Los Errantes

Capítulo 6 Un Plan.

"El día de la retribución: Es el día en que nadie podrá hacer nada por nadie.

Y ese día el mandato será de Allah"
Sura 82, El Corán

Regresaron dentro y cegados por la luz del sol, solo pudieron caminar uno detrás del otro intentando llegar sin tropezar hasta el salón. Cuando llegaron, el herido estaba en medio del circulo que habían formado los que estaban ahí. El hombre portaba unas tijeras de una punta muy filosa. 

—¿quiénes son ustedes, donde estoy, donde está Emilia?

   Estaba temblando, el muñón le había vuelto a sangrar y lo mantenía por detrás de él.

—¡cálmate hombre, cálmate! —El marino se había acercado a él por en medio de la gente, con ambas manos donde eran visibles para el hombre que estaba por demás nervioso— mira, no te queremos hacer daño, estas en un lugar seguro, nosotros te trajimos aquí, no hay necesidad de que nos pongamos violentos ¿ok?, ahora, por favor, relájate y baja las tijeras.

   —no te conozco, no se quien rayos eres ¿y me pides que me calme?

   —yo te entiendo amigo, solo por favor baja las tijeras y lo hablamos, no tienes de que preocuparte.

   —¿y dónde está Emilia?

   —¿quién es Emilia?

   Le contesto el marino haciendo con ambas manos un ademan de arriba abajo, como intentando que se tranquilizara.

   —Es mi esposa, venia conmigo en el coche, estábamos…

   El hombre rompió en llanto, pero sin bajar la guardia ni dejar de mecerse hacia delante y hacia atrás.

   —hermano, no lo sé, pero la encontraremos ¿ok?

   Seguía llorando y apuntaba en todas direcciones con las tijeras. Dany seguía escondido detrás de Alejo, el cual no hacía más que observar el actuar de Ténoch, mientras que los demás intentaban no moverse, para no asustarlo más. Alejo vio como una sombra se movía por detrás del hombre con las tijeras y comenzó a contar el total de los que estaban ahí, faltándole dos personas, Humberto y Evaristo.

   —no la encontraremos, ella está muerta, ahora lo sé, está muerta, debieron dejarme morir para estar con ella. Yo la vi salir disparada del coche, yo la vi regresando a la vida. Yo la vi.

   —hermano, todos en este cuarto hemos perdido a alguien, esto es lo que está pasando ahora mismo, solo te pido que te calmes y lo dialogamos.

El marino agito la cabeza, negando, al ver que alguien se acercaba por detrás del hombre con las tijeras.

   —no, tu no entiendes, yo lo vi desde antes de que esto pasara, yo lo vi tal cual vi que a todos nosotros nos pasara.

   El hombre no dejaba de llorar, dejando caer las tijeras y dejándose caer hincado en donde estaba parado. Ténoch pateo lo más lejos que pudo las tijeras y cuando regreso la mirada.

   —¡no, espera!

   Grito Alejo desde atrás, pero sin éxito. Humberto ya estaba completamente detrás del hombre, el cual, solo le soltó un puñetazo en la oreja y lo derribo, noqueándolo nuevamente.

   —lo siento, pero no puedo exponernos a que este loco le haga daño a alguien o peor aún, mate a alguno de nosotros.

Humberto se volcó sobre el cuerpo inerte del hombre y saco unas esposas de uno de sus bolsillos y la coloco en la mano de aquel hombre, luego recordó que no tenía el otro brazo.

   —bien hecho genio. Se burlaba Ténoch.

   —solo es para detenerlo, cosa que no te funciono muy bien a ti.

   Humberto arrastro al hombre de nuevo hasta la banca donde había estado acostado y paso la esposa por una de las patas de la misma, amarrándola en el mismo aro que ahora tenía en su muñeca aquel hombre.

   —tenemos que sacarlo de acá, no podemos dejarlo aquí, esta demente, aunque tampoco lo culpo, las cosas que han estado pasando tampoco son de lo más normales, ¿cierto?

   Humberto agarraba aire mientras se lo planteaba al grupo.

   —no creo que debamos sacarlo, como les dije, estaba en medio de la nada, esta deshidratado y desorientado, es obvio que aún no está del todo en sus cinco sentidos.

   Alejo trataba de dar su punto de vista con respecto al hombre que el mismo había traído consigo.

   —eso lo entiendo, pero ¿y si se pasa de la raya?

   —¿en serio piensas que pueda hacer algo? La verdad yo lo dudo, si hubiese querido lo hubiera hecho, nada lo detenía, si bien somos muchos, tampoco es como que le importara si estuviera tan loco como lo dices.

Ténoch apoyaba en cierta medida a Alejo, aunque en su cabeza ya se maquinaba una idea diferente.

   —pues entonces pongámoslo a votación, lo hacemos democráticamente y san se acabó, así de simple. Humberto parecía molesto por la insistencia de los hombres.



Orlando G

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En el texto hay: terror, zombis, demonios

Editado: 05.08.2020

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