Luna Azul Dos Vidas Una Misma Alma

CAPITULO 20: Rival. ♡

N/A holiwish la semana pasada tuve una fuerte intoxicación y por eso no pude publicar, pero hoy habrá capítulo doble para compensarlo. Si les esta gustando esta historia me gistariq saber sus opiniones.

ANNY CAMPBELL.
─── ∙ ~εïз~ ∙ ───

Siento la caricia en mi cabello antes de abrir los ojos. La mano de Nicole acaricia mi cabello con una suavidad que me ancla a la realidad. Sé que ella sabe lo que pasó, cómo el asqueroso de mi ex novio y Kara se burlaron de mí. Desde entonces, ya no soy la misma. Me remuevo en la noche, atrapada en sueños fragmentados. Somos como la noche y el día, Nicole y yo, pero eso no es impedimento para ser buenas amigas.

Abro los ojos. La luz gris de la mañana se filtra por la cortina. —Buenos días, Nicky —digo. Me gusta sentir sus caricias, es un recordatorio de que no estoy sola—. ¿A qué hora llegaste? Seguramente muy tarde.

—Y como siempre tienes razón —ríe por el comentario, su voz llena de una energía que yo no poseo—, aunque no tan tarde como crees. Además, conocí a un hermoso chico y me invitó hoy a una cita... Ah, pero tranquila, que le dije que no. Pero sí le di mi número. Y dirás: «Nicole es un extraño», pero Anny, es un extraño muy guapo.

Pongo los ojos en blanco. Nicky no cambia. Hay algo que siempre envidio de ella: la seguridad que muestra y que yo no tengo. Nicole es fuerte y decidida; aunque caiga, siempre se pone de pie con más fuerza. A diferencia de mí, que tuve que irme para tener un poco de paz.

—Anny.

—Sí —vuelvo a la realidad por aquel llamado—. ¿Decías algo?

—Decía que quiero que hoy tengamos un día de chicas. No estaré mucho aquí y me gustaría que estemos juntas el tiempo que me reste en Bucarest...

—Me gustaría que así fuera.

Me levanto de la cama. Hay algo que tengo días en mi mente, pesando en mis cosas: no irme de vuelta a Colorado, no quiero regresar, no ahora.

—Por mí está bien. Iré a darme un baño y luego tú y yo nos iremos fuera todo el día a conocer Bucarest.

Apenas entro al baño, me recargo tras la puerta. Cierro los ojos un instante. No fui capaz de decirle a Nicole que volver no es algo que me entusiasmase mucho. El silencio del pequeño cuarto me envuelve, frío y solitario.

──𖥸──

El cielo sobre el museo es del mismo color que la piedra antigua que tengo frente a mí. Nicole al ver la estructura, cierra los ojos con fastidio, aunque sabe que de mí esto se puede esperar. Aún así ella tenía esperanza. Mismas esperanzas que caen cuando ve el enorme letrero que dice: *Museo de Historia de Rumania*.

—Nicky, hoy tienen una exhibición muy interesante —digo, aunque al ver la expresión de Nicole sé que venir al museo no ha sido la mejor idea. «Anny, sabes que a Nicky estas cosas le aburren».

Me siento culpable. El viento frío me golpea la cara.

—Debí escoger otro lugar. Bu-eno, aún es temprano. Si gustas, podemos ir a otro lugar, algo más llamativo...

—Shu, calla, Anny ni loca nos moveremos de este lugar.

Su voz cambia, se vuelve cómplice. Una sonrisa pícara curva sus labios.

—¿Recuerdas al chico guapo que te mencioné hoy en la mañana? —inquire sin dejar de reír.

Siento un escalofrío que no tiene nada que ver con el clima.

—Anny, ese chico está aquí. Lo estoy viendo en este momento, unos metros tras de ti.

—A ver...

Nicky me toma de los hombros, evitando que me dé la vuelta. Sus manos están firmes sobre mi abrigo.

—Espera, debes ser sutil. Nos acercaremos de forma tranquila para que suene lo más natural posible. Está con otros dos chicos, igual de guapos. Contaré hasta tres y, en cuanto eso ocurra, te darás la vuelta de manera discreta.

—Está bien, está bien. Solo suéltame y haré lo que me dices. Seré discreta.

Nicole suelta mis hombros. En cuanto estoy libre, me doy la vuelta lentamente y allí lo veo. El chico que Nicky describe. Su cabello platinado ceniciento y ojos verdes lo hacen ver apuesto. Pero hay otro chico que ha llamado demasiado mi atención, es aquel que hace poco había encontrado mi bufanda.

Parpadeo repetidas veces para asegurarme de que es él. Sí es él no puedo confundirme. Ese peculiar color de ojos gris nunca lo he visto en nadie más. Me atrapa desde la distancia, imán y advertencia.

Nicky me toma de la mano, llevándome a rastras al trío de chicos. La escucho llamar al albino, que responde al nombre de Noah. Mi amiga suelta mi mano y yo no sé qué hacer. Aquel sujeto de cabello castaño me mira como si quisiera decirme algo. Su mirada es intensa, pesada.

—Hola —saluda yo quien habla, pero me siento fuera de cuerpo—. Soy yo, Taylor. ¿Me recuerdas, Anny? —arguye el amable castaño, acercándose.

Nicole viene con una expresión que no sé cómo interpretar. Yo, por otra parte, vuelvo mi atención a Taylor. —Sí, te recuerdo y una vez más, gracias por encontrar mi bufanda.

—Si no ven las señales, yo sí las veo, chicos —comenta Nicole, emocionada. Su energía llena el espacio entre nosotros—, Noah, tú y tu amigo podrían acompañarnos a mi amiga y a mí el día de hoy. Como una cita doble.

—¿C-cita!

Mi amiga y sus geniales ideas. Mi rostro arde. Seguramente estoy roja de la vergüenza. Al ver a Noah, compruebo que la única abochornada no soy yo.

—¿Qué dicen, chicos? —pregunta la rubia, esperando una respuesta afirmativa—. Anny y yo no somos de aquí y quisiéramos...

—Nicky —susurro, queriendo que la tierra me tragara viva—. Llegaremos tarde...

—Si Taylor no tiene inconveniente, claro que podemos acompañarles a ustedes dos...

—Por mí no hay problema. Tampoco Sett, ¿te apuntas?

Veo al pelinegro de coleta alejarse. No puedo evitar sentirme mal. Ellos quizás tenían planes y mi amiga Nicole y yo posiblemente arruinamos todo al pedirles acompañarnos. Aunque fue idea de Nicky, igual me siento culpable por traerla al museo.

—¿Señorita?

Taylor dice mi nombre. Mueve con suavidad la mano frente a mí, tratando de obtener respuesta.




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