Lo Prohibido

En Lo Prohibido

Malú estaba a nada de casarse. En una magnifica boda de ensueño.

Digna como una princesa, la preciosa novia prepara su bouquet para el siguiente día. Solo le queda esa noche, una única noche para decir adiós a todos sus tontos problemas financieros, ¡Al fin!

Levanta la copa de champagne y brinda con sus amigas.

Una última vez para divertirse. Un día más para ser la irresponsable y problemática hija que siempre fue. La rebelde heredera...

Hasta que él aparece en su campo de visión. Otra vez. Guapo como siempre. Prohibido, como el diablo...su pecado más mortífero. Irresistible.

Sabía que estaría allí. Siempre estaba allí. El club Solent era la vida de August Farren, su único gran amor.... Después de ella. Quizás el único, ahora.

Habían estado terriblemente enamorados, más terrible que enamorados.

Él solo era un simple compositor que ganaba una miseria para sobrevivir.

Ella. Ella era la prestigiosa y alocada hija de un millonario; descendiente de una larga lista de herederos. Caprichosa. No estaba destinado a pasar, aunque paso. La despedida fue tan amarga, que hasta ahora podía sentir el dolor como cuchillos, siempre impregnándose más y más en lo profundo en su piel.

Él la miró.

La culpa la llevó a ignorarlo rotundamente, no quería verle a los ojos. Tomo un sorbo de su bebida. Suspiro.

Le había rechazado por no tener el dinero suficiente, por no ser de un nivel superior a ella, por no poder cumplir con sus caprichos y peticiones tontas. Ahora podía decir con remordimiento que August, era quizás, aún más rico que su prometido y padre juntos.

¡Y había más!

Él había cambiado tanto; su perfecta figura de príncipe ideal había dado paso a un hombre duro, capaz de amenazarte con una sonrisa y manipularte con tan solo su mirada; era como el buen vino que mejora con los años, solo que estos años, le habían vuelto más frío e intimidante de lo que era. Bien. No tenía ganas de ser el centro de cacería.

Su mirada parecía analizar sus pensamientos, parecía descubrir su vergonzoso secreto de que aún se moría por él, de que había sido una tonta, una niña mimada y exigente, que no sabía valorar las buenas cosas; una malvada mujer, por dejarlo de ese modo.

Se arrepentía a gritos, gritos internos, pensamientos tan abominables como ella misma. Iba a casarse mañana por la tarde, no debía de desear a otro hombre, por más falso que fuera su matrimonio. Vaya cinismos los de la vida...

Él se acercó al pequeño grupo de mujeres, todas rondando entre los veinticinco y treinta. Las saludo, coqueteo descaradamente con todas sus amigas; y a ella, a ella la ignoro. Como si fuese un adorno más en la pared. Se lo merecía, aceptó gustosa su total rechazo. Era lo justo.

No podían contenerse mucho tiempo, lo sabían. La tensión que fluía en el ambiente llevó a todas sus amigas a despedirse rápido del popular artista, tan guapo como rico.

Las insinuaciones que le hicieron a Malú dejaron más que claro que sabían el contexto de su relación, ¿Y quién no?, sus miradas ardían entre odio y deseo, ganas de matarse y besarse. Era imposible no saber que allí había pasado algo muy malo y peligroso. Tentador. Apetecible.

–Supe que te casas mañana.

–Asi es. Esta es mi despedida de soltera.

–Y supongo que soy para tus amigas algo así como el último dulce, antes del final de la fiesta, ¿No?

Su sonrisa sarcástica le afecto más de lo necesario.

–No necesitas ser tan cruel conmigo August. Sé que me odias, no alarguemos más las cosas.

Cogió su pequeño bolso y se levantó, dispuesta a marcharse, pero él sujeto su muñeca fuertemente. Demasiado.

–No te odio.

Allí estaba otra vez, haciéndola sentir culpable. Joder. Ya se sentía lo suficientemente molesta consigo misma por aceptar casarse con alguien que a las justas soportaba, no esperaba que él, precisamente de entre todos, viniera a hacerse el santo patrono ante ella demostrándole que era mejor. No era necesario, ella sabía que él era mil veces mejor. No había tan siquiera punto de comparación.

–Por favor dejemos esto aquí –Casi suplicó llorosa–. Yo tuve la culpa de todo, vale, no necesitas recordármelo, lo sé. Eres un hombre talentoso, brillante, llevaste tú carrera a la cima y te hiciste dueño de los más prestigiosos clubes de todo el maldito país, todo a la vez. Un genio. ¿Qué más quieres?



La Duquesa Rainford

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En el texto hay: amor, drama, romance

Editado: 06.02.2019

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