Libro 1. La princesa perdida

Capítulo 4

Hoy no tenía ánimos de cazar solo de dibujar.

Pero como no tenía dinero y el carnaval estaba a un día…los beneficios de vender algo o cambiar era lo suficientemente bueno, tenía que cazar y conseguir algo fácil y rápido.

Así que me aventuré al bosque con mi arco, cuchillo y flechas listas.

Agregue mis pergaminos y carbón a mi pequeña expedición matutina por si me topaba con alguna extraña planta.

El día estaba un poco tranquilo comparado con días anteriores donde el camino no podias verlo por la neblina y la blanquecina nieve.

Mi cabello lo até con un pedazo de soga y lo metí en mi capucha. Solo hebras de cabello castaño abanicaban mi rostro.

Ajusté mi audición y, de pronto, escuché el canto del búho.

Nada estaba fuera de lugar.

Como no encontré algún animal y sabía que en la cascada había salmón decidí buscar un lugar para dibujar y comencé a trabajar.

En mis principios cuando llegaba la primavera, solía sentarme bajo un manzano para admirar la belleza del lugar y, posteriormente, plasmarlo en mis pergaminos.También cuando el verano le daba paso al otoño.

Sabía que cuando trabajaba en el lugar, algunos animales se dejaban ver y las flores se habrían dándole la bienvenida al sol.

Sin duda era buena recordando cosas y lo había demostrado dibujando.

De repente, el aire se volvió más denso y solo el siencio reinaba.

Algo andaba mal.

Tensé el arco con flechas y observé el lugar.

No había nada.

Solo el chasquido de la nieve al ser pisada hizo ruido.

Alguien o algo estaba cerca. Vi un árbol cerca y me escondí por detrás. Volteé y tampoco había nada.

Un cosquilleo en mi espalda comenzó a recorrer todo mi cuerpo.

Y una voz antigua llamó.

Nef.

Neftalí.

Volví a voltear y no había nada.

¿Quién demonios era?

-¿Quién… eres?-pregunté asustada.

Otra vez me volvían a asustar.

Por la forma en la que hablaba debía ser alguien antiguo.

-No soy nadie importante-dijo paciente-debes emprender la búsqueda…

No pude visualizar a la persona que me lo decía. Estaba brumoso.

-¿Qué búsqueda?-pregunté-. Fannie y moni apenas se habían ido al trabajo. No se refería a ellas.

-Debes buscar…-el aire se llevaba las palabras de quien fuera que estaba hablando.

No terminó de decir lo que tenía que decirme y yo, como era muy asustadiza, salí corriendo con mis pertenencias a mi cabaña.

El miedo y la bilis estaba acumulado en mi garganta.

Mi cuerpo estaba temblando y el frenesí acunaba mi miedo.

Mi experiencia con esas historias había terminado y yo…tenía mucho miedo.

Recobre la compostura y di un respiro profundo.

Cuando estaba pequeña mi curiosidad fue muy insistente luego de que terminara de cazar, iba a la cascada para observar si aparecería algún ente y nunca vi absolutamente nada.

Ni un fae o un duende, pero las historias que me contaba Fannie era que el mundo de los seres mágicos estaba conformado por faes, sirenas, duendes y brujas.

Era muy chistoso porque siempre que lo contaba me reía junto a Moni, ella por el contrario nos regañaba porque decía que ellos siempre estaban cerca de nosotros.

Conviven con nosotros los humanos.

Estaba detrás de la puerta escuchando mi cortada respiración cuando la voz de Fannie golpeo al otro lado de la puerta.

Habían regresado.

-Mamá-dije asustadiza-que bueno que regresaste-dije suspirando profundamente.

Lagrimas corrian por mis mejillas.

-¿Qué tienes, mi Nef?-preguntó mi madre.

-Si, ¿qué tienes, hermanita?-preguntó Moni.

-El bosque…-tartamudeé y me aferré a sus brazos.

-¿Qué tiene el bosque?-preguntó Fannie.

-Dinos hermana porque si hay alguien que quiso propasarse contigo, lo mato.

Todo lo que decía era algo sin sentido y era verdad, por eso Fannie no nos quería afuera de la cabaña.

-Calma mis niñas- dijo y nos besó la cabeza.

-Una voz…me llamaba por mi nombre-dije un poco más tranquila.

-Ve a tu habitación, acuéstate, y enseguida te alcanzo-dijo mi madre.

-Bien-contesté.

Entre y dejé mis bocetos en la silla. En la mañana continuaría.

Guardé toda mi evidencia para evitar problemas con Fannie y me acosté en mi cama.

Media hora después, se asomó mi madre y se sentó a un lado de mi cama.

-¿Cómo estas?-preguntó en un susurro abriendo la puerta.

-Mmm…estaba dormitando-. Ahora quiero dormir y no ser molestada.

-Esta bien, pero antes necesito hacer algo contigo-y acercó una figurita con forma de óvalo en color negro y tenía cuatro patitas, y también, tenía una cadenita a la altura de su boca. Como si fuera un colgante.

Un escarabajo.

Nunca había visto que ella lo llevara en su cuello.



michel rosas

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En el texto hay: sirenas, brujas, faes

Editado: 27.12.2019

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