La Reina: El inicio de la leyenda

Capítulo 10

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Las cenas en los palacios Kindstone son una cuestión un tanto personal, muy diferente a los bailes que se realizan, se trata del único momento del día que compartes con tu familia, que tienes el privilegio de sumirte en ese mundo propio, sin interrupciones de nadie, en donde tu trabajo deja de existir y te olvidas del título que cargas.

Me sorprende que Milickan se haya tomado la molestia de tanto. Hubiese sido más crédulo ser parte de un almuerzo o merienda, mas no una cena.

Quizá si no hubiese estado tan nerviosa, tan inquieta y molesta, me hubiese reído por la palabrería que Grecia y su hermana Amelia despotricaron en la mañana en el recinto del té. Pero me siento demasiado agotada, la cabeza me duele por la fijeza del peinado, el estómago revuelto desde la mañana, aunado a los nervios y el movimiento de las piedras bajo las ruedas del carruaje tampoco ayudan. No me siento en condiciones para hacerlo.

El vestido celeste que Elodi escogió, pesa en sobremanera, tanto que tengo que hacer un esfuerzo para no tropezarme con las telas mientras nos adentrábamos a las puertas del palacio escoltados por la guardia de mi padre y los guardias del palacio Real, el corsé no esta tan apretado, pero siento que me falta el aire y los pies enfundados en zapatillas de tacón me arden con cada paso. Presiento que en cualquier momento no podre ni con mi propio peso y voy a caer debido a la tembladera en mis rodillas.

Me siento desairada, vacía, nerviosa, molesta por los acontecimientos con las Ilustrísimas, sumados a los recuerdos de lo sucedido en estas mismas paredes no me hace tan fácil permanecer quieta. Por un doloroso momento pensé que no llegaría a reunir el valor de bajarme del carruaje y caminar por ese piso alfombrado del palacio. Pero de alguna forma, logré hacerlo.

—Excelentísimos Fliescher, buenas noches —La voz gruesa, grave de Milickan Macall en las puertas de su morada, nos recibe alegre y como siempre, su mirada fija en mí, en mi atuendo, en mi físico.

El hombre va perfectamente vestido, las telas finas de su túnica; azul y dorado haciéndole juego a su título. No lleva corona y no lleva el cabello tan estilizado como de costumbre. Su madre, aferrada a su brazo, con su perfecto vestido color marfil, las delicadas facciones de su rostro con leves toques de color, también digno de su título.

—Bienvenidos, Excelentísimos, nuestro palacio los recibe, siéntanse en casa —Melissa nos da la bienvenida con una amable sonrisa tan calmada, tan pacifica, tan callada. Esa mujer es descanso puro.

Los soberanos de Kindstone nos señalan la enorme estancia detrás de ellos; brillante, espaciosa, llena de vida. Se hacen a un lado dejándonos entrar. Mis padres entran primero con sus brazos entrelazados junto a Melissa. Lo pienso unos segundos mas antes de tomar una inspiración y seguir sus pasos. Escucho la marcha de los caballeros que nos siguen.

—Jhuriel, bienvenido de nuevo. Tenemos mucho que hablar y ponernos al día —escucho que Milickan habla al joven caballero en un susurro verdaderamente bajo cuando pasa a su lado que solo yo alcanzo a escuchar debido a mi pequeño retraso.

«Es un vigía para informarle a su Majestad lo que acaba de ver»

Aparto el susurro de la voz venenosa de Grecia. No es momento para pensar en ello y me niego a aceptarlo.

Somos guiados por escoltas a través de los pasillos antes de llegar al enorme comedor. Por fortuna, Milickan no me ha ofrecido su brazo para caminar junto a él. No lo soportaría. En la mesa perfectamente decorada bien podrían comer dos familias de seis integrantes. La diferencia clara de las clases sociales dibujada frente a mí, el hambre que aún existe fuera de Kindstone.

Los sirvientes de Milickan nos ubican en la mesa, con Milickan a la cabeza y mi padre a su lado que parecen de lo más cómodos, sin notar mi ansiedad y el poco sudor que empieza a perlar mi piel. Entre charla y charla que se basa más en Milickan y mi padre sobre negocios y exportaciones, nos sirven la cena entre medio de reverencias y amabilidad. Hacemos la plegaria de agradecimiento a nuestros dioses antes de tomar el primer cubierto y empezar a degustar.

Observo el plato; un jugoso filete de alguna carne fina perfectamente cocido en su punto exacto, bañado con alguna exquisita salsa negra, los complementos y ensaladas para que sea toda una exquisita explosión de sabor en el paladar. Como mi primer bocado.

—Lady Sharon —la voz de Milickan irrumpe mis pensamientos de distracción. Trago la comida antes de que ocurra un accidente y pueda ahogarme. Levanto la mirada a sus ojos claros—. Tuve la oportunidad de ver la calidad de su arte, sus trazos y la recreación de paisajes. Magníficos. No sabía que pintaba.

Por supuesto que él no sabe nada de mi o eso sigo creyendo yo.

Cruza sus dedos por la mesa sin dejar de observarme y su mirada me pone nerviosa y no de una buena manera. Me siento acorralada y demasiado expuesta cuando hace eso.

—Nada profesional, Alteza, un gusto simple por los colores —respondo casi encogiéndome de hombros, pero reprimo el gesto. Limpio la comisura de los labios con la servilleta estilizada y dejo el cubierto a un lado para poder mirarle y obligarme a sonreírle. Seria de tan mala educación que dejara el cubierto sobre el plato o jugueteara con la comida.

—Cualquier hombre quedaría embelesado por el trabajo de su mano, no se desmerite por tan perfecto trabajo. ¿Habrá algún joven interesado cautivado por sus excelentes y dignos talentos? Sería un desperdicio que no.

Casi me atraganto con mi propia saliva por el atrevimiento en sus palabras. Parece ser que ha olvidado que no estamos solos o simplemente no le importa quienes estén en la misma mesa. Elodi y Leonardo, sentados frente a mí, me dan una mirada con la advertencia clara: «contéstale»

—Ninguno que sea de mi interés, Alteza. Tengo solo dieciocho años —por alguna razón, tuve la necesidad de aclarar mi edad. Quizá así pueda comprender que no me interesa nadie de mi edad y mucho menos alguien que me lleve doce años. La diferencia es tan evidente entre nosotros. Mi cuerpo se estremece solo de pensarlo.



Jenniffer Abigail

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En el texto hay: reinos, romance prohibido, aventura

Editado: 21.01.2021

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