Matricidio

CAPITULO: 7

CRISTIAN

Mi madre llegó muy tarde, quería correr a preguntarle por su día; aunque lo que en realidad me importaba es que no hubiera traumado a la pobre de Rebeca ella suele ser muy… muy directa.

-. Hola mamá – salía de la cocina con un emparedado

-. Hola, hijo – se tumbó en el sofá estaba realmente cansada – me esperabas

-. Tuve hambre así que bajé a prepárame algo – le enseñe mi bocadillo

-. Por eso no te has quitado el traje – pillado

-. Llegue hace poco

-. Te conozco – dijo con una mirada divertida – tranquilo Rebeca es una chica linda y muy receptiva – tosí ya que por poco me atoro con el emparedado

-. ¿Qué le has dicho? – pregunte serio

-. Nada – se encogió de hombros –cosas de mujeres, ella me recuerda a mí y estoy segura que no saldrán de la habitación para nada después de la boda

-. Mamaaaa – ella solo se reía salí pitando a mi cuarto, nunca ganaría una discusión con mi madre eso era… imposible

En mi habitación millones de ideas se hicieron en mi cabeza, ¿Qué le habrá dicho? Espero que no le haya dado consejos porque si es así no me aparezco por su casa.

Mañana era fin de semana y yo aún seguía sin tener idea de que canción dedicarle.

Me dormí rendido entre pensar que pudo haber hecho o dicho mi madre y buscando alguna canción en mi cabeza.

Me levante y fui a correr a un parque cerca de mi casa, eso siempre me había ayudado a despejar mi mente y regalarme nuevas ideas.

Después de media hora de ejercicios una canción llegó a mi mente “caminar de tu mano”, soy romántico y me parece que esa letra encaja con lo que quiero con ella

“Sería una indirecta muy directa”

Llegue a casa y me duche, opte por colocarme un pantalón de drill color caqui, unas zapatillas blanca y una polera gris; al fin y al cabo era fin de semana conduje a su casa necesitaba hablar con ella.

Toqué el timbre y Alicia me abrió estaba con short y un polo de tiritas que no dejaba mucho a la imaginación.

-. ¿Te gusta lo que ves, cuñadito? – comenzó con su veneno

-. No, aún no veo a Rebeca - se le borro su sonrisa

-. Está en su habitación; pero si quieres te puedes quedar conmigo – batía sus pestañas para coquetearme. Pase por su lado y fui a su habitación.

No toque eran las diez de la mañana debía estar ocupada con la limpieza de su cuarto, eso siempre me decía que hacia los sábados.

Abrí y ella solo tenía puesto un brasier blanco de encaje con unas bragas diminutas, se giró y no pudo articular palabra alguna; yo simplemente no podía moverme y mis ojos recorrían cada rincón de su cuerpo.

-. Al menos cierra la puerta – me quito a un lado y cerró su puerta

-. Lo… lo… siento – no me salían las palabras

-. Tranquilo al menos tenía algo encima – su cara podía estar sonrojada; pero sus palabras invitaban a un juego en donde mi entrepierna ya se hacía presente

-. Pensé que estarías limpiando – voltee la mirada

-. De hecho iba a ir a verte – otra vez fije mi mirada en ella

-. Vístete… por favor – no sé si fue una orden o petición

-. ¿Me veo tan mal? - te ves apetecible, me doy una bofetada mental

-. No es eso – caminaba hacia a mí – no puedo concentrarme, por favor

-. Está bien - sin más se viste en frente de mí un polo y un pantalón jean apretado con unas zapatillas blancas con algo de taco, ato su cabello en una coleta.

-. ¿Para que ibas a verme? – debo concentrarme antes que comience a babear

-. Las invitaciones están hechas y… - comienza a jugar con sus dedos, está nerviosa – debo entregar las invitaciones a la familia de mamá

-. Claro yo te acompaño – sé que para ello esto es muy difícil y no la voy a dejar sola

-. Gracias – se me tira encima para abrazarme y caemos en la cama –no sabes lo que esto significa para mí

-. Tranquila – acaricio su espalda – sabes que estaré siempre – se levanta un poco y me mira a los ojos, se acerca y une sus labios a los míos; no puedo descifrar este beso no tiene deseo o pasión es más como de….

-. Vamos – se levanta y me tiende su mano.

Conduzco por más de media hora hasta el centro de la ciudad en donde un edificio de 10 pisos nos recibe, esta llenos de mamparas negras, ella toma mi mano y la siento temblar; por alguna razón esa sensación oprime mi pecho y duele.

Salimos del auto entrelazo nuestras manos, vamos a recepción para que le informen a Esteban Morrillo que Rebeca Rivas Morrillo lo está buscando.

Ella aprieta mi mano, teme que la rechacen, acaricio el dorso de su mano para que comprenda que estoy a su lado

-. Él los espera está en el piso diez segunda puerta de la derecha – la recepcionista nos saca de nuestro momento, asentimos y vamos al elevador una vez dentro me parece que la voy a ver desmoronarse.

-. Estoy contigo – tomo su barbilla y la besó, me nació y no pude evitarlo; el elevador llega a su destino y ella avanza sin soltar mi mano



Lizzy

Editado: 09.10.2019

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