¿Hasta cuándo hay que seguir soportando la violencia? ¿Hasta cuándo tendremos que lidiar con la indiferencia de la sociedad? ¿Será que todo lo que nos rodea ya está contaminado por la sangre de aquellos que pagaron el precio de ser ignorados? Todas esas preguntas me las formulé un día, después de ver cómo el caos se avecinaba dentro de esta nueva generación de jóvenes, que están disconformes con la forma en la que el común de la sociedad lleva la vida.
Los «chicos de ahora», ya están hartos de no ser escuchados, ya no soportan el hecho de que los mayores— quienes deberían hacerse responsables de sus propios hijos— los ignoren o traten de suavizar lo que les ocurre diariamente (después son los primeros en salir a lamentarse).
Terminar con la violencia, el bullying y el acoso dentro de las escuelas, es una responsabilidad de todos, no solo del maestro o profesor, va desde el padre, hasta el ciudadano que no tiene hijos, pero de seguro tiene algún sobrino o sobrina, o un/a ahijado/a. La clave es escuchar, entender y tomar cartas en el asunto antes de que sea demasiado tarde. Nadie está exento de que algo así pase en su escuela o en su barrio, más allá de que sea un lugar en el que todo es «súper tranquilo». La violencia es un parásito que una vez infectado el cerebro, hace que el humano pierda inmediatamente toda capacidad de razonamiento.
Lo importante es salvar a esta generación que será simiente de la que vendrá, pues si no es fuerte, evidentemente la sociedad no alcanzará nunca el ideal de vida.
Este artículo nace de esa urgencia por querer yo también, aportar un pequeño grano de arena, para así crear una sociedad mejor. No me interesa ser leído por un millón de seres humanos, con que tan sólo una persona ya lo haya visto y le haya producido dentro de sí, esa necesidad de querer cambiarlo todo, eso es para mí más que suficiente.
Y entiendo también las posturas que intentan normalizar el bullying, argumentando que es algo que siempre existió, ahora pregunto ¿Por qué haya existido siempre, significa que debe seguir siendo perpetrado, aún sabiendo que puede dañar la mente y la autoestima de otros? Esa interrogante la formulo desde mi propia experiencia con el bullying en la escuela secundaria y mi necesidad — en aquel entonces— de querer abandonar el colegio por no soportar esos chistes al estilo pasivo-agresivo.
Es que cada persona es diferente, y es en esa diferencia, donde más tenemos que entendernos.