Los Duros Golpes de la Vida

Capitulo VII: Afrontando la realidad

Volver a clases un día lunes después de todo lo que había acontecido fue exasperante, siempre pasó por desapercibida cada vez que piso esta institución, pero ante la mirada de los chicos era como que imposible, sus ojos se fijaban de forma inmediata a mí, aún es difícil de asimilar que alguien más se percate de mi existencia.

Me fui temprano como siempre suelo hacerlo, llegar puntual a las clases no es mi prioridad en realidad, es solo una falsa excusa para enmendar el hecho de que quiero evitar a cualquier costa ser percibida por todos, por lo cual trato de llegar siempre antes por ese motivo.

Llego al instituto a las 6.40 am y las clases comienzan a las 7:30am, me dirijo a salón de forma inmediata, aun los pasillos están medio desolados ya que todos siempre llegan a las hora justa del timbre que es a las 7:20am, diría que también tengo la ventaja de vivir en el mismo sector del instituto por lo cual la ruta del autobús es más corta y rápida. Nunca tome el bus escolar, ni he ido a los viajes y retiros escolares, mi madre siempre reprochaba mi actitud, pero nunca me obligo a hacerlo, sé que era un tema muy constante en las reuniones escolares porque era algo de lo que siempre quería hablar, pero agradezco su manera sutil de no involucrarse de forma abrupta en mis decisiones.

Aun me es difícil asimilar el hecho de no llegar temprano. El instituto está casi vacío cuando llegaba fechas anteriores y encontrarlos a ellos de pronto todos los días a la misma hora de mi llegada, fue tan feliz para mí, se amoldaron a una rutina que poco a poco fui dejando gracias a ellos.

Llevaba varios días consiguiendo llegar más tarde de lo normal, ya que nos encontrábamos todos en la estación de autobús para irnos juntos y algunas veces nos escogimos el ir caminando, le dieron sabor a mis días simples.

Pero como dijo mi madre “Retrocedí 100 pasos”, cuando apenas había avanzado 10 pasos. Hoy lunes cuando solo falta mitad de año para mi graduación vuelvo a venirme temprano sin compañía de nadie.

Al llegar todo es como solía ser antes, un vacío crece en mi interior, aunque solo fueron algunos días en los cuales llegaba a una hora distinta, sentía que equivalían a esos dos años en los cuales me venía sola, y un suspiro salió de mis labios justo cuando cruzo el umbral del salón de clases.

 

  • Sabía que vendrías, porque no me sorprende – dice Leo sentado en el asiento continuo al cual siempre escojo.

 

  • ¿Qué haces aquí? No les escribí así que pensé que se supondrían que no me vendría con ustedes – dije sin lograr mirarlo a los ojos porque sabía que me encontraría con una total mirada de decepción.

 

  • Los chicos pensaron que no vendrías, les dolerá mucho ver que volvemos al principio, pero me duele más a un que no me mires a los ojos, mírame, quiero que veas mi expresión ¿acaso no te das cuenta de lo importante que te has vuelto para mí? Todo esto me está volviendo loco, no sé cómo lidiar con mi vida y resulta ser que me enamore de otro completo desastre, ¿dime que hacer? – no quería verlo pero sus palabras me obligaron a hacerlo y mis lágrimas brotaron sin control alguno al ver que por su hermoso rostro también se escurría un llanto descontrolado.

 

  • Leo yo… no sé qué decirte, yo – las palabras no salían de mis labios por más que tratara mi cuerpo y todo raciocinio se congela ante la imagen que presenciaba mis ojos, la cual quedara grabada en mi mente por siempre.

 

  • No digas nada Maydelin, no espero que esto sea mutuo pero si esperaba un cambio de tu parte, creo que ya me canse de esperar algo de los demás y por eso actué por mí mismo, pero creo que el resultado es el mismo si esa persona no quiere cooperar. Nos vemos luego en la clase de castellano, adiós – y secándose las lágrimas sale del aula donde tendría clases, sin voltearme no puedo asimilar lo sucedido, aun las lágrimas descienden por mi rostro deseando que los días solitarios vuelvan para así no sentir este revuelco en mi corazón.

 

La clase transcurrían y mis pensamientos estaban totalmente desconectados de mí, las palabras de Leo se repetían constantemente, y mordía mis labios ante el impulso de sentir las lágrimas inundar de nuevo mis ojos. La mañana transcurrió y en el receso no me encontré con ninguno de los chicos, y por primera vez sentí que el universo o si existe un Dios este estaba de mi lado solo por este instante, porque de solo encontrármelos no sabría cómo proceder. La clase de castellano es la última que veo en el día, así que tenía hasta las 11am para ver de nuevo a Leo y saber cómo portarme o que decirle, pero siendo sincera nada pasaba por mi mente y la frustración me estaba volviendo loca. Tomo mi vianda del almuerzo y me dirijo a la azotea donde siempre suelo comer para no ser vista por nadie, los últimos días solía hacerlo en alguna parte del patio que es la menos transcurrida junto con Sam, Carlos y Leo y al darme cuenta de ello lloro desenfrenadamente a todo pulmón con la confianza de que nadie puede escucharme.

  • Pensé que solo yo sabía de este lugar, vengo aquí cuando tengo algún momento libre o logro escaparme de Sam y Carlos, pero desde que te conocí deje de hacerlo, porque encontre algo más que capto toda mi atención – cuando escucho esa dulce y ronca voz me detengo abruptamente liberando un último sollozo para levantarme inmediatamente, volteándome al otro lado de la azotea, así consiguiéndome con Leo sentado en uno de los muros del edificio.



Maria Castalia. Escritos de una chica

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En el texto hay: romance

Editado: 23.07.2018

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