La Secretaria Muda Del Ceo

Capítulo 20: Rumbo a Brasil y miradas indeseadas

El viaje a Brasil estaba pactado. Tras dejar la reestructuración de la planta local en manos de los ejecutivos de máxima confianza del Grupo Vane y establecer un sistema de vigilancia estricto en la mansión, Marcos y Mariangel se prepararon para despegar hacia Río de Janeiro.

Antes de salir hacia el aeropuerto, Marcos reunió a Raúl, Eugenia, Lorenzo e Isabella en el vestíbulo principal. Su presencia imponía una sombra helada sobre la familia.

—Estaré fuera del país con mi esposa durante una semana —sentenció Marcos, abrochándose el saco del traje—. Héctor y cuatro agentes de seguridad permanecerán en la propiedad las veinticuatro horas. Si alguno de ustedes intenta pasarse de listo, revisar documentos privados o faltarle al respeto al personal de servicio, no esperaré a regresar para echarlos a la calle. Quedan advertidos.

Eugenia tragó saliva y asintió a toda prisa con una sonrisa falsa, mientras Isabella miraba al suelo mordiéndose los labios por la rabia.

El jet privado del Grupo Vane aterrizó en el aeropuerto internacional de Río de Janeiro bajo un cielo azul despejado y un clima cálido tropical.

Al descender por la escalinada, los esperaba una comitiva de lujo encabezada por Thiago Moretti, el presidente ejecutivo y accionista mayoritario de la siderúrgica brasileña. Thiago, de treinta y dos años, era un hombre sumamente atractivo, alto, de piel bronceada, sonrisa carismática y la elegancia desenfadada típica de la élite carioca.

—¡Marcos! Qué gran placer tenerte en mi país —saludó Thiago en un español fluido, dándole un apretón de manos a Marcos.

—El placer es nuestro, Thiago —respondió Marcos con tono educado pero distante.

Fue en ese momento cuando la mirada de Thiago se posó en Mariangel, quien vestía un elegante conjunto blanco de lino y gafas de sol que realzaban su distinción. Thiago pareció quedar instantáneamente deslumbrado. Dio un paso hacia ella, se quitó el saco con caballerosidad y le dedicó una sonrisa llena de encanto.

—Así que tú eres la famosa Mariangel Valverde... la hija del gran Mario —dijo Thiago con voz cálida y suave. Se inclinó, tomó delicadamente la mano de Mariangel y depositó un beso prolongado sobre el dorso de sus nudillos, manteniendo la mirada fija en los ojos avellana de la joven—. Es un verdadero honor conocerte. Tu belleza supera con creces lo que contaban los informes de tu padre.

Mariangel se sonrojó levemente por la cortesía, retirando suavemente su mano con una sonrisa educada.

Sin embargo, a su lado, la temperatura pareció descender de golpe.

Los ojos azules de Marcos se estrecharon, convirtiéndose en dos cuchillas de hielo. De forma instintiva y posesiva, Marcos dio un paso al frente, rodeó la cintura de Mariangel con su brazo izquierdo y la pegó con firmeza a su costado, marcando territorio de manera inequívoca.

—Ella es la Sra. Vane, mi esposa —remarcó Marcos con una voz tan grave y cortante que hasta el propio Thiago sintió el peso de la amenaza.

Thiago parpadeó, perdiendo por un segundo su sonrisa confiada al notar el agarre de Marcos y el aura dominante que emanaba del magnate.

—Por supuesto... disculpa, Marcos. Felicidades por el matrimonio —se apresuró a corregir Thiago, levantando las manos en un gesto amistoso—. Les preparé la mejor suite del Copacabana Palace. Descansen hoy, y mañana por la mañana nos reuniremos en la oficina central para discutir el destino del treinta por ciento de las acciones y los fondos acumulados.

Una hora más tarde, la pareja ingresó a la impresionante suite presidencial del hotel, con balcones privados que ofrecían una vista panorámica espectacular de la famosa playa de Copacabana.

Mientras los botones dejaban el equipaje, Mariangel caminó hacia el balcón para disfrutar de la brisa marina. De pronto, sintió una presencia imponente a sus espaldas. Marcos se acercó, pero a diferencia de la tranquilidad de los últimos días, su respiración era tensa y sus hombros estaban rígidos.

Mariangel se giró hacia él, notando el ceño ligeramente fruncido de su esposo. Le hizo una seña suave con las manos: "¿Marcos? ¿Estás bien? Te ves molesto".

Marcos cortó la distancia que los separaba, acorralándola suavemente contra el barandal del balcón, rodeando su cintura con ambos brazos. Su mirada azul ardía con un fuego oscuro que Mariangel jamás le había visto.

—Ese imbécil de Thiago te miró demasiado —susurró Marcos cerca de sus labios, con la voz ronca por un celo incontrolable—. No me gustó cómo te tomó la mano. No me gustó cómo te sonrió.

Mariangel se quedó sin aliento por un segundo. Al comprender que el frío e imperturbable Marcos Vane estaba genuinamente celoso por ella, un estremecimiento de calidez y dulzura recorrió todo su cuerpo.

Sonrió con timidez, llevó sus manos al pecho de Marcos y sintió los latidos acelerados de su corazón. Mirándolo directamente a los ojos, firmó despacio sobre su torso: "No tienes de qué preocuparte... Mis ojos y mi corazón solo te ven a ti".

Las palabras de Mariangel disiparon la ira de Marcos en un segundo, sustituyéndola por una pasión incontenible.

—Asegurémonos de que a él y a cualquiera en este país les quede bien claro a quién perteneces —murmuró Marcos antes de apoderarse de sus labios en un beso ardiente, apasionado y profundo, mientras las cortinas del balcón se mecían con la brisa de Río de Janeiro.




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