La Secretaria Muda Del Ceo

Capítulo 22: Negociaciones y una alianza millonaria

El silencio en la sala de juntas era absoluto mientras los gráficos interactivos se desplegaban en la pantalla gigante.

Thiago presionó el control remoto y proyectó el balance consolidado del fideicomiso que Don Mario Valverde había dejado congelado quince años atrás.

—El 30% de las acciones originales de la siderúrgica —explicó Thiago mientras Renata traducía cada detalle— no solo se mantuvo intacto, sino que se benefició del enorme crecimiento del sector industrial en Sudamérica. Durante este tiempo, los dividendos no cobrados y los rendimientos por patentes tecnológicas acumularon un fondo líquido de 140 millones de dólares.

Mariangel contuvo el aliento por un segundo. Aunque sabía que las cifras eran grandes, ver el número real en la pantalla era impactante. A su lado, Marcos permanecía sereno, calculando de inmediato el alcance financiero de esa cifra.

—Además —añadió el Sr. Rodrigo Da Silva, realizando señas fluidas que Renata interpretó al instante—, la junta directiva en Brasil desea hacerte una propuesta formal, Mariangel. Nos gustaría comprarte un 10% de tu paquete accionario por una suma de 80 millones de dólares, lo que te dejaría a ti con un 20% permanente en nuestra empresa, recibiendo dividendos anuales de por vida.

La propuesta era tentadora. Raúl y Eugenia habrían aceptado el dinero al instante para gastárselo sin pensar. Sin embargo, Mariangel ya no era la joven inexperta del pasado; bajo la tutoría de Marcos, había aprendido a pensar como una verdadera líder estratégica.

Mariangel miró a Marcos por un breve instante. Él le dedicó un leve asentimiento de cabeza, transmitiéndole la total libertad para tomar la decisión.

Mariangel colocó las manos sobre la mesa, miró a Thiago y luego a Rodrigo, y comenzó a firmar con una precisión e inteligibilidad pasmosas:

"Agradezco profundamente la propuesta y la confianza que siempre tuvieron en mi padre. Sin embargo, no tengo intención de vender ni una sola de mis acciones".

Thiago arqueó las cejas con sorpresa, mientras Rodrigo sonreía con verdadero interés.

"Propongo algo mucho mejor" —continuó Mariangel con una chispa de brillantez ejecutiva en sus ojos avellana—. "Transferiremos los 140 millones de dólares del fondo retenido para inyectar capital directo a las Empresas Valverde en nuestro país y acelerar su modernización. Pero, al mismo tiempo, propongo una alianza bilateral exclusiva entre la siderúrgica de Brasil y el Grupo Valverde".

Renata traducía cada palabra con entusiasmo en la voz:

"Nosotros les proveeremos materia prima a costo preferencial para sus operaciones en el norte, y ustedes nos darán prioridad en el uso de sus patentes tecnológicas. De esa forma, nadie pierde acciones y ambas compañías duplicarán su valor en el mercado internacional en los próximos tres años".

Al terminar la traducción, la sala de juntas se sumió en un breve silencio de asombro.

Thiago miró a Rodrigo, quien soltó una carcajada silenciosa de júbilo y comenzó a aplaudir con entusiasmo, firmando de inmediato: "¡Una jugada magistral! Tienes la mente brillante de tu padre, Mariangel".

Thiago no pudo evitar sonreír con genuina admiración. Se puso de pie y le extendió la mano a Mariangel.

—Aceptamos la alianza sin dudarlo, Sra. Vane. Es el mejor acuerdo que esta compañía ha firmado en una década.

Mariangel estrechó la mano de Thiago con firmeza profesional. Marcos se puso de pie a su lado, colocando suavemente su mano en la parte baja de la espalda de su esposa. Miró a Thiago con una mezcla de orgullo y satisfacción indiscutible: Mariangel había cerrado una negociación multimillonaria por mérito propio.

—Preparen los contratos para la firma esta misma tarde —declaró Marcos con su voz grave y autoritaria—. Mañana celebraremos esta gran alianza.

Al salir de la sala de juntas, caminando por el amplio pasillo acristalado, Mariangel se giró hacia Marcos y le firmó con una timidez juguetona: "¿Lo hice bien, profesor?".

Marcos la tomó de la cintura, la atrajo hacia sí sin importar los ejecutivos que caminaban cerca y le depositó un beso profundo y lleno de ternura en los labios.

—Lo hiciste perfecto, mi amor —susurró Marcos sobre su boca—. Te has convertido en una reina impecable.




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