Los encantos de Elijah

Capítulo 10

Dejó de saltar al escucharla, dio el último trajo a su cerveza antes de arrojar el vaso completamente vacío al agua.

—El tal Elijah es un desastre para nuestro planeta —opinó Adrián, negando al ver el vaso flotar en el agua—, y aun así le gusta a pudín. ¿A pudín le gustan los hombres así?

—No, pero a éste sí le perdona muchas cosas —analizó—. Creo que no lo hace, pero las pasa por alto porque está lo suficientemente ocupada perdiéndose en su "mirada"

—Ya, creo que lo entiendo.

Le observó acercase a ella en paso lento, tambaleándose en varias ocasiones asustándola de que pueda resbalar y beber agua.

— ¿Me hablas a mí? —Preguntó al recargar la cabeza a la orilla de la alberca sobre su brazo, mirándola sonriente.

Verlo de esa forma le pareció tierno, pero esta vez no le nublaría el juicio.

—Sí, tenemos que irnos —Elijah negó divertido, rascando su reciente barba de días—. No me importa si no quieres, tengo que llevarte a tu casa. —Habló con decisión.

—N-No me voy con alguien que no conozco —esas palabras si llegaron al corazón de Susana, ¿estaba de broma? No reconocía a la persona que le reclamó por mirarle en el baño, no recordaba haberla ayudado y burlado de ella al dejarla al ignorarla el autobús, bueno, debía comprender, no suelen verse las caras más que unos míseros pares de veces—. Yo estoy pasándola bien.

Ignorando sus palabras, se inclinó hasta su altura y tiró de su brazo con fuerza.

—En este momento me importa muy poco tu opinión —al no conseguir siquiera moverlo de ahí a causa de su gran tamaño, pide ayuda a Adrián y Delia. Cuando estos se hubieron unido, Elijah no tuvo más remedio que cooperar un poco y salir de la alberca, escurriendo agua—. Eres más adorable cuando te pones más cooperativo —se atrevió a decir.

—Y tú te pareces... es que... estoy... —comenzó a balbucear palabras sin sentido. Al final, él mismo se puso el dedo entre los labios.

—Míralo, está tan perdido —dramatizó Delia—. ¡Para lo que importa!, Debemos irnos a la de ¡ya! Estaré en problemas, mejor dicho lo estaremos. Tómalo y vámonos de aquí. —suplicó lo último.

Era el momento de volver a casa junto con él, ahora era cuando agradecía haberlo seguido una vez hasta su casa; gracias a ello podría llevarlo sin problema.

—Dame la llave de tu camioneta —habló autoritaria, poniendo su mano casi en su rostro.

Elijah frunció el ceño, y suspirando sacó de su bolsillo derecho la llave sujeta a un cuero café—en ese momento oscuro—, mojado y con unas palabras cocidas en hilo azul "Chapala, Jalisco".

— ¿Para? —preguntó en un tono más bajo, sumiso ante la voz de la persona que reconocía muy bien.

— ¿Para qué más, bobo? Necesito manejar y llevarte a tu casa —estaba segura que casi estaba conversando de manera normal con el chico que la tiene literalmente loca—, dámelas ahora.

—Bueno —cedió su llave. Al recibirlas, enseguida tiró de su brazo y lo arrastró fuera del casino a toda prisa, seguidos de su amiga y hermano—, ¡Cuanta violencia!

—L-Lo siento, tenemos prisa —se justificó—. ¿Dónde está la camioneta? —preguntó al detenerse en el estacionamiento.

Rascó su nuca, confundido. Miraba a todas direcciones buscando su camioneta azul marino, señaló posibles sitios y al final, admitió no recordar dónde lo estacionó al llegar.

Después de enviar a Delia a comprar al OXXO más cercano un café para Elijah sabiendo que al menos de esa forma disminuiría un poco su estado actual, Adrián se ofreció a buscar la camioneta en cuando le hubieron descrito como era.

Ambos se quedaron solos, Susana se centró en un punto específico evitando de esta forma mirarlo, él por su parte, al no poder mantenerse en pie por sí mismo, prefirió recargarse en un auto estacionado de color naranja. Balbuceó algo que Susana quiso preguntarle que era, supo que sacudía su cabello cuando sintió un par de gotas frías en sus pies.

Quitándose la idea de encararlo y reclamarle por sus acciones de esta noche, optó por mirar la hora que marcaba su celular y volver su vista a la calle donde no hace mucho se fue Delia en busca del café.

Detrás de ella, Elijah se deshacía de su camisa sin tener mucho éxito. Suspiró, al sentirse derrotado por un par de botones.

—Oye, tú, ¿puedes ayudarme? —al girarse y ver que necesitaba, casi desfallece.

—Pero... pero... ¿Qué estás haciendo? —Realmente estaba loco, se desnudaría en una vía pública y peor aún, frente a ella, regalándole las mejores vistas.

—No quiero resfriarme —Increíble, aun estando ebrio pensaba en su salud—. Mamá decía que con la ropa mojada puesta uno se enferma. —Al hablar de su madre en pasado, dedujo que detrás de su vida alocada, se encontraba una historia triste.

Asintió, eliminando sus pensamientos sucios y pervertidos, y se acercó a ayudarle. Desabotonaron los restantes tres botones, Elijah interfiriendo en su labor, poniéndola nerviosa a cada rose de sus manos. Al haberse quitado la camisa por completo, Susana logró leer lo que tenía escrito en el pecho, al perecer no se trataban de simples rayones sino que decía: me debes un beso, perdedor. Se hizo una idea de quien la escribió y se preguntó si pagó su deuda.

—Ya... está —retrocedió a un lado de él, sin percatarse que tropezaría al tener Elijah su pierna derecha extendida y puesta en la llanta del auto continuo, con el fin de estar recargado cómodamente sin caerse.

Pegó un chillido al imaginar que caería al suelo, cerró los ojos esperando lo peor.

En un rápido movimiento, la tomó de la mano y tiró de ella hacia él, quedando sus cuerpos a escasos centímetros. Sus delgadas manos tocaron una piel húmeda, abrió los ojos con lentitud comprobando que sus manos estaban en el torso de Elijah, podía sentir su corazón palpitando a gran velocidad por el susto que se llevó al imaginar que caería por su torpeza. Pudo sentir su respiración sobre ella, su aliento a alcohol, podía sentir que la miraba y no tenía el valor de levantar la cabeza y hacerlo también.



L. Enríquez

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En el texto hay: bodas forzadas, matrimonio, seduccion

Editado: 12.07.2020

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