Liz, Belleza Y SabidurÍa

PARTE 2.3. Recuerdo

La visita terminó, mi padre conversaba con la madre de Aracely, intercambiando cortesías. Mi hermano se acercó a mí con su novia, quien venía acompañada de la chica que se robó mi atención en medio de las canciones.

Nos presentaron, y en son de broma mencionaron que querían que seamos amigos - ¡y vaya que hicieron énfasis en sus palabras! -

-Por qué me mirabas con tanta insistencia-preguntó

-Tal vez porque tú me observabas de la misma forma-

-reímos

Conversamos poco tiempo, en el mismo que su mirada parecía ser la mirada de un ángel. Sus ojos en instantes se cerraban permitiéndome admirar la forma tan sutil como usó las sombras de color celeste para engrandecer su belleza.

Pocos minutos bastaron para ponernos al tanto acerca de: música preferida, canciones escuchadas, libros leídos, centros de estudio, etcétera.

Mi padre salió de casa de Aracely, y advertí que era momento de despedirme de ella.

Intercambiamos números de teléfono y me despedí de Liz regalándole un pequeño beso en su mejilla. Ella subió al auto de sus primos y se alejó, por mi parte, tenía que retornar a casa con mi padre y su amigo.

En el trayecto, ellos no paraban de mencionarla, fue más que obvio que percibieron lo sucedido.

Para cuando sus comentarios mermaron, yo no hacía más que pensar en ella, sonreía mientras cerraba mis ojos para recordar la belleza de su mirar y la ternura en su hablar.

Miré mi teléfono celular y me decidí a enviarle un mensaje de texto. No encontraba palabras para redactar; la literatura me jugaba una mala pasada en ese momento, pues ningún verso recordaba. Así que decidí ser lo más sincero con lo que iba a escribir, y lo que hice fue resaltar la belleza de su mirada.

Mi padre decidió visitar a unos familiares, a los cuales yo no conocía. Al llegar a la casa de dichos familiares me percaté que la noche estaba por llegar, calculé el tiempo de regreso a casa, y planifiqué mi accionar para cuando regresé.

Según me di cuenta, mi padre y ellos no se habían visto en mucho tiempo, y como es lógico, armaron una pequeña fiesta de rencuentro, además, un gran músico estaba con nosotros, el mismo que hizo que la noche se torne sumamente amena, pero como para mí aquellas personas me eran totalmente ajenas, pues jamás los había tratado, me sentía como un migrante en país ajeno.

Mi celular sonó. Era mi hermano, mencionaba que estaba viajando a Quito con su novia y sus primos, noté que con ellos se hallaba Liz -Conozco bien a mi hermano así que de seguro me llamó para que Liz y yo hablemos- en efecto eso ocurrió, reímos un poco, mencionó que su teléfono lo había olvidado en su casa y al llegar iba a atender el mensaje. Quedamos en que en el momento que lo atienda, me llamaría.

El tiempo pasaba y sin que me dé cuenta, las veinte horas habían llegado, para entonces estaba totalmente aburrido; lo que planifiqué no podía llevarse a cabo pues mi hogar se encontraba a cuarenta minutos del lugar en donde reinaba alegría por el encuentro familiar.

Mi celular sonó, era un número desconocido, advertí que debía ser ella, en efecto, su voz me llenó de alegría, pues comprendí que no mentía.

- ¿En verdad te gustó mi forma de mirar? -preguntó

- Nunca negaré una gran verdad y mucho menos si esta me llena de felicidad-respondí

Hablamos por varios minutos, en los cuales me fui dando cuenta que su forma de mirarme era, tal vez similar a la forma en que yo la miré, es decir, para ambos aquellas miradas cambiaron nuestras vidas, o, mejor dicho, no cambiaron nada, simplemente hicieron lo que estaban destinadas desde el inicio de nuestras vidas.

- Este fin de semana es mi cumpleaños, me gustaría que tú estés presente, la pasé muy bien cuando tu padre y tu hermano cantaban- mencionó con nerviosismo en su hablar

Accedí a la invitación, pero debía planear todo, pues yo vivía en Riobamba, ella en Ambato y tal vez la fiesta de su cumpleaños se realizaría en Quito.

La visita terminó, mi padre conversaba con la madre de Aracely, intercambiando cortesías. Mi hermano se acercó a mí con su novia, quien venía acompañada de la chica que se robó mi atención en medio de las canciones.

Nos presentaron, y en son de broma mencionaron que querían que seamos amigos - ¡y vaya que hicieron énfasis en sus palabras! -

-Por qué me mirabas con tanta insistencia-preguntó

-Tal vez porque tú me observabas de la misma forma-

-reímos

Conversamos poco tiempo, en el mismo que su mirada parecía ser la mirada de un ángel. Sus ojos en instantes se cerraban permitiéndome admirar la forma tan sutil como usó las sombras de color celeste para engrandecer su belleza.

Pocos minutos bastaron para ponernos al tanto acerca de: música preferida, canciones escuchadas, libros leídos, centros de estudio, etcétera.



Gabriel Romero

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En el texto hay: reflexion, romance, ternura...

Editado: 22.06.2020

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