La redención de Liam [serie Ice Daggers 5]

Capítulo 12

 

 

 

Un Ice Dagger

 

Shelly y Jake se miraron el uno al otro, con nerviosismo, curiosidad y ansiedad mezclada en sus ojos.

Era el día.

Sus vidas cambiarían, para mejor.

Hacía un par de horas que el sol se había puesto, ya no volvieron a ver ni a Connor ni a Liam. Shelly solo tuvo la oportunidad de ir al gimnasio de Aiden antes de que llegara el atardecer.

Jake permaneció todo el día en la cabaña.

—¿Estás lista?— le preguntó.

—Sí ¿Y tú?

—Sí.

En eso se escucharon golpes en la puerta, Jake de inmediato se levantó del sillón y fue a atender. Shelly se puso de pie con el corazón a punto de salirse de su lugar.

—Hola Jake— escuchó a Riley decir— ¿Están listos los dos?

—Sí— dijo él.

—Bien, ya es hora— le sonrió— debemos ir al lago.

La siguieron casi en penumbras, la joven caminó de forma lenta y cautelosa para que ambos pudiesen seguirle el ritmo.

—¿Qué sucederá?— le preguntó Jake, nervioso.

Riley se detuvo por un momento, pero volvió a avanzar.

—No me esta permitido hablar de eso.

Jake no insistió en el tema.

Conforme se acercaban al lago, ella podía oír suaves murmullos, algunas risas y voces conocidas. Pudo ver un tenue resplandor a medida que avanzaban. Al salir de la cubierta forestal, vio una gran fogata ardiendo, a su alrededor varios de los miembros del clan estaban sentados, conversando animadamente sin notar siquiera su presencia.

Connor fue el primero en acercarse a saludarlos.

—¡Bienvenidos!— les dijo— Aria está por llegar, tomen asiento.

Con su hermano cruzaron un par de miradas antes de seguirlo a uno de los troncos que hacían de asiento. El calor del fuego era reconfortante, pero no fue suficiente para detener el ligero temblor de su cuerpo, ambos dieron un saludo general y se sentaron.

—¿Donde está Liam?— le preguntó a Riley.

—No lo sé— contestó— debe de estar con Aria.

Shelly permaneció en absoluto silencio mientras miraba a uno y a otro, poco a poco, comenzaba a familiarizarse con las veinte personas a su alrededor.

Ashley estaba con Kaylee y Riley sosteniendo a Lauren en sus brazos, Alexei, Tarah y Hunter hablaban de una construcción en Lake Saint Jerome, mientras que Aiden sostenía al bebé Jasper a la vez que hablaba con Emma y Jane.

Por primera vez en un largo tiempo se sintió en su hogar, en familia.

Ese cálido sentimiento no duró mucho, pues Mila tenía su dura mirada en ella desde el momento en que llegó. Sabía que no le agradaba a la rubia, pero no pretendía irse, ella y Jake serían sus compañeros de clan y le gustase o no, Mila tenía que aceptarlo.

—¿Estas bien?— le preguntó Connor sentándose a su lado.

—Sí, algo nerviosa, pero estoy bien— respondió, evitando verlo a los ojos.

—Me alegro, estoy encantado de que se unan al clan.

—¿En serio?

—Sí, espero que en unos días podamos salir por el territorio.

Ante esa inesperada oferta, Shelly se encontró con esos expresivos ojos azules, que brillaban a la luz del fuego, no pudo responder.

Aria, Liam e Isabelle interrumpieron su oportunidad de hablar.

—Hola a todos— saludo el alfa.

—Hola Aria— saludaron todos.

La mujer, que era casi de su estatura, se colocó del otro lado de la fogata, Kaylee se acercó con Lauren, Aria sostuvo a la niña por un breve momento antes de devolverla a su madre no sin antes besarla en su frente, luego, Jane se acercó con Jasper y repitió su acción.

—Es el reconocimiento— le dijo Connor en voz baja— los bebés cambiantes son indefensos, vulnerables, viven en constante miedo si no tienen a un adulto cerca— se detuvo al ver como su alfa le entregaba al bebé a Jane— al ser alfa Aria les da la seguridad que necesitan— continuó— ella, junto con sus padres, los mantienen estables, y lo harán hasta que cumplan el año y hagan su primer cambio.

Al oír eso, Shelly sintió una profunda admiración y ternura por la mujer de cabello negro y ojos azules como el hielo, que siempre se mostraba seria y dura, pero con esos niños era diferente.

Vio a Jane volver con su preciada carga a su asiento, también notó que Jake le sonrió al pasar.

—Jake, Shelly— los llamó Aria en voz alta— ya es hora.

Sin saber qué hacer, ambos se pusieron de pie ante la atenta mirada de los demás.

—Acerquense a mi— les ordenó la mujer.

Obedecieron y se colocaron en frente.

El alfa los rodeó, analizando cada parte de ellos con su mirada, estudiando, como el depredador estudia la presa antes de decidir si vale la pena el esfuerzo por ella. Shelly empezó a dudar en su decisión, tal vez Aria se arrepentiría, tal vez vería en ellos la debilidad de su condición humana, si eso sucedía ella quedaría devastada.




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