Legión (kinesis)

Nosotros te llamamos. (Jess)

El estacionamiento se encuentra completamente vacío. Es apenas iluminado por una línea de focos parpadeantes que aturde a dos ratas desesperadas por encontrar algo para roer.

Una y otra vez Jessi repasa el diálogo que está a punto de decir, todo debe salir perfecto, como un diálogo de película, merecedor a un Oscar.

-Sí, sí. Como sea, en este momento no me interesa contratar gente nueva. Por favor comunicate con RH. - Dice el gerente al celular mientras acomoda su traje de 15 mil pesos. Sus pasos resuenan en todo el hueco estacionamiento.

La chica analiza todos sus movimientos, y espera el momento perfecto, debe esperar a que suene el ¡Bip¡ ¡Bip! del carro.

Taquicardia, como esperaba. Por última vez repasa sus diálogos.

¡BIP! ¡BIP!

Justo en ese segundo, la mente de Jess se quedó en blanco, haciendola olvidar por completo todas las palabras repasadas, pero ya no importaba tanto, debía actuar.

Hizo por fin su aparición, misma que llamó la atención de Rob Rubio, gerente del hotel que encabeza el puesto número uno de los hoteles más costosos de México. Un treintón de aspecto plástico, con tantas canas que incluso pareciese albino. Al ver a la morena mujer con sus labios rosa intenso y aquella vestimenta, era imposible no dedicarle toda su atención.

-Hola. - Dijo la chica de la forma más sensual que pudo.

-¡Hola!- Respondió Rob mientras cierra la puerta recién abierta del carro y extiende su mano hacia la chica.

-Nosotros ya nos conocemos.-

-¿Enserio?-

Los ojos pervertidos analizaron detenidamente a Jess. Pronto su expresión facial cambió de "Estúpido perplejo por ver a mujer hermosa" a "Estúpido perplejo por ver a mujer peligrosa"

Pero aquella expresión no duraría ni 5 segundos hasta mostrar aquella sonrisa sarcástica que explota malos sentimientos.

-Debiste aceptar mi oferta. -

Aquel comentario ayudó a concretar la explosión de malos sentimientos en la morena.

-Vengo a que me devuelvas el empleo. Así que estoy re contratada, muchas gracias.-

La mano que buscaba saludar a Jessi seguía en el aire, ahora se dirigió directamente al hombro de la enojada chica.

-Desde que la "Igualdad de género" comenzó a normalizarse, cualquier mujer piensa que puede hacer lo que quiera. Tantas empresas diciendo que las apoyan... ¡Es solo mercadotecnia! pero ustedes lo toman muy a pecho, pensando que... -

La mano llena de bellos de Rob cayó al moverse la chica hacia atrás.

-Cierre la maldita boca. No vengo a escuchar su basura. Pedirle a alguien sexo para conservar su trabajo no es machista, es enfermo.-

-Sabía que en cierto momento sacarías lo feminista. Es decir, acusar al hombre es su único argumento ante cualquier discusión.

Las palabras siguieron fluyendo de su postiza boca, palabras que no encajaban en ningún diálogo con coherencia. Jessie de hecho incluso consideraba ciertas acciones feministas como exageradas. Simplemente el tema no venía al caso con la discusión.

Aunque... Si de verdad quieres conseguir de nuevo tu trabajo e incluso un ascenso, podría darte una segunda oportunidad. Es que, vaya, sí que esconde mucho el uniforme.- Terminó con una risa incomoda.

-¿De verdad lo crees? -

-Vaya que sí. -

La chica tomó la mano de Rubio para colocarsela de nuevo en el hombro mientras le sonrie de forma encantadora.

-Un ascenso no suena tan mal.- Dice la hermosa chica después de una risilla coqueta.

La mano disponible de Rob se dirige a la cintura de ella, pero a medio trayecto una tos espantosa lo obliga a detenerse.

Se lleva ambas manos al estómago y la tos se intensifica más al pasar los segundos.

-¡¿Qué sucede?! ¡¿Se encuentra bien?!-

Desde la posición de cuclillas el gerente alza la vista hacia la chica - Sí, sólo una pequeña tos. -
Una línea de sangre espesa sale de su boca después de sus palabras, esta misma cae sobre el costoso traje.

-Quince mil pesos se fueron a la mierda ahora que tocaron su asquerosa sangre. -

Esa cara, la cara de enojo y asco era la misma que había puesto dos semanas atrás al negarse la mujer a tener relaciones sexuales con él para mantener su empleo. Un rostro de indignación, como si ofrecer semejante cosa fuera un regalo divino de los dioses.

-¡Olvidate de regresar a la empresa, hija de p... -

La garganta se le cerró por completo. Sus piernas se mueven involuntariamente para incorporarse al piso. Una vez de pie, su cuerpo se arrastró por una fuerza invisible hasta centímetros de la figura de la chica.

-Vamos, dilo. Quiero escucharlo. -

-Hi.. hij.. hi.. Perdón. -

-¡Qué amable se a vuelto de un segundo para otro! Le contaré un secreto.-

La mano derecha de la chica se alzó hacia el frente al mismo tiempo que el cuerpo de Rob voló por los aires, golpeándose fuertemente sobre una enorme columna, el ruido del golpe fue similar al de un costal de harina. El grito del hombre fue insonoro gracias a la presión de la fuerza invisible aplicada a sus labios.

Ahora el brazo extendido de la chica se movió ligeramente hacia arriba, moviendo consigo la figura del hombre, que desprendió los pies del suelo para flotar por los aires, presionado sobre la dura columna.

-No eres el único hijo de perra aquí. Así que sí, parte de tus palabras son verdad.-

Un sonido agudo metálico comenzó a crecer hasta el punto de ser insoportable. El sonido proviene de la puerta de la camioneta valorada en dos millones de pesos, y aquel molesto ruido se detuvo hasta que la puerta se desprendió completamente del carro.

-¡Upss! Rompí tu camioneta. Ahora vale unos 3 millones menos, lo siento. -

El cristal blindado de la puerta explotó, mandando cientos de pequeños fragmentos por los aires que, algunos de ellos, rozaron la cuidada piel del rostro de Rob, dejando tras ellas hilos rojos de sangre.

Solo una pieza enorme y punzante sobrevivió al estallido, misma que se acerca lentamente hacia el cuerpo flotante del hombre.



J. VIII

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En el texto hay: accion y suspenso, misterio, paranormal

Editado: 30.06.2019

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