi espalda cuando llegué al último peldaño.

Me di la vuelta como pude y vi que se lo decía a Gerald.

—¡No! —exclamé haciendo que todos me miraran extrañados. Me di cuenta que mi grito había sido casi de desesperación, así que, respiré y recuperé la compostura—. Señora Smith, él viene conmigo —expliqué con más tranquilidad.

—Pero...

La señora Smith intentó protestar, pero le dirigí una mirada para hacerla callar y seguidamente fijé mi atención en Gerald a quien hice un gesto para que subiera y él no dudó un segundo en acompañarme.

Había hecho un trato con mi padre: Gerald se quedaría a mi lado hasta que estuviera casado con el príncipe Kerrim y eso solo sería en cinco meses. Mientras, necesitaba a alguien de mi confianza a mi lado, no me creía capaz de afrontar Jazrera yo sola.

Finalmente subieron todos los miembros de la tripulación y el capitán anunció que nos pusiéramos los cinturones, listos para el despegue.

En poco tiempo estuvimos sobrevolando Frionia. Mi amado país. Al ver el castillo y Kesington Hall, viejos recuerdos resurgieron, uno de cuando aún era demasiado pequeña.

******
Estaba sentada mientras hacía un dibujo del palacio. Mi madre me había dicho que algún día ese sería mi hogar. Con mis crayolas iba dandole color para que se viera cada vez más bonito e incluso añadí colores nuevos para que fuera más brillante y llamativo.

—Qué cosa tan fea —dijo un niño a mi lado con tono despectivo. Levanté mi mirada hacia él para encontrarme con una sonrisa, pero no parecía para nada amable.

De repente el niño arrancó el dibujo de mis manos y lo puso por encima de su cabeza. Era demasiado grande para alcanzarlo.




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