Los ojos de la Luna [2.2]

Capítulo 8| Una casa decente

B U N N I E🌙🌙🌙

B U N N I E
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Despierto por el ruido de la puerta de Anker ser abierta, aun somnolienta miro que mi amigo sale y estirándome un poco me pongo en pie. Tomo mis pantalones y me los pongo para luego salir con unas pantuflas de mi amigo. El pasillo de la casa es silencioso, pero en la cocina se puede escuchar el sonido de los sartenes. Apenas entro en la cocina veo a Apolión preparando huevos revueltos mientras canta algo se mueve por toda la cocina. Cuando se gira a poner la comida en un plato se congela al verme en la puerta de la cocina y Anker se gira al ver que su padre se quedó mirando algo más haya de donde él se encontraba.

– Buenos días Bunnie ¿dormiste aquí? – pregunta el pelinegro volviendo a poner nueva mezcla en la sartén para seguir cocinando.

– Sí, tuve problemas con mi padre y vine para aquí debí avisar perdón – le respondo sentándome alado de Anker que parece aun tener los ojos un poco pegados por el sueño.

– No tengo problemas con que duermas en la casa, pero teniendo a Nina es mejor que duermas en su habitación ya no son niños – me comenta Apolión sin dejar de mirarme – Espero que no hayan hecho nada quiero que mi hogar siga estando decente – risitas se escucharon viniendo hacia la cocina y vimos a Nina en ropa interior corriendo mientras gritaba.

– NO ME QUIERO BAÑAR – detrás suyo apareció Diana desnuda envuelta en una toalla negra y corriendo detrás de su hija con otra toalla. Cubrí mi boca para no reírme esto es lo mas surrealista que me paso en esta casa y eh vivido cosas raras aquí.

– Nena tienes que ducharte para ir al kinder – la madre de mi amigo atrapa a la niña y ambas salen de la cocina casi sin percatarse de mi recencia o la de mi amigo y su padre.

– Como iba diciendo mi casa es decente y no quiero que anden asiendo cochinadas – con Anker nos miramos y comenzamos a reír, nunca se me había pasado por la cabeza hacer algo con Anker. El pelinegro toma mi mano por debajo de la mesa y doy un pequeño salto por la sorpresa, lo miro y sus ojos ya más despiertos se ven de un color gris oscuro.

– Tranquilo papá no hicimos nada, Bunnie durmió en la cama extra no pasó nada entre nosotros. Y mamá me dijo que tú y ella durmieron en su misma cama hasta entrados en la universidad y aun eran amigos – le contesta el moreno a su padre que se congela un minuto, pero se recompone enseguida.

– Es diferente tu madre y yo siempre hemos tenido esa confianza – con Anker nos reímos de la respuesta de Apolión, pero de todas formas no seguimos diciendo nada sobre el tema. Desayunamos tranquilos y al cabo de un rato bajan Diana y Nina ya vestidas y prontas para su desayuno.

– Hola Bunnie perdón por no haberte saludado antes, pero Nina me mantuvo algo ocupada – Diana es una mujer que realmente admiro mucho mas haya de que sea una gran madre y semidiosa. La admiro como mujer, es una gran cirujana y esta en un constante aprendizaje de los nuevos descubrimientos de la medicina moderna sobre la cardiología. En síntesis, me gusta mucho la familia unida que tiene Anker.

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La broma a las niñas que molestaban a Catalina fue todo un éxito y para celebrar nos reunimos en la cafetería de la mamá de Kevin. Pero entrado la noche un mensaje de Samanta la hija de Eros nos llevo a ir a su casa a una pequeña reunión que termino siendo una enrome fiesta. Por lo general me gustan las fiestas, se escucha buena música, se come bien y las bebidas son gratis por lo que no hizo falta mucho para convencerme de que me quede.

– Anker quédate la fiesta está muy buena – le digo al pelinegro que no parece muy convencido de estar en este lugar. Anker no es una persona muy amante de las fiestas y si asiste a una casi siempre es como barman pues es muy bueno haciendo tragos.

– Bien me quedare, pero solo será por ti – sus palabras me hicieron sonreír y sin perder tiempo me lo llevo a la pista de baile donde todo era oscuridad y luces de colores que nos iluminaban de manera centellante.

Abrazándome al cuerpo de Anker me movía al ritmo de la música, algo que me gusta mucho es bailar y no se dé donde lo herede eso, mi padre se mueve menos que una tabla y mi madre bueno no es una gran bailarina que digamos. Le gusta mas cantar o escuchar una buena música tranquila, todo lo contrario, a mi que me gusta mover el esqueleto hasta que mis pies pidan a gritos un descanso y aun así sigo bailando. De pequeña iba a una academia de baile y disfrutaba mucho de las clases, pero cuando mis padres se divorciaron deje de asistir a la academia y nos mudamos lejos.

Me detengo cuando veo que Anker ya no puede bailar mas y tomando su mano lo llevo a la cocina donde tomos una botella de un enorme barril con hielo cada uno y salimos fuera a tomar un poco de aire. En el cielo la noche oscura nos saluda con destellantes estrellas y no veo a mi madre, me siento algo decepcionada pero no me desanimo al ver a Anker mirarme. Su sonrisa perfecta, su pelo pegado en su frente por el sudor y su pálida piel brillando por las tenues luces de la casa. Con el eco de la música nos acercamos de manera lenta sintiendo nuestras respiraciones agitadas por el cansancio del baile. La mano fría del pelinegro acaricia mi mejilla y yo lo miro a sus ojos cambiantes de color negro al gris y cierro mis ojos continuando con esta peligrosa cercanía.

– Dijiste que querías ir despacio – sus palabras chocan contra mis labios casi en un susurro débil, pero que logre entender y abrí mis ojos para ver los suyos tan deseosos.



Danny Baladon

Editado: 14.01.2021

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