Mi Dulce Doctor

*79*

DAWSON

 

—La inmunoterapia estimula al sistema inmunitario para que reconozca y destruya las células cancerosas con más eficacia —explicó el Dr. Díaz, para que comprendiéramos en qué consistía el tratamiento—. Y utiliza sustancias producidas por el cuerpo o fabricadas en un laboratorio para lograr dicho objetivo.

En el consultorio también estaban presentes los padres de mi esposa, su hermana y su tía, quienes después de recibir la terrible noticia, quedaron tan afectados como nosotros.

Fueron momentos muy difíciles para la familia, demasiado llanto, impotencia y rabia; sin embargo, ni yo sabía de dónde, la semilla de la fortaleza germinaba en nosotros, impidiéndonos decaer.

Teníamos que luchar, costase lo que costase, había que enfrentarnos con valentía a la enfermedad.

—¿Cuáles son sus efectos secundarios? —quise saber, mientras sostenía con firmeza la mano de Mel.

—Bueno... —titubeó, después de dar una profunda respiración—. Primero hay que aclarar que esos efectos son bastante agresivos, por eso solo se les aplica este tratamiento a personas que estén en buenas condiciones físicas. Entre algunos de ellos podemos nombrar: severa neutropenia funcional, fiebre, taquicardia, arritmias cardiacas, anemia, diarreas, vómitos, confusión mental, alucinaciones y delirios.

—¡Santo Dios! —escuché decir a mi suegra.

Los demás permanecimos en absoluto silencio, la lista de aquellos efectos secundarios era aterradora, pero esa era la mejor opción si queríamos salvarle la vida a Melissa, así que debíamos correr el riesgo.

—¿Cada cuánto tiempo será el tratamiento? —formuló mi esposa.

—El medicamento se aplicará por vía intravenosa, cada ocho horas hasta por nueve dosis, que serán repetidos luego de un descanso de diez días. Debes permanecer dentro del hospital para extrema vigilancia, solo en los descansos podrás volver a casa —repuso, logrando que el semblante de ella reflejara aún más tristeza, y es que eso significaba separarse por unos cuantos días de Emily—. Este tratamiento es el que mejor se ajusta a tus condiciones, Melissa. Siempre y cuando no sea interrumpido, ha arrojado muy buenos resultados en más del cuarenta por ciento de los pacientes que lo han recibido. Sin embargo, quiero que lo pienses muy bien, puedes discutirlo con tu familia si así lo deseas —sugirió—. En caso de no aceptarlo, podríamos buscar otra opción, solo que no será tan fácil conseguirla.

—No, no tengo nada que pensar —se apresuró a contestar ella—. Si usted cree que esta es la mejor opción, entonces asumiré el tratamiento.

—Bien, en ese caso ordenaré que preparen tu habitación para que ingreses en la tarde ¿te parece? —Ella se limitó a asentir, y ninguno de los presentes nos atrevimos a protestar—. Ya regreso, voy por algunos documentos que tienes que firmar—añadió, abandonando el consultorio.

—¿Hija, no crees que deberías pensarlo mejor? —cuestionó su madre—. Ese tratamiento suena terrible.

—Todos son así, mamá, no hay ninguno que no tenga algo de terrible —repuso mi esposa—. Además, buscar otro tratamiento amerita de más tiempo, y es algo de lo que no dispongo. Quiero salir de esto cuanto antes.

—Tienes razón, mariposita —la secundó su padre, sonriendo—. Además, Abbie, nuestra hija es una luchadora, ya venció el cáncer una vez, lo va a hacer otra vez ¿verdad, mariposita?

—Claro que sí, papi —contestó, devolviéndole la sonrisa.

—Tú puedes, preciosa —intervino su tía, brindándole algo de fortaleza.

—Tu familia está contigo, hermanita, vas a salir adelante, yo sé que sí —prosiguió Jessica, uniéndose al circulo que todos habíamos formado a su alrededor—. Y no te preocupes por Emily, yo la puedo cuidar mientras estés aquí.

—Gracias, Jess.

—Te amo, mi amor —susurré, besando su mejilla—. Todos los que estamos aquí te amamos, y siempre vamos a estar contigo.

—Gracias, Dawson —añadió Mel, con la voz quebradiza—. Gracias a todos por siempre acompañarme en estos momentos difíciles, los amo.

Después de cumplir con el protocolo necesario para ingresarla al área de oncología, regresamos a casa en busca de todo lo necesario para nuestra estadía en el hospital.

Allí estaba Hanna, quien se había ofrecido a cuidar de nuestra hija mientras estábamos en consulta con el Dr. Díaz.

Mientras todos permanecían abajo conversando, Melissa subió a la habitación y supuse invirtió ese tiempo para desahogarse, porque cuando fui a buscarla la encontré sentada en el suelo, sollozando y con sus manos aferradas a la muñeca de trapo de nuestra hija; aquella escena me rompió el corazón, desde que había recibido aquella terrible noticia nunca la había visto llorar así.

—Disculpa, mi amor —articuló, apenas se percató de mi presencia. Con un movimiento veloz se levantó del suelo, se secó las lágrimas, y fingiendo estar más recompuesta, añadió—: Ya casi estoy lista, solo me faltan guardar unos pijamas.



NathaschaVzla

Editado: 10.01.2021

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