Medusa.

La habitación vacía.

 

En esta habitación no había nada, absolutamente nada, metros y metros de nada.

La habitación era inmensa y estaba totalmente vacía. Había algunas columnas pero a excepción de eso había solo oscuridad.

-No se separen – dijo Medusa.

Gerald quiso tomar su mano pero cuando se volvió encontró solo neblina.

-¿Medusa? ¿Jefferson? – era muy tarde, estaba solo.

Camino unos pasos tratando de reunirse de nuevo con sus amigos pero no los veía por ningún lado, la neblina que había invadido el lugar se hacía cada vez más espesa.

Más allá por fin vio a Medusa. Se dirigió hacia ella pero se dio cuenta de que no era él quien caminaba, mejor dicho, si era él, pero él no comandaba su cuerpo. Y se dirigía hacia ella con su espada desenvainada.

......

Jefferson miro hacia todos lados. Les grito a sus amigos pero solo escucho un terrible silencio. La neblina comenzó a engullir todo.

Camino por ahí, esperando encontrar la puerta que apenas hacia unos minutos había divisado a lo lejos.

Una voz lo paralizo en su sitio y con la respiración entrecortada espero escucharla de nuevo.

La escucho de nuevo.

-Elphaba... - lagrimas amenazaron con correr por sus mejillas pero se obligo a pensar con claridad.

-Príncipe... ¿Qué demonios crees que haces?

-Elphaba... ¿realmente eres tú? – grito al aire, o a, la neblina.

Otra voz se escucho entre la neblina.

-Debes ir al inframundo, solo el agua de la vida deshará la maldición.

-Rumpelstiltskin. – soltó Jefferson, eran las mismas palabras que le había dicho el mago cuando lo envió en la misión que lo libraría de su maldición.

De pronto escucho su propia voz.

-¿El inframundo? – era como escuchar la conversación que había tenido con el mago aquel día en su palacio.

-Así es. Solo el rio de la vida puede librarte de la maldición.

-¿Qué hay de Elphaba? – aun podía ver el brillo en los ojos del mago y como cambiaron de color, de verde oscuro pasaron a ser de un violeta brillante.

-¿Qué hay con ella?

-Su corazón... escuche que lo saco de su pecho y lo oculto en algún lugar... dime, dime donde esta, lo buscare, lo encontrare y...

-¿Y? – su voz sonaba afilada. Podía sentir odio proveniente del mago.

-Yo la amo.

Rumplestiltskin sonrió de lado. Despectivo.

-Bien, si estas convencido. Deberás ir con las Moiras, las que habitan el inframundo. Las protectoras del destino. No te será difícil después de todo, ya andarás muy cerca.

-Las Moiras... - repitió él.

-Ellas te dirán en donde se encuentra el corazón de Elphaba.

-¿Tu no lo sabes?

-No. – soltó cortante. Molesto. – Si lo supiera... - lo miro de nuevo saliendo de sus propios pensamientos. – Vete, no tienes tiempo que perder.

Jefferson sacudió la cabeza, esto era... ¿Qué demonios era esto?

De pronto, una figura se materializo a lo lejos. Una mujer, de largos cabellos negros como el carbón, ojos del mismo color, tan brillantes como diamantes oscuros. Sus labios rojos se torcían en una mueca. Y su piel, su piel brillaba como esmeraldas.

Jefferson corrió hacia ella, aunque sabía, sabía que no podía ser verdad, no podía evitar acercarse a ella como un imán.

-Elphaba.

-Príncipe...

-Elphy. - Quiso tocarla pero la mujer se alejo. – Elphy...

La bruja le mostro algo que acunaba entre sus manos. Era un corazón, Jefferson supo que era su propio corazón e instintivamente quiso tomarlo. Pero cuando lo hizo, el corazón de la bruja se convirtió en cenizas y se deshizo entre sus manos.

-¡NO! – grito desesperado, con lagrimas en los ojos.

Miro a la bruja, Elphaba le parecía estar hecha de gemas, piel de esmeraldas, labios de rubíes, ojos de diamantes. Pero ahora, se desquebrajaba, se deshacía como cenizas al igual que el corazón entre sus manos.

-¡NO! ¡ELPHY! ¡ELPHY!

......

Medusa bufo cuando se dio cuenta de que sus compañeros de viaje habían desaparecido. No estaba segura de cual era esta habitación pero tenía sus sospechas, y no era bueno.

Se deslizó un poco, siempre precavida. Mirando en todas direcciones por si encontraba a Jeffry o Gerald.

Lo vio, ahí estaba, totalmente desorientado. Gerald.

Sonrió sin darse cuenta, el soldado miraba a todas direcciones con su cuerpo entero en posición de ataque. Medusa sintió un revoloteo en su pecho, era orgullo, mezclado con... una calidez extraña.

Se acerco a él. Tomaría su mano para que no volvieran a separarse, después deberían encontrar a Jefferson y salir de ahí lo antes posible.

-Gerald. Estoy aquí.

El guerrero se volvió, y cuando sus ojos se encontraron, el hermoso guerrero quedó reducido a estatua por la maldición de Medusa.



Frann Gold

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En el texto hay: mitologia griega, mitos, magia

Editado: 10.08.2018

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