La Sombra Del Holocausto.

Capítulo 29.

Ya comenzaba a anochecer, me había dado cuenta que cambiaron de conductor en cada estación, la agonía que pasaron la tres personas balaceadas por fin término, los cuerpos comenzaban a estorbar allí acostados, los apilaron en una esquina, uno arriba de otro como si fueran tablas de madera, la pequeña que estaba con Fela se durmió en sus piernas mientras que platicaba con su madre, el calor era extremo, los hombres comenzaban a quitarse los pantalones, quedando en ropa interior y camiseta, el pudor ya no importaba, las mujeres se quitaban el vestido quedando en solo el fondo, seguí el ejemplo, y me alce el vestido hasta quitármelo, el fondo de mi vestido era como si fuese otro vestido, pero la tela era mucho más delgada, corto de las piernas y traslúcido también, mis medias estaban rotas y había perdido mis zapatos pero eso no importaba en lo absoluto, nadie me miraba, no era importante. 

 

Max junto con otros chicos, estaban con lija en mano, tallando los barrotes del hueco, llevaban un largo tiempo, yo cerre los ojos y sorprendentemente me quede dormida.

Sentía que alguien movía mi brazo sacudiéndome, abrí los ojos de un salto y Max estaba frente mío, yo lo mire con el entrecejo fruncido — ¿Qué quieres? — conteste exaltada quitándole su mano de mí. 
— Lo...lo hice — Balbuceo
— ¿Qué cosa hiciste? — pregunte.

— Quitar los barrotes, ven vámonos — Max se levantó, me tomo de la muñeca y me jalo, yo me opuse, y el giro a mirarme confundido. 
— ¿Que? ¿No quieres escapar?

Algo dentro de mi quería tomar su mano, y saltar del tren junto con él, pero eso significaría no volverlo a ver, ¿Qué me sucedía? Quería verlo de nuevo aunque sea desde lejos, tenía muchas cosas que decirle, tenía que desahogarme, quería romperle la cara y tomar su cuello en mis manos y terminar con él, no quería hacerle daño pero lo veía muy necesario, otro algo sadomasoquista me detenía y quería quedarse aquí para hacer lo ya dicho, simplemente rechace su mano y negué. Me tomo la mano otra vez.

— Sin Fela, no. Además me dijiste que no ibas a cargar conmigo, así que suéltame — dije zafando mi muñeca de su mano.

El frunció el ceño — ¿Qué es lo que te pasa, Norah? — Exclamo — Tenemos la oportunidad de escapar y tú solo estas enojada por lo que te dije. ¡No lo Pensé!

— ¿Eres idiota? ¡No voy a saltar de un tren en movimiento! Solo un loco lo haces — Grite— Vete tu...

El, ofendido, se puso en cuclillas y paso un mechón de cabello atrás de mi oreja. Las palabras que me dijo me dolieron hasta el alma, yo avente su mano de frente mío, y lo mire con desdén

— Todos me traicionan, hasta mi propia familia — sentencie con la voz entre cortada. Max se puso de pie y camino hasta el hueco, dio un salto, y quedo sentado en este, con cuidado, apoyo el pie en el filo del hueco, salió del vagón solo podía verle los pies apoyados en el filo, y dio un salto hasta el techo, se escuchaba los pasos en él, seguido de esto un chico hizo lo mismo, después otro. Cuando creí que lo había logrado, balazos al aire se escucharon, rápido me levante, y saque la cabeza en el hueco, para mirar, lo oscuro de la noche no me ayudaba, solo miraba a varios chicos correr, después de esto uno cayó al suelo y los demás seguían corriendo hasta perderlos de vista.

 

Agosto, 1942

No dormí en toda la noche, y amaneció, lo increíble es que no tenía sueño, ni siquiera cansancio, mientras el tren avanzaba la mayoría dormía, durante la noche un anciano murió de sed, así que fue apilado junto con los otros muertos, solo esperaba que no fuese mucho tiempo que estuviéramos aquí, porque si no el olor de los muertos mezclado con lo que transpirábamos, se haría algo insoportable. Mis ojos comenzaban a cerrarse, pero el tren dio un frenon más fuerte que el anterior, que me hizo irme para delante y despertar a una chica. Por un momento di gracias por haber llegado a un lugar que no conozco. La puerta del vagón se deslizo hacia arriba y los rayos de sol me dieron de lleno al rostro lastimándome la cara, la cubrir con mi mano y de la misma me jala un militar hasta caer afuera del vagón, me fui de cara contra el césped. Yo con esfuerzo trate de levantarme, de pronto comenzó a dolerme otra vez el costado de la cintura, no había sentido dicho dolor cuando estaba quieta.

— ¡Bajen, Todos! ¡Rápido! — gritaba este con escopeta en mano. Todo el mundo comenzó a bajar, y formarnos en una línea, uno de lado del otro. 
— ¡Levante judía! — me grito mientras bajaba a todos del vagón. De pronto unos brazos rodearon mi cintura con delicadeza, me levantaron y me ayudaron a ponerme de pie, subí los ojos y Kurt Kretschmann con su boina y traje militar de gala, me miraba de arriba abajo, me toco las mejillas, y yo de un golpe se las aparte dándole un ligero empujón, mientras lo miraba con cierto desprecio, el suspiro molesto, sabía bien que no le gustaba que lo empujará, no sé de donde saque la fuerza para hacer eso. El dio vuelta y siguió hacia adelante, bajo la mirada y se apartó junto con sus compañeros, me uní a la fila, mientras me tocaba mi cintura adolorida. Recordé que Fela venia conmigo y la busque con la mirada, la encontré, estaba a tres personas de mí. El uniformado comienzo a caminar frente a nosotros, mientras que Kretschmann y Wilm se ponían de pie frente y en medio de nosotros.
— Muy bien— comienza a hablar mientras no para de caminar, no son antes arrojar el arma al suelo, sus pasos contra césped pueda escucharlos muy fuerte. — ¡Buenos días! — dijo con falsa alegría y sus estúpido acento alemán, levantando los brazos y dejándolos caer en sus muslos. 



LIlianna S Villanueva

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En el texto hay: segunda guerra mundial, nazi, nazis

Editado: 04.03.2018

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