Lo Que Observa La Luna.

Miedo al olvido.

   Y entonces todo el cielo se tiñó de gris, pero no era un gris claro, era un gris obscuro, que avisaba consigo que una tormenta torrencial se avecinaba, y así fue, cerca de las dos de la mañana, abrí los ojos, miré hacia el techo y la lluvia golpeaba fuerte el gran tragaluz que tenía la habitación. Es increíble lo qué pasa de noche, lo qué pasa cuando uno yace dormido en su habitación, postrado en reposo, sin darse cuenta de nada, escuche a lo lejos a unos perros ladrando, un bote de basura del algún vecino descuidado que había dejado sin compasión ante el fuerte viento que había asediado aquella tarde y ahora, se encontraba rodando de un lado a otro por el asfalto. Cada tanto, un chorro de agua se dejaba caer sobre lo que supuse yo era el plástico con lo que cubríamos la lavadora, y digo que cada tanto, porque al parecer el agua se acumulaba y luego se dejaba caer, era raro, porque no teníamos ningún lugar en casa que tuviera esas cualidades, mi perro rascaba el piso y podía escuchar su olfateo fuerte e incesante, pero más aún, más allá de todo, lo que más fuerte sonaba aquella noche, no venía de afuera, si no de adentro, de adentro de mi, mi corazón había sentido unos pequeños acelerones que parecía que lo habían hecho salir de ritmo, lo cual es imposible, una arritmia cardiaca te puede matar, así que no, no lo era. Cerré los ojos, intentando concentrarme en descansar, pero había algo, algo estaba ahí y no me dejaba dormir, algo dentro de mi cabeza sonaba, pero luché, luché por ignorarlo y descansar. Dormí.

   Por la mañana, cerca de las siete, abrí mis ojos, ahora estaba boca abajo y un escalofrío me recorrió el cuerpo, intenté levantarme y no pude, solo tuve la fuerza de estirar mi brazo y alcanzar el celular que estaba sobre el pequeño sillón de descanso, lo jalé hacia mí para ver la hora. Tenía un par de notificaciones en la pantalla, una de ellas de mi hermana menor, solo pude leer "acaba de fallecer madrina..." una adrenalina me hizo dar un salto y me enderece, me quede sentado en la cama, viendo la pantalla y dudando sobre si debía ver la notificación o no, era obvio, yo lo sabía, todos lo sabíamos, era algo que de cierta y fría manera esperábamos, no porque lo deseáramos, si no porque era inevitable, irremediable y lo mejor para si misma, pensé, está descansando al fin. Me giré sobre mi eje y desperté a mi mujer, ella sobre saltada, asustada y aun adormilada me miró —¿qué pasa? — quise quebrarme, lo juro, pero me detuve. -madrina falleció- se lo solté sin pensarlo. Vi en sus ojos la tristeza, torciendo la boca por la reacción normal que nos provoca el cuerpo cuando nos sentimos tristes, me extendió sus brazos y yo la abracé también. Me pregunto — ¿Cuándo paso? — yo aun con el teléfono en la mano, lo desbloquee para contestar a su pregunta —No sé, acabo de ver el teléfono— sentí que la sangre me bajo hasta los pies, cuando en el mensaje leí "...como a las 2 me marcaron y ya estoy con ella en su casa, y si, ya está sin vida" y es que, precisamente a esa hora llovía, precisamente a esa hora, yo estaba despierto por algo que me hizo mirar al techo.

   Nos levantamos y comenzamos a planear el día, Richard, mi niño más grande, tenía la ilusión desde hace días de ir a un evento que organizaban de una estación de radio en una plaza comercial de la zona, él había hecho todo por estar ahí, marco por teléfono para inscribirse y se apunto ilusionado por ir, por estar ahí. Yo, como todo padre, no quería destrozarle sus sueños, pues, a esa edad, uno se emociona con cosas de lo más básicas, la única etapa en la vida en que todo es felicidad, porque en mi época, hasta jugar con canicas era lo mejor que podía pasarle a uno. Mientras se disponía a bañarse y alistarse, mi mujer me insistía en que dejáramos el evento del niño de lado, pues el entendería que era una situación especial, por mi parte, yo le dije que teníamos que ir, el niño no tenia la culpa de nada y que, no quería que él se sintiera triste. Entendía a mi mujer, ella solo quería apoyarme como siempre lo hace, pero también me paso por la cabeza, que el niño, tenía su ilusión y no la quería arruinar, que mi madrina, hubiese pensado igual que yo y que al final, mi hermana ya estaba haciendo todos los tramites, yo no ayudaría en nada, quizás solo estorbaría mas y como dice mamá, "si no ayudas, no estorbes".

   Roger entro a la habitación, como comúnmente lo hace los domingos que estoy en casa, brincando y gritando feliz. Intente disimular el sentimiento que tenía dentro de mí, pero yo sé que él lo noto, él estaba mirándome a los ojos, sin embargo, insistió, me mostro unos dibujos que hizo en una libreta y me comenzó a decir que los pegaría en un cartón, tal cual lo hizo su hermano mayor. Mi mujer salió de darse el baño y le indico a Roger, que era su turno. El niño corrió a su cuarto y preparo su ropa entusiasmado, en su cabeza rondaba solo la idea de ir a acompañar a su hermano al gran evento del radio. — ¿Le dijiste? — me pregunto —No— conteste sin mirarla —¿Por qué no? — insistió —porque, es un niño muy pequeño, él no sabe de eso y no lo quiero mortificar— le dije aún, con la cabeza agachada, mientras leía y releía el mensaje de mi hermana. —Puedes decírselos, ellos son niños muy fuertes y lo entenderán— no conteste nada, solo me quede ahí viendo la pantalla. Cuando Roger volvió del cuarto con su ropa lo detuve y le dije —¿Recuerdas a madrina?, la señora que fuimos a ver varias veces a casa de la abuela y que fuimos a ver a su casa también— Se quedo serio, con la ropa echa bola en sus manos y mirándome a los ojos, con esa misma expresión de miedo y angustia que pone cuando hace algo mal y le llamamos la atención. — Si — dijo mientras pasaba saliva y movía la cabeza de arriba abajo. —Bien, pues, ella acaba de fallecer, por su enfermedad ¿recuerdas que lo habíamos hablado? — Volvió asentir con la cabeza, y aun mirándome así, con los ojos como platos negros y profundos —Lo siento papi, ¿Hoy en la noche podemos rezar por ella? — Sentí que el corazón se me estrujo, me sentí como en aquellas estructuras que hacen de piezas de domino o con tablas de jenga, intentando recrear monumentos colosales, me sentí así, como aquella ultima pieza colocada, con el temor de derribar por completo todo, así. Pero por fuera, solo asentí. Richard por su parte, se levanto un poco mas adormilado, pero quizás en su cabeza, el primer chispazo que le vino fue el de su gran día, así que se levantó rápido de la cama y tomo su toalla, se metió a la regadera y comenzó a bailar y cantar dentro de la misma, mientras tanto, yo comenzaba a llorar aún sentado en la orilla de la cama, recibiendo el consuelo de abrazos y besos de mi mujer y de Roger. —Preparare café— me dijo ella, enjugándose las lágrimas y desapareciendo rápidamente del cuarto. Le dije a Roger que se fuera a cambiar y me pare para ir hasta la puerta del baño a notificarle a Richard lo que había pasado —Apúrale papá— le dije, como comúnmente le digo yo a él —Hoy es un día que tenemos muchas cosas por hacer, por favor apúrale— Richard asintió al tiempo que dejaba de cantar y cerraba la llave de la regadera. —¿Recuerdas a madrina?, bueno, es que...— Me interrumpí antes de soltarlo por completo, a lo que él, solo asintió con la cabeza y después se seco el pelo. Lo entendió, salió del baño casi corriendo y se fue a su cuarto. Yo tome una toalla y me metí a bañar, llore.



Orlando G

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Editado: 11.09.2019

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