La redención de Liam [serie Ice Daggers 5]

Capítulo 3

 

 

 

Genial, más problemas

 

Como si ya no estuviera de por si irritado, el curioso destino volvía para darle una patada a su cerebro.

Simplemente era perfecta la casualidad.

Ni bien acababa de pelear con uno, debía enfrentar al otro. Por esa razón no iba a tener hijos, nunca en su vida.

Jake lo esperaba sentado en la tierra al lado de la puerta de su cabaña. Liam no estaba de humor para hablar con nadie, mucho menos para hacerlo justo con el hermano de la causa de su mal humor.

Pero apenas lo vio, el joven palideció y como si hubiese hecho algo malo se levantó de su lugar, hasta pareció que le pincharon el trasero con un clavo.

Se reservó las ganas de rugir para espantarlo.

—¿Qué quieres?

—Em... Nada... Vendré en otro momento.

Prudente, el muchacho era prudente. Todo lo contrario a su hermana.

—Ya estás aquí ¿No? Dime.

—Bueno... Yo, hablé con Aria esta mañana para agradecerle lo que hicieron por nosotros, y para decirle que mi hermana y yo hemos decidido mudarnos a Lake Saint Jerome.

Jamás podría haberlo adivinado, su mente era un lío, no sabía si debía sentirse aliviado o desesperado.

—¿Qué dijo Aria?

Jack se rascó la cabeza por un momento antes de responder:

—Me dijo que pensara las cosas— tronó sus dedos, claramente estaba nervioso— ella quería hacernos parte de su clan, lo que sea que eso signifique.

Liam quedó en silencio, observando al humano, el chico se parecía a su hermana pero era más alto y su cabello era marrón oscuro en vez de negro. Sus facciones eran casi idénticas, ojos levemente rasgados, de un intenso color café, el color de su piel era clara, con algunas irregularidades, ambos tenían un lunar debajo del párpado inferior izquierdo.

Cualquiera diría que los hermanos podían ser gemelos. Liam agradecía que eso no fuese real, pues no soportaría tener a otro con la personalidad de Shelly.

Arrogante, vivaz y parlanchina.

—¿Qué harás?— le preguntó con tranquilidad, como si mágicamente la tensión en su cuerpo hubiese desaparecido— ¿Se irán?

—No lo sé, por eso estoy aquí, tú debes saber qué es lo que Aria quiere hacer con nosotros.

Elevó una ceja, incapaz de creer la osadía del muchacho ¿Cómo podía pedir algo así? Los asuntos y decisiones de Aria no eran de su incumbencia.

—Lo sé— Jake bajó la mirada— no debí pedirte eso, pero de verdad quiero saber cuál es el lugar más seguro para mi hermana.

Sonó en verdad dolido, y resignado.

Pero no debía sentir pena por él. 


—Disculpa la molestia Liam— el joven pasó a su lado sin mirarlo— iré a buscar a Shelly.

Otra vez esa punzada de culpa, no era justo él solo estaba siguiendo las reglas ¿Por qué debía sentirse culpable por no ayudar a un humano? Ellos podían cuidarse por su propia cuenta, después de todo eran adultos, era lógico que quisieran un buen lugar donde vivir.

—No puedo hablar sobre las decisiones de mi Alfa— lo detuvo antes de internarse en el bosque— pero si puedo darte un consejo.

Jake volteó, sin aparentar esperanza ni molestia, con una expresión serena.

—Piensa muy bien tus opciones, pues una vez que elijas no podrás retractarte, quedate donde te sientas más seguro.

El joven esbozó una leve sonrisa e inclinó su cabeza en un gesto de respeto antes de irse y dejarlo solo.

Al fin.

Liam entró en su cabaña, arrojó su chaqueta de cuero en el sillón gris y se quitó sus botas. El frío del invierno no era ningún problema, pues al ser un cambiante adaptado a las temperaturas bajo cero podía estar afuera sin necesitar mucho abrigo. Su metabolismo se encargaba de mantenerlo estable.

Pero demandaba una mayor cantidad de alimento.

Se preparó un sándwich de pollo frío y un vaso de refresco pero cuando dejó su bandeja en el sillón, un golpe en la puerta lo distrajo de su apetitosa cena, llevando su frustración al límite.

—¿Qué demonios quieren ahora?— exclamó al abrir la puerta.

—¿Tienes problemas?

—Aria... Yo... Eso... No era para tí.

Liam sintió cómo el calor se instalaba en sus mejillas, podía mantenerse frío y distante con los demás pero con Aria era imposible. Su dominio podía hacerle tragar su propio orgullo.

—¿Interrumpo algo importante?— preguntó sin quitarle los ojos de encima.

Hielo, sus ojos eran de hielo.

—No, no, adelante ¿Qué necesitas?

Su alfa avanzó al interior, haciendo propio el espacio que antes era suyo. Así era ella, su presencia se adueñaba de todo sin que se diera cuenta.

—Interrumpí tu cena— dijo mirando la bandeja— quizás debería venir en otro momento.




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