Lo que nos está Prohibido

Desesperación

He intentado pararme del piso por más de una hora, pero mi cuerpo está tan golpeado que no puedo hacerlo, me acerco a mi cama arrastrándome y con su ayuda logró ponerme en pie.

Tomó algo de ropa, adolorida me cambio, busco algún analgésico que haya ocultado para tomar, por suerte los encuentro y los tomo. No quiero ver mi cara, debo tener la cara muy hinchada pues así se siente al tacto.

Debo hacer algo para ayudar a Yahil, ya pasaron unas horas de ese fatídico momento, tal vez sigue botado y nadie lo auxilió. Casi es de noche pero debo hacer algo, me paro decidida a buscar ayuda.

-Nadhid - Samira entra muy asustada a mi cuarto.

-Samira...

-¡Estás muy golpeada! - corre a mi lado y me sienta en la cama - te dije que esto del soldado no era buena idea.

-Samira... necesito tu ayuda.

-¿Para qué?

-Yahil está en problemas, debo hablar con alguno de sus compañeros para que lo ayuden.

-Nadhid no puedes salir, sí sales te matarán.

-Samira...-tomo sus manos entre mis manos - ayúdame a escapar, iré a frontera les contaré lo ocurrido a los compañeros de Yahil y volveré... Por favor.

-Nadhid...es una locura.

-Es de vida o muerte Samira, lo lastimaron mucho - respondo al borde del llanto.

-Está bien - me acaricia la cabeza - te ayudaré, ¡lo que no hago por mi hermana menor! - queda en silencio parece que piensa en algo - sacaré a mi madre de la cocina, la tuya está en el cuarto, Karim, nuestro padre y hermanos, salieron un momento después de que hubo el problema, dame unos minutos, me inventaré algo para que  mi madre salga y te daré una señal para que bajes... ¿Podrás llegar en tu estado?

-Estoy bien...- respondo decidida - más me preocupa Yahil, ya tomé uno o dos analgésicos.

-Está bien – suspira, se levanta y toma la puerta - espera mi señal, no tardes Nadhid, tengo miedo que te descubran.

-No tardaré, te lo prometo.

Pasan unos minutos, se podría decir que la adrenalina comenzó a correr por todo mi cuerpo, han dejado de dolerme los golpes, Samira da un silbido y sé que ya sacó a su madre de la cocina, bajo las gradas intentando no hacer ruido, la veo a lo lejos con la mano en la puerta, me hace una señal para que me apresure, cuando llegó muevo la mano para despedirme de Samira y salgo de casa.

Corro desesperada, hago caso omiso a todo dolor de mi cuarto, tengo la mente ocupada en salvar a Yahil, intento tapar mi cara de todas las personas, llegó a la frontera cuando la luz del sol ya no alumbra en el horizonte. Sin miedo y con la adrenalina todavía a 1000 me acerco a los soldados israelíes que están en el lugar donde también cuida Yahil.

-¡Yahil necesita ayuda! - exclamo sin pensarlo no tengo idea que más decir en estos momentos.

Un soldado de lentes con ojos negros me mira sorprendido.

-¿Que dijiste, mujer? - pregunta con el ceño fruncido.

-Yahil está en peligro cerca de las ruinas - vuelvo a exclamar con el corazón en la boca.

-¿Cómo sabes tú eso? - pregunta otro con el ceño fruncido.

-Yahil se encontró conmigo en la tarde, mi hermano y otros hombres nos vieron a la salida y lo...golpearon...no pude hacer nada...para salvarlo...

-...Por lo que veo no fue al único al que golpearon - exclama el de lentes, me mira tomando más atención, intento tapar con mi velo lo que puedo de mi rostro lastimado - eres la palestina que se robó el corazón de Yahil ¿Verdad?

-No sé si su corazón pero...Sálvenlo, en estos momentos es lo más importante...por favor - suplico.

- Llamaré a nuestro superior para informarle de lo sucedido e iremos a buscarlo ¿Sabés sí sigue allí? - pregunta el otro soldado.

-No lo sé, no me dejaron volver - el soldado se va mientras habla por radio con alguien.

El muchacho de lentes me mira con tristeza y preocupación, saca de su bolsillo un teléfono.

-¿Cómo puedo contactarte, para avisarte de Yahil?

-No tengo celular, mi padre no nos permite y no puedo darte el número de mi casa.

-Entonces, te daré mi teléfono - me lo entrega - este teléfono solo es para contactarme con mis compañeros de la base - lo veo manipular algo en el teléfono - cambié el chip este número no lo conoce nadie, sólo yo, así que ni bien suene sabrás que te estoy llamando para avisarte de él.

-Shukraan...

-... Abraham.

-Shukraan, Abraham, yo soy Nadhid.

-Te llamaré ni bien tengamos noticias.

-¡Abraham! - gritan sus compañeros - ya hablamos con la base, hay que ir a buscar a Yahil.

-Prometo hablarte cuando tengamos noticias - Exclama mientras se aleja.

-Te agradezco.

-No tienes porqué, lo hago por Yahil... adiós.

Abraham se va, doy vuelta y siento todo mi cuerpo crujir, la adrenalina desapareció, el dolor volvió con más fuerza pero debo volver a casa así que aunque me duela el cuerpo debo apresurarme.

Miro a mi alrededor, poco a poco la ciudad está desapareciendo. Soy de las familias que tuvo suerte en Gaza, vivimos bien, hay otros que están sintiendo la guerra muy fuerte, Hamás es un estado que nos está destruyendo como lo hizo con Siria y Damasco, mi padre es amigo fiel de un gran comandante de Hamás por eso mi casa no siente los golpes del régimen, pero no sé por cuánto tiempo sucederá esto.

Llegó a casa, vuelvo a entrar por la puerta trasera, me topo con Aamaal que está encendiendo la cocina.

-¡Aamaal! - Exclamo asustada.

-Nadhid, corre a tu cuarto, antes que alguien te vea.

-¿No contarás nada? - pregunto sorprendida.

-Fuiste la única persona que luchó por mí, me cuidó y me visitó cuando estuve en el hospital, te ayudaré en lo que pueda, no importa que me suceda, al final ya lo perdí todo - Exclama con tristeza mostrando su rostro desfigurado por el ácido.

-Shukraan...

-Corre a tu cuarto...toma esto - me pasa unas pastillas - te hará pasar el dolor del cuerpo, dejé debajo de tu cama un ungüento para que te frotes los golpes.



Sissi Pamela Terceros Beltran

Editado: 22.06.2020

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