Metanoia

1: "Dios Fuego"

    La habitación de hospital está levemente iluminada por la luz natural de la ventana, pero es suficiente. El sonido incesante del reloj sobre la puerta y el de las máquinas es lo único que se escucha a nuestro alrededor. La mano de mi madre es fría, pequeña y frágil en contraste con las mías, mucho más grandes y cálidas. No sé cuánto tiempo llevo aquí, sentado a su lado en silencio.

    Las páginas del libro en mi regazo se revuelven cuando una brisa fresca entra por la ventana y me veo obligado a desviar mi mirada para poder reacomodarlo con mi mano libre. Solté su mano, me recosté contra el respaldo de la silla y volví a mis estudios en silencio. Concentrarme en ello estando aquí, con ella al lado, no me suscita un esfuerzo, y por eso tiendo a venir tanto como me es posible.

    No sé cuánto tiempo ha pasado cuando la puerta de la habitación se abre mucho tiempo después, por un segundo creo que es la enfermera que me recibió cuando llegué y que ya es hora de irme, pero enseguida descubro a mi padre adentrándose en la habitación. Mi sorpresa es evidente.

    Me incorporé en la silla.

    — Papá...

    No continué, él me sonrió levemente mientras cerraba la puerta a sus espaldas. No parece sorprendido de verme, lo cual me desconcierta. Volví la vista a los libros y apuntes sobre mis piernas y comencé a organizarlos y guardarlos en mi mochila con rapidez. Mientras lo hacía, le escuché mientras levantaba una de las sillas al fondo de la habitación y la acercaba a mí. Tomó asiento a mi lado no mucho después, en cuanto guardé el último cuaderno.

    — ¿Pasó algo en el trabajo? — Indagué enseguida.

    Mi padre trabaja los sábados y algunos días de semana, no esperaba verlo hoy, mucho menos aquí.

    — Pedí el día libre.

    El pecho de mi madre sube y baja con lentitud mientras la observo, nervioso.

    — ¿Y por qué te tomaste el día libre? — Le pregunté.

    Por el rabillo del ojo percibí cómo luchaba por decirme algo, me limité a esperar con paciencia su respuesta.

    — Quería hablar contigo... — Finalmente me dice. — Con mis horarios en el trabajo y los tuyos en la universidad, es difícil que podamos coincidir.

    Me giré para poder observarle mejor. — ¿Y cómo sabías que estaría aquí?

    Volvió a sonreírme, esta vez de forma genuina.

    — Las enfermeras, ellas siempre hablan conmigo sobre ti cuando vengo. Me dijeron que visitas mucho más que yo, sobre todo los fines de semana, y que pasas horas a su lado estudiando.

    Bajé la cabeza y comencé a jugar con mis manos mientras sonreía.

    — Ya no se puede confiar en nadie. — Bromeé.

    Mi padre negó con la cabeza, de acuerdo conmigo.

    — ¿Por qué querías hablar conmigo? — Volví a hablar luego de algunos segundos.

    — Quería ver cómo estabas...

    — Papá... — Le reproché, a sabiendas de que esa no es la razón. — De verdad, qué sucede.

    Puedo percibir cuando mi padre quiere hablar seriamente conmigo de inmediato, casi desde que tengo memoria. No sé por qué, sólo lo sé, como si una lucecita se encendiera en mi cabeza y me lo advirtiera. También sé lo mucho que le cuesta encontrar las palabras cuando es así. En cuanto le miro de forma directa, noto su mirada fija en el rostro tranquilo de mamá, también detallo algo de lo cual debería haberme dado cuenta antes; sus ojos, está aguantando las lágrimas.

    El corazón me da un vuelco en cuanto comienzo a sacar mis propias conclusiones, pero no soy capaz de decirle nada. En su lugar, espero pacientemente a que él lo haga.

    Estiró su mano sobre las sábanas blancas y tomó su pequeña y delicada mano, comenzó a acariciarla con su pulgar y, entonces, habló.

    — Hablé con los médicos hace algunas semanas... — Hizo una pausa, apreté los labios y miré directamente hacia mis manos. — Lleva más de un año y medio en coma, Kennet. Creen que ya no hay posibilidades de mejoría, el daño en su cabeza es irreparable, incluso si despertara no sabemos con qué nos encontraremos, si será capaz de reconocernos, de hablar, o incluso de moverse...

    — Estás pensando en desconectarla. — Sentencié finalmente.

    Por algunos segundos, mi padre no reaccionó. Esperé a que confirmara mis palabras, y asumí de inmediato que había venido aquí a discutir el asunto conmigo. Sin embargo, él negó con la cabeza.

    — No. — Llevó su mano a mi hombro y me instó a levantar la cabeza. — Lo siento, pero ya lo he decidido.

    Dejé de respirar en ese mismo instante. El pánico ante mi reacción fue evidente en el rostro de mi padre.

    — Será de aquí a dos semanas — Se apresuró a decirme. —. Ya he hablado con los médicos a su cargo — Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos, él continuó hablando, intentando consolarme. —. Sé que esto te parecerá increíble, pero ella y yo hemos hablado de esto alguna vez, antes de que tú y tu hermano nacieran. Ella misma me dijo que de estar en esta situación la dejara ir, y yo le dije exactamente lo mismo a ella. Esto es lo que habría querido, ya lo he retrasado el tiempo suficiente, y yo...

    — Papá — Detuve sus palabras en seco, respiré hondo antes de continuar. —, papá te creo, y no tenés que excusarte. Yo mismo he pensado antes que este momento era inevitable, no te martirices por esto, no voy a culparte ni a enojarme contigo.

    Un peso enorme fue relevado de sus hombros con mis palabras, eso fue evidente. Él cerró sus ojos y apretó mis hombros mientras se relajaba.

    Por algunos minutos, ninguno de los dos se animó a decir nada más.

    — Tomar esta decisión no fue fácil. — Susurró distraído tiempo después, mientras los dos mirábamos el rostro tranquilo de mi madre. — Recé todos los días a los Dioses pidiéndoles su consejo, sobre todo a Luz. No obtuve respuesta concreta, sólo lo supe, dentro de mí supe que esto es lo que debía hacer.

    No le respondí. Desvié la mirada a la mesita a un lado de la cama, que sólo está ocupada por un altar al Dios Luz. Velas blancas consumidas y derretidas, un ramo de orquídeas blancas y otros inciensos componen el pequeño altar que construí y me encargué de mantener todo este tiempo, para ella.



yael

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En el texto hay: mitologia, romance, lgbtiq+

Editado: 15.01.2021

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