La sombra

Capítulo 10

La llamada de alguien lo despierta por la mañana. Mira el número en la pantalla: desconocido.

Igualmente, contesta.

—Hola ¿es el vendedor de la casa amueblada? —le pregunta la persona en el teléfono.

Tuvo que sospechar que era por eso.

—Sí, soy yo —responde con voz somnolienta. Mira la hora de forma rápida en el reloj de su muñeca: las 7 am.

—Me interesa comprarla, pero el precio que tiene no me es alcanzable. ¿Lo bajaría a unos 20 millones de pesos?

Jamás. Su casa le costó 70 millones y lleva apenas un año viviendo ahí, además de que está amueblada. Ese precio es muy bajo.

—No. Lo dejaré en los 40 millones —contesta de forma decidida.

—Ah, ok. Hasta luego —se despide la persona y corta la llamada de inmediato.

Aprovecha de revisar los mensajes que tiene. Son dos. Uno del número que lo acaba de llamar y otro desconocido. En el número desconocido no se entiende el mensaje, son muchas letras que parecen escogidas al azar.

No le toma importancia.

Ya han pasado días desde la cita con Romina y él ya espera otra, pero no tiene la costumbre de invitarla él. Podría llevarla a la playa. No le queda muy lejos.

¡Sí! ¡Eso debe hacer! Llevarla a la playa será algo bonito y simple. Nada de cosas caras ni refinadas, solo al aire libre. No le agradan las cosas que son lujosas como aparece en la televisión, esas cenas románticas que le asfixian a pesar de haber sido la primera idea que tuvo de una cita. Aunque ella nunca le ha sugerido hacer algo así, por lo que no tiene pensado hacerlo. Eso es solo para situaciones especiales.

A la playa será. Duerme unos minutos más y luego se levanta antes que Romina o Emilia le obliguen.

Va al comedor a tomar desayuno. Al llegar, se percata de que Romina no está.

—¿Dónde está Romina? —pregunta él.

—Salió a comprar —contesta Emilia. Por el volumen de su voz, pareciera que está en el segundo piso.

Él asiente a pesar de que ella no puede verlo, y continúa su desayuno. Unos minutos después, Romina llega con varias bolsas.

—Te compré sábanas —dice ella mientras saca las sábanas de una bolsa.

Eso le alegra. Las sábanas disminuirán el frío que siente por las noches. Le alegra que ella se haya percatado de la falta de sábanas y del frío que sentía. Ella se percata de todo respecto a él.

—Gracias —dice él sonriendo y levantando una de las sábanas. Ve que incluye un calientacamas.

Ella lo acompaña a ponerlas. No se hablan en todo ese tiempo. Mantienen un silencio que no es incómodo. Es como si de esa manera se mantuvieran más conectados.

En ese instante se escucha el teléfono de él.

Le señala con la mano que lo espere un poco. Ella asiente y sale de la habitación. Es otra llamada de un número desconocido.

Contesta.

—Hola. Vi su anuncio que vende una casa en perfectas condiciones y me preguntaba ¿por qué la vende? —le pregunta la persona.

—Por motivos personales —contesta él, decidido.

—Ah, bueno. Solo quiero saber eso porque algunos vendedores ofrecen su casa por problemas en la infraestructura, los vecinos y cosas que, en el fondo, quieren dejar al próximo dueño. En fin, entonces, si lo quiere vender por eso, quisiera comprarle la casa, aunque quisiera saber si le bajaría un poco el valor

En ese momento, el joven ingeniero queda casi mudo. Ve, en la puerta de su habitación, una sombra. Se levanta de la cama para ver si la sombra es suya, y al hacerlo comprueba que sí lo es. Deja escapar un suspiro de alivio.

—¿Hola? —pregunta la persona en el teléfono.

—Hola, perdón. ¿A qué precio quiere que la baje? —en parte, se siente culpable por vender una casa "embrujada", y que no lo sepa.

—A unos 30 millones de pesos

Ese precio sigue siendo bajo, pero debe considerar lo que ocurre ahí, y el hecho de que no lo sabrá.

—Claro, pero ¿no quiere verla primero?

—Sí, eso había pensado. ¿Qué le parece mañana?

Casi asiente de inmediato, pero luego recuerda la cita en la playa con Romina, la que quiere que sea mañana.

—Mañana no se puede. ¿Le parece pasado mañana?

—Me parece bien. Entonces, pasado mañana a las 4:30 pm ¿le parece?

—Claro

—Entonces así quedamos. Hasta luego

Corta la llamada. Romina entra de inmediato.

—Eso fue laaaaargo —dice ella, alargando mucho las "a".

Él no alcanza a decir nada cuando se escucha el grito de Emilia, uno de verdadero terror.

Ambos se miran, con un mal presentimiento, y corren en busca de Emilia.

—¿Qué pasa? —pregunta Romina, gritando.

—¡Ven! —grita Emilia con miedo.

Corren siguiendo el sonido de su voz. La encuentran en la cocina. Está prácticamente paralizada observando algo frente a ella. Los dos se acercan y observan lo que ella ve.

Hay una sombra extraña, que se mueve como loca de un lado a otro sin parar.

—Ni aquí se detiene —dice Romina, con pavor.

—No creo que sea para tanto —dice el joven. Romina y su hermana lo miran, enojadas—. ¿Qué podríamos hacer?

—Podríamos... hablar con un cura —sugiere Romina, poco convencida.

La sombra se desvanece.

—¿Por qué con un cura? —pregunta Emilia casi indignada.

—Es lo que hacen en las películas —dice Romina, tranquila.

—Solo porque no sabemos qué hacer —Romina asiente—. Bien, hagamos eso



the_icegirl

Edited: 18.07.2019

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