Los Errantes

Capítulo 4 Aquella Noche De Luna Roja.

"Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con que cuerpo vendrán?"

Corintios 15:35

 

Los cinco avanzaron dentro de la oscuridad, la mujer que les había abierto la puerta los condujo por un pequeño salón que se iluminaba tenuemente por algunas veladoras, dio vuelta y les señalo donde podían recostar al hombre, era una especie de butaca o banca.

   —mi nombre es Mirthala. Dijo penosamente y a su vez se enredaba más en un viejo suéter de estampado a cuadros deslavados.

   —mucho gusto señora, mi nombre es Alejo Garza, él es Ténoch y este pequeño es Daniel.

   Dijo tomándolo por la cabeza.

   —¿Y el señor quién es?

   Señalo Mirthala al hombre que estaba aún inconsciente.

   —Me creerá que no lo sabemos, lo encontramos a mitad de la carretera un poco...

   Antes de que don Alejo pudiera terminar su frase el marino lo interrumpió.

   —...desorientado, pero se pondrá bien. La mujer torció la boca en señal de desaprobación y miro fijamente al marino.

   —¿Lo mordieron?

   Don Alejo y el marino se miraron uno al otro.

   —pues vera señora, con todo respeto, el hombre ha tenido un día bastante difícil, no sabría...

   La mujer señalo el brazo vendado del hombre.

   —fue una simple pregunta, quisiera que me la respondiera sinceramente si no es mucha molestia. Le torció la boca, su tono de voz había cambiado a uno un poco más intenso, el marino miro de vuelta a don Alejo quien agito las manos en señal de negación y reflejando nerviosismo, curvando las cejas y hundiendo la cabeza entre los hombros, pero sin decir una sola palabra.

   —No, lo rescatamos de un accidente y tuve que amputarle el brazo para que no se le infectara. La mujer levanto una sola ceja.

   —heroico su accionar, pues bien, esperen un momento, ya vuelvo.

   La mujer dio media vuelta y salió casi disparada hacia el fondo del lugar, ambos hombres se quedaron un momento en silencio contemplando el lugar donde se encontraban. Se trataba del salón principal de la iglesia, un rayo de sol lo atravesaba de lado a lado, desde un vitral de Juan Diego y terminando justo en la puerta por la que habían entrado.

   La mayoría de las bancas habían sido apiladas en la entrada principal y otras tantas se perdían en la sombra de los pasillos laterales, a excepción de unas cuantas que formaban un cuadro dentro del cual se encontraban. Don Alejo se dio cuenta que se encontraban frente a la figura de Jesucristo crucificado.

   —ahí tienes ahora, estamos atrapados en esta iglesia con una vieja más decrépita que tú y que probablemente está loca, nos arriesgaste a todos con la decisión de salvar a este hombre del cual ni siquiera sabemos su nombre.

   Don Alejo miro al marino y se llevó el puño a la boca, carraspeo.

   —es tu deber proteger a los demás. El marino frunció el ceño.

   —¿mi deber dices?, mi deber se terminó cuando esas cosas se comieron, mataron y despedazaron a mi pelotón, debes entender que el hecho de haber estado en listado en la marina hasta hace cuatro o cinco días no me suma la obligación de ser un rescatista, yo también estoy aquí sin saber nada de mis superiores ni de mi fam...

   El marino se vio interrumpido nuevamente cuando un hombre entro al salón seguido de varias personas, entre ellos Mirthala.

   —buenas tardes señores, yo soy el padre Evaristo, soy párroco de esta iglesia ¿con quién tengo el gusto?

   Dijo el hombre vestido con una sotana al tiempo que extendía su mano hacia don Alejo.

   —mucho gusto, pues yo soy Alejo Garza, este es Daniel y él es Ténoch. Los volvió a presentar, pero ahora frente al grupo de gente.

   —¿Y él quién es?

   No pudo esquivar la pregunta.

   —le comentábamos a la...

   El marino intervino, pero hizo una pausa al no saber definir la situación de la mujer, pues en su entender una mujer de aquel aspecto no podía ser casada, aparentaba más bien ser del tipo, solterona.

   —Señorita. Recalco la mujer apretando sus dientes y volviendo a su afanosa ceja.

   —...señorita Mirthala. Continuo el marino. —...que desconocemos su nombre, debido a que lo encontramos a mitad de carretera, estaba desorientado y...

   El hombre con la sotana hizo un movimiento de desaprobación con la mano interrumpiendo su discurso.

   —¿Lo mordieron?

   El marino extrañado, más por su auto control que por la misma pregunta o el accionar del párroco.

   —hasta donde sabemos, no. Dijo don Alejo.

   —desnúdenlo y revísenlo. Ordenó el padre a dos de sus acompañantes.



Orlando G

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En el texto hay: terror, zombis, demonios

Editado: 05.08.2020

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