La Sombra Del Holocausto.

Capítulo 35.

Me separé de el sin ganas de hacerlo, lo mire a sus ojos que estaban a punto de llorar, puedo decir que con ternura, seguí mirándolo y le sonreí.

En ese momento me pregunte;

» ¿Que me sucede? Es un nazi, de los mismos que mataron a mi familia, me despojaron de mi hogar y me arrebataron la tranquilidad y más que nada mi libertad de las manos. No puedo sentir afecto hacia este hombre. ¡No puedo!, pero no lo puedo evitar. Yo no pedí esto, yo no pedí que este hombre su cruzará en mi camino, no pedí mirarlo como lo hago ahora, es que siento que lo quiero. Simple y sencillamente eso «

El trato de acercarse con el ceño fruncido, pero le puse la mano frente mío evitándolo mientras seguía pensando.

― ¿Que? ― Salió de su boca llena de confusión.

Sacudí la cabeza y le di la espalda.

― Ya no puedo más estar aquí ― Escupí de pronto ― Quiero salir de este lugar.

― No puedo hacer nada. La seguridad se ha multiplicado ― dijo.

Sin mirarlo comencé a llorar sin el que se diera cuenta, lleve mi dedos hasta tapar mis ojos con ello.
― ¿Tienes hambre? ― Me pregunto. Yo gire a mirarlo.
― Tengo miedo, mucho miedo ― Conteste carraspeando la nariz.
― Yo también tengo miedo, Norah. Tengo miedo de que te pase algo y yo no poderlo evitar.

― No vas a poder cuidarme todo el tiempo, Kurt. Estos años me he desmontado que pude cuidarme y sobrevivir sola, hasta ahora ― Reí sin ganas. ― Al fin y al cabo... Siempre he estado sola.

― Ya no más ― sentencio. Camino hasta a mí, posó el peso de sus manos en mis hombro y me hablo al odio, rápidamente mi piel se erizo. Lo mire de reojo y sonreía, le devolví la sonrisa gris que tenía, él se alejó y me dio la espalda de nuevo.
Seguía metida en mi cabeza, de pronto gire a enfrentarlo de nuevo, abrí los ojos con expresión pasmada al ver que se estaba quitando la parte de arriba del uniforme.

Seguía pasmada sin poder detenerlo, se sacó toda la parte de arriba; el saco, la corbata y la camisa.

Su espalda descubierta mostraba los músculos que en los brazos y la espalda bien formada, puse atención en la espalda alta cerca de los hombros, tenía cicatrices de balas, latigazos y quemaduras, fruncí el ceño con compasión y me acerque a él, toque con mi mano que era pequeña comparada con su cuerpo, su cuerpo se estremeció al posar mi mano fría en su espalda. Comencé a entristecerme aún más.

― ¿Que te paso? ― Susurre con disgustó y lastima. 
El me miraba por su hombro, dio un largo suspiro. 
La tribulación que sentí al mirarlo era bárbara, seguía acariciado las cicatrices, él no contestaba, pero tampoco insistí.

― Castigos. 

― Pero...

― Soy de la SS, cosas como estas tienen que pasarme.

Seguía teniendo las manos en su espalda cuando este se giró y tomo mis mejillas. ― Tienes que escaparte. ― Manifestó.

De repente la idea de escapar me aterro de un modo macabro. ― No... ― Susurre y baje la mirada. Rápidamente el, la subió con su mano― No puedo.

― Sí, vas a poder. ― Dijo.
― Si escapó nunca te volveré a ver. ― Escupí como si fuese una chiquilla de cuatro años.

El suspiro y paso saliva, y lo abrace, mis mejillas quedaron al ras de sus clavículas desnudas y cálidas. ― Eso no es posible. Yo te veré en algún momento. 
― No voy a escaparme, no sin Fela. ― Suspire al recordar a Fela. ― En realidad no sé si quiera escapar conmigo, porque ella ya no quiere hablarme.

Abandono su cuerpo del mío y comenzó a vestirse. ― Tengo que irme.

Yo suspire otra vez, sentía que se iba a terminar el aire en mis pulmones de tanto suspirar.

― Vendré por ti mañana, tengo que mostrarte algo. 
― ¿Mostrarme que cosa? ― pregunte con el ceño fruncido. 
― Mañana lo sabrás. ― contesto sonriente.

Kurt se acabó de poner el saco, se acomodó la camisa por encima de este, se acercó y beso mi frente y salió de la cocina. Después de esto fui a pelar las papas.

[...]

Como siempre y casualmente la noche cayo, el aire era frio y bastante fuerte, que volaba mi cabello junto con el gorro, camine hasta los cuartos y sigilosamente escondí la navaja de bajo del catre de Ruth, como lo imaginaba, Fela no estaba. Mire a Ruth tenía la cabeza cubierta con la sabana suspirando con continuidad, revolotee los ojos y descubrí la cara― ¿Ahora qué? ― pregunte fría.

Hacia pucheros con la boca, y tenía los ojos húmedos ― Nada. ― contesto con temor ― Quiero que ya regrese mi mamá.

Inhale, exhale aire y me hinque frente a ella, la enderece tomándole de los hombros. ― Escúchame bien, Ruth. ― comencé a hablar con seguridad y dureza, me doblegue al ver su rostro, baje la mirada un segundo, tenía un nudo en el estómago y garganta, que hasta dolía, la mire a los ojos, suspire y tome valor. ― Tu mamá ya no va volver.

Su pequeño ceño fruncido me miro con tristeza. ― ¿Por qué no? ― Exclamo.

El valor se me fue, y el nudo en la garganta volvió, baje la cabeza de nuevo, me cosquillaba el estómago, apreté los ojos y la mire.



LIlianna S Villanueva

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En el texto hay: segunda guerra mundial, nazi, nazis

Editado: 04.03.2018

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