La Secretaria Muda Del Ceo

Capítulo 19: La verdadera dueña del territorio

Un mes había pasado desde aquel intenso beso en la oficina presidencial, un hito que había cambiado para siempre la relación entre Marcos y Mariangel. Ahora, la complicidad, el afecto y una pasión incipiente marcaban cada uno de sus días.

Tal como lo habían planeado, la pareja se trasladó a vivir a la Mansión Valverde.

Sin embargo, los días previos a la mudanza estuvieron marcados por la desesperación de Eugenia. Viéndose acorralada ante la inminente expulsión, la mujer recurrió a la única carta que le quedaba: el chantaje emocional. Se arrojó prácticamente a los pies de Mariangel entre lágrimas de cocodrilo, suplicándole que no la echara a la calle, alegando que había pasado más de quince años de su vida entre esas paredes y que la mansión era el único hogar que conocía.

Marcos, presente en todo momento, contemplaba la escena con profundo asco y la mandíbula apretada. Sabía perfectamente que Eugenia solo fingía un arrepentimiento falso para conservar sus lujos y privilegios. Quería intervenir y expulsar a toda la familia de inmediato, pero el corazón noble y compasivo de Mariangel terminó cediendo.

A pesar de las torturas del pasado, Mariangel no quiso ver a su madrastra y a sus hermanastros en la calle. Accedió a que permanecieran en la propiedad, pero bajo condiciones muy distintas.

Si no hubiera sido por la firmeza implacable de Marcos, Eugenia y Raúl habrían pretendido continuar ocupando la suite principal como si nada hubiera cambiado.

—De ninguna manera —había sentenciado Marcos la misma tarde en que llegaron con el equipo de mudanza, interponiéndose en el pasillo del segundo piso con una mirada helada—. Es un descaro que piensen que van a conservar el dormitorio principal. A partir de hoy, ustedes dos ocuparán una habitación común en el ala secundaria.

—¡Pero Marcos, esa ha sido nuestra habitación durante quince años! —había protestado Eugenia con indignación.

—Esta casa es de mi esposa —interrumpió Marcos con voz de trueno—. Si quieren quedarse bajo este techo por la pura generosidad de Mariangel, aceptarán las habitaciones que se les asignen. Si no les gusta, las puertas están abiertas para que se vayan ahora mismo.

Sin más remedio que tragar su orgullo, Raúl, Eugenia, Lorenzo e Isabella tuvieron que trasladar sus cosas a los cuartos más sencillos y modestos del fondo.

La suite principal fue completamente remodelada por orden de Mariangel. Los viejos muebles oscuros y las decoraciones recargadas que Eugenia había puesto fueron sustituidos por un diseño moderno, luminoso y acogedor. Grandes ventanales permitían la entrada de luz natural, las paredes se pintaron en tonos crema y madera clara, y se instaló una imponente cama King size rodeada de detalles elegantes que reflejaban el exquisito gusto de la nueva dueña.

Una noche, tras terminar una larga jornada de trabajo, Marcos y Mariangel se encontraban en su recién remodelada suite.

Marcos estaba sentado en el borde de la gran cama, observando a Mariangel mientras ella acomodaba unos retratos de sus padres en la repisa. Llevaba puesto un conjunto de seda blanco que resaltaba su belleza natural.

Marcos se levantó, caminó en silencio hasta ella y la rodeó suavemente por la cintura desde atrás, apoyando la barbilla en su hombro.

—Aún me cuesta creer lo buena que eres con ellos después de todo lo que te hicieron —murmuró Marcos cerca de su oído, aspirando el dulce aroma a jazmín de su cabello.

Mariangel se relajó contra su pecho, sonriendo con serenidad. Se giró entre sus brazos y levantó las manos para firmarle con dulzura: "No lo hago por ellos, Marcos. Lo hago por mí. No quiero guardar rencor en mi corazón. Esta es la casa que mi padre construyó, y ahora que estás aquí conmigo, finalmente se siente como un verdadero hogar".

Marcos la miró con una devoción infinita. Le acarició el rostro con la yema de los dedos y se inclinó para darle un beso tierno en los labios, sintiendo que cada día a su lado lo enamoraba más.

—Tienes un corazón demasiado grande, Sra. Vane —susurró Marcos antes de volver a besarla con más intensidad—. Pero recuerda que si se atreven a faltarte al respeto una sola vez, no habrá compasión que los salve.

Mariangel asintió con una leve risa en la mirada, abrazándose al cuello de su esposo. Por primera vez en su vida, la suite principal de la mansión Valverde no guardaba sombras de tristeza, sino el calor de un amor real y protector.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.