Mavis Baker investigadora paranormal.

Capítulo 7.

 

 

 

Capítulo 7.

 

 

 



Entrar al mercado fue fácil, vigilar a Jest para que no hiciera alguna maldad era otra cosa. Mavis no entendía como el fantasma vampiro podía ser tan infantil para la edad que tenía, aunque si lo pensaba bien el chico debía de haber sido desprendido de su cuerpo cuando rondaba los entre los veinte y treinta años así que parte de su actitud creía que podía comprenderla. Suspiró cansada.  



Estaba tan perdida sus pensamientos que sin poder evitarlo choco contra una bruja que cargaba grandes bolsas llenas de verduras que rodaron por toda la calle. Mavis quiso golpearse la frente con fuerza. Sonrojada se agachó y ayudó a la bruja a juntar todo, cuando terminaron la mujer le bufó enfadada y se perdió entre la multitud.  



— Vaya genio... — susurró la gruesa voz del fantasma detrás de ella, la rubia no puedo evitar estar de acuerdo. 


— Ni que lo digas, aunque ha sido culpa mía después de todo. — respondió Mavis parándose mientras sacudía la tela de su larga capa para quitarse el polvo de encima. Jest le sonrió.  


— No debería de caminar mientras sueña despierta señorita.  


Mavis rodó los ojos mirando a su alrededor, entonces noto algo extraño... ¿¡Donde estaban los demás!? Con rapidez zigzagueó entre la gente y vendedores buscando con preocupación a sus amigos. Jest la siguió de lejos mirándola con curiosidad, definitivamente esa bruja era muy diferente al resto. 


El fantasma frunció el ceño, definitivamente no había tenido una buena relación con las brujas en el pasado, y eso que su madre era una, el asunto con Hazel lo había dejado curado de por vida pero empezaba a ver que no todas eran tan malas y rencorosas como la pelirroja de su pasado. La señorita Mavis era diferente, ella quería ayudarlo a pesar de que no era su problema. Una sonrisa tierna se formó en sus labios mientras flotaba detrás de la desesperada rubia que trataba de encontrar a sus amigos torpemente chocando contra todo el que se pusiera en su camino.  



— ¡Aquí estamos! 


Mavis giro rápidamente la cabeza hacia donde venía la voz de Hayley provocando que un par de mechones largos de su cabello se le metieran en los ojos. Gruño molesta e hizo el intento de apartarlos cuando sintió como un par de dedos fríos lo hacían por ella. 


— ¡Listo! — exclamó el fantasma luego de apartar cada mechón. Sus pálidas y casi translúcidas mejillas se habían tornado de un adorable color rosa que fue contagiado a Mavis de inmediato.  


— Gracias... vamos allá veo a Hayley. — musito señalado con dedo índice el lugar donde se encontraban los dos chicos y la pequeña bruja. Internamente dio gracias a Dios por que no los hubieran descubierto, si no fuera por Jest que la había mantenido distraída con sus idioteces ella definitivamente habría imaginado un montón de cosas equivocadas.  



Se acercaron a los demás.  



— ¿Porque se alejaron de pronto? — gruño una vez llego a su lado y sin remordimientos engancho sus dedos en la oreja del pobre de Leo y halo de ella con fuerzas, el rubio soltó un suave grito.  


— Darren ha visto a tu abuela dar la vuelta en la esquina hace unos cinco minutos, justo en el momento en que te chocarse con la bruja gruñona. Estos idiotas, ambos han echado a correr detrás de ella y no me ha quedado más remedio que seguirlos para evitar que fueran descubiertos. — explicó Hayley mirando a Mavis con sus grandes ojos violetas. La rubio asintió.  



— Típico de estos dos, actuar por impulso se está volviendo una costumbre entre ustedes dos ¿eh? — gruñó de forma sarcástica entrecerrando sus ojos hacia la pareja de chicos. Darren se rascó la nuca nervioso a la vez que sonreía y Leo trato de escaparse de ella, lo único que consiguió fue que tirara más duro de su oreja. — De todas formas, ¿dónde está mi abuela? 



— Ese es el problema.  


— ¿Y se puede saber cuál es el problema? 


— ¡Oh! Para ser una mujer mayor se mueve bastante rápido... ¡Vaya! Señorita Mavis, usted y ella son muy parecidas, en especial esa mueca enojada... Sip, definitivamente esa debe de ser su abuela. — exclamó Jest flotando a varios metros de altura. 


Mavis y Hayley elevaron la cabeza hacia arriba como si de un resorte se tratase. 



— ¿Donde?  



— A una calle de aquí, pero es bastante rápida. Si se apresuran, creo, pueden ser capaces de alcanzarla en la siguiera esquina. 



— Muévanse Jest la esta viendo. 



Los cuatro corrieron hasta la esquina que había indicado el fantasma, al llegar lo único que se encontraron fue con un largo camino de tierra que conducía al bosque. Mavis sonrió. Así que había estado todo ese tiempo. 



— Síganme. 



Siguiendo el camino de tierra se adentraron al frondoso bosque y caminaron por varios minutos hasta que a unos metros se divisaron las luces que se filtraban a través de las ventanas de una cabaña estratégicamente construida en las ramas de un árbol. 



— ¿Desde cuándo la abuela vive en un árbol? — murmuró Leo asombrado viendo la enorme cabaña.  



— No lo se. Rápido no pierdan el tiempo y suban.  



Una vez arriba Mavis suspiro profundo y estiro la mano para tocar. Dio un suave golpecito en la madera y espero, detrás suyo los demás parecían haber contenido la respiración y el fantasma flotaba en total silencio. El pequeño ruido que había dentro de la casa se dejó de oír.  


La investigadora se mordió el labio nerviosa, ¿y se había equivocado? Cerro los ojos con fuerza y rápidamente recordó. Volvió a elevar la mano y esta vez dio tres golpecitos y cuatro palmadas de forma sincronizada. Pasaron segundos hasta que la puerta se abrió de forma abrutada y el rostro de una anciana muy parecida a Mavis les miró primero muy malhumorada y luego con horror.  



— ¡Abuela!  



Mavis entró en la casa sacándose la capucha de la cabeza, abrazo brevemente a su consanguínea. 




— ¡Mavis! — exclamó la mujer apresurándose en llegar hasta la puerta, empujo con descuido a los otros jóvenes e incluso traspaso el cuerpo de Jest para llegar hasta la puerta y cerrarla con rapidez, el pobre chico hizo una mueca. La mujer se llevó la mano al pecho y suspiro con fuerza antes de mirar con reproche a su nieta.— ¿Que haces aquí? Sabes que si te ven te llevarán directamente con el consejo. 



— ¡Lo se! No tienes que recordarme que no soy bienvenida, pero necesitamos encontrar a una bruja. Es importante.  





 



Mia Arguedas

Editado: 02.01.2020

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