—¡Acacia, son las seis de la mañana! —le grito perdiendo la paciencia por completo. Vuelvo a cubrirme hasta el cuello con el edredón y cierro mis ojos.
La oigo resoplar cansada.
—No me hagas llamar a Hunter.
—No me interesa —espeto con toda la sinceridad del mundo.
Mi hermana sale de mi habitación, dejándome en paz de una buena vez. Dios, al fin. Necesito dormir
mínimamente, diez horas más. Fue mala idea ver un maratón de la cuarta temporada de The Vampire Diaries (la mejor, por cierto). No me arrepiento de nada, pero estoy pagando la factura.
Estoy volviendo a conciliar el sueño cuando la puerta vuelve a abrirse. ¿Acacia no va a cansarse nunca?
Espero paciente a que hable, pero en vez de su voz, siento un liquido helado filtrarse por el edredón y llegando a mi cuerpo.
Abro mis ojos de golpe y salto de la cama, sintiendo el cuerpo congelado.
—Hora del baño, galletita —oigo a Hunter hablar en su usual tono burlón mientras sostiene un balde vacío.
Le grito, como de costumbre.
Algún día mis cuerdas vocales se romperán de tanto esfuerzo, pero mientras sea por gritarle a Hunter, no me molestaría que se rompan.
No le interesan mis insultos y me lo demuestra cuando se gira y se va de mi habitación dejándome que hable sola.
Suspiro de la frustración. Mi cama está toda mojada y yo completamente despierta, imposible que vuelva a dormir.
Me arrastro hasta mi baño, dejando un camino de agua. Cada vez que pienso que no puedo odiar más a Hunter, la vida me sorprende.
Rápidamente tomo una ducha para calentarme. Al cabo de algo así como cinco minutos, estoy lista.
Hoy es domingo por la mañana, esto significa que partiríamos hacia la casa de vacaciones que tiene mi padre en San Bernardino. Es solo una hora y media de viaje en auto pero aún así, es una hora y media soportando al idiota, porque mamá y Theresa insistieron en que vayamos en el mismo auto.
Me visto rápido con la ropa que preparé ayer y bajo con mi maleta ya terminada de armar. Abajo, ya todos me esperan.
Mamá me dedica una sonrisa y noto su mirada de aprobación a lo que tengo puesto, porque estoy estrenando unos pantalones de su última colección y los combiné con unas blusa a la perfección. Cómodo, pero nunca fuera de moda.
—Bueno —dice Theresa viendome bajar las escaleras—. Ya es momento que se vayan. Y recuerden, pórtense bien.
—En especial, Juliette y Hunter —recalca mamá. Ruedo mis ojos—. No se maten.
—Yo puedo mantenerme en linea, tia Grace. ¿Juliette? Pff.
—En la única línea en la que puedes mantenerte es en una de cocaína —espeto aunque nunca lo haya visto cerca de las drogas. Me sirvió la respuesta en una bandeja de plata.
Está por responderme—veo que estamos con muchas energías para ser tan temprano—, pero Theresa presiona con que es momento de que nos vayamos.
Dios. Esto parece un plan para deshacerse de nosotros cuatro por una semana.
Nos despedimos con un abrazo y ellas, como siempre arman todo un drama, como si estuviésemos yendo al otro lado del mundo a vivir.
Es solo una semana con el idiota, la parejita del millón, mi papá, su nuevo hijo de tres años que... creo que se llama Theo... O Dylan, no lo tengo muy seguro y su esposa, ¿Kelsey, creo? Una rubia que ni sé si me cae bien o mal porque casi no he hablado con ella.
—Hunter, ¡conduce con cuidado! —exclama Theresa desde la puerta cuando hemos terminado de cargar nuestras maletas.
Me subo inmediatamente en el asiento de adelante.
—Ese no es tu lugar, Galletita.
—¿Entonces cuál es? —espeto empezando a molestarme. Las mañanas no son para mi. Definitivamente. Alguien debería prohibirlas.
—Si es por mi, te ato al techo para que te caguen los pájaros encima.
Cuánta ternura.
—Vete a la mierda —respondo poniéndome el cinturón de seguridad. Detesto sentarme en los asientos traseros.
—Por favor, guíame —dice poniendo en la llave en contacto con el auto.
—Ya te sabes el camino de memoria, idiota.
Hunter voltea a mirarme con fuego en los ojos.
—Bueno, basta — sentencia Cameron al interrumpir nuestra conversación—. ¿Los vamos a tener que oir todo el viaje?
—¿Los vamos a tener que oír y ver besuqueándose todo el viaje? —su hermano mayor se gira a verlo con cara de pocos amigos.
—Solo... —suspira mi hermana cansada—. Vámonos.
Antes de que pudieramos continuar, pongo mi bolso —Louis Vuitton, porque si vamos a viajar al bosque lo haremos con estilo— justo entre Cameron y Acacia. Mi hermana me lanza una mirada asesina pero como siempre la paso de alto y sigo con lo mío.
—¿Crees que una bolso estúpido les va a impedir montárselo ahí atrás? —el idiota, otra vez.
—Estúpido eres tú —señalo mirándome las uñas. Ayer fui a que las pinten de rojo—. El bolso es Louis Vuitton, vale más que toda tu vida. Arranca el auto.
—A tus órdenes, Galletita.
El agua fría y pelear con Hunter, me quitaron todas las ganas existentes de volver a dormir. Además, no puedo confiar en este imbécil. Seguramente estaciona el auto y me abandona al costado de la carretera a la primera chance que tenga.
Acacia se pone sus auriculares y apoya su cabeza en la ventanilla, luego de un rato en silencio y en compañia de la música conectada al celular de Hunter, empiezo a oír la respiración pesada de Cameron. Volteo a confirmar que se ha dormido.
—¿Sin sueño? —me pregunta cuando ya vamos media hora de viaje. Salimos de la ciudad hace tiempo.
—Sin sueño —afirmo un poco extrañada de que estemos haciendo conversación. Se siente raro no discutir. Reformulo: Se siente raro oír el tono de voz normal de Hunter, el tono con el que le habla a Tanner y a Becky.
—Yo sí tengo sueño.
Me giro a él con el ceño fruncido. Tiene su espalda recargada en el asiente y conduce con una sola mano, luciendo demasiado cómodo para mi gusto.