Mis días con el señor Perfecto

Capítulo 5

Al abrir mis ojos me doy cuenta que estoy en una habitación, salté de la cama, no había nadie. Me relajé un poco y caminé hacia una pequeña puerta que había, al abrirla, veo que es un baño, salí y al lado de una mesita está mi equipaje.

Me cepillé y me entré en la bañera, supongo que el idiota si tenía una habitación para los invitados. Mientras me bañaba, escuché un ruido, salí de la bañera asustada, me coloqué mi toalla y salí. Mientras corría fuera, doblé y tropecé cayendo sobre Egmont. Grité cuando vi que mi toalla se quitó.

Corrí al cuarto de vuelta.

¡Qué vergüenza!

¡Ese desgraciado me vio desnuda...! ¿Qué debería hacer?

Me cambié y le marqué a Ana, tomó la llamada.

— Ana Proud, ¡Estás en graves problemas!— Grité. — Hoy me devuelvo a casa.

— ¡¿Qué?! ¡Andrea!

— P-por tu culpa...— Me sonrojé.

— Siiiiiiiiiiiii ¿Ya tuviste sexo con Egmont?

— ¡Ana! ¡Por Dios! ¿Te estás escuchando?

— ¿Es tan malo?— Preguntó.

— ¡Eres una pervertida! ¡No, no tuve sexo con él y doy gracias al cielo por eso! ¿Qué es lo que pasa por tu cabeza Ana?— Pregunté.

Ella se rió como una completa pervertida, sea lo que sea que diría, ya me hacía una idea. — Tom desnudo y sobre mí. — Fue su respuesta.

En serio... con ella no se puede.

— Te hablaré cuando llegué a Colombia.

Ordené mi ropa y salí con mi maleta, vi al idiota mirarme.

— Que no se te olvide llevarte tu ropa interior. — Dijo riéndose.

— ¡Pervertido!

Él abrió la puerta y salí, entré al ascensor.

*

Me encontraba en el pasillo esperando haber que haría... prefiero dormir en el pasillo, no volveré con ese idiota, no lo haré.

"Señorita, ya le dije que todos los vuelos se cancelaron, hay una tormenta de nieve y el presidente ordenó su cancelación". — Demonios... pensar en eso me saca de quicio.

¿Por qué he venido aquí? Ni siquiera puedo salir a buscar un hotel donde quedarme, Ana me las va a pagar, el señor perfecto es un degenerado. ¿Será gay? Bueno, eso es lo que yo espero, me aterra tener que quedarme con él.

Vi su puerta abrirse, me observó y empezó a reírse. Me paré y lo golpeé.

— Tirada y ofrecida...— Dijo. — Tienes un lindo trasero. — Me guiñó el ojo.

— ¡Pervertido!— Caminé hacia atrás y tropecé con mi equipaje, Egmont tiró de mí y por la gravitación y el momento inoportuno, su perro salió de la casa y casi lo pisaba, terminé sobre él.

Él me empujó y me golpeé.

— Si quieres que te deje quedar deja de hostigarme. — Dijo.

— ¿Qué te hace creer que te hostigo?

— ¿En verdad quieres que recuerde?— Le golpeé.

Entré a su casa y me senté en el sofá.

— ¿Cómo se enciende el televisor?— Pregunté, tenía que ver las noticias para saber cuándo se acabará la tormenta de nieve.

Él la encendió y me largó algo.

— Bébelo, eso te mantendrá caliente. — Se sentó en el sofá y cerró sus ojos. — Por cierto, deja todo ordenado. No me gusta el desorden.

— Claro señor perfecto. — Dije con desagrado.

¡Diablos! Lo admito, él tiene todo ordenado.

— Por cierto... Que mal gusto de ropa, pareces una abuelita.

— ¡Deja de meterte con mi ropa!— Le arrojé un cojín el cual cayó sobre su muy malhumorado rostro. Él abrió sus ojos.

— Ashhh ni siquiera respetas que estás en casa de un desconocido. — Se quejó.

— Ya no eres un desconocido, te llamas Egmont, eres un pervertido y un completo idiota controlador de la limpieza exagerada. ¿Ves como si te conozco? –Dije mientras tomaba lo que sea que este me dio a beber. Tenía un sabor fenomenal.

— No sabes nada de mí niña. — Se paró del sofá y salió fuera dejándome allí como idiota.

Pensaba ordenar todo, pero en verdad es un controlador de la limpieza exagerada, todo estaba limpio y ordenado, así que me limité a revisar mi correo e ir adelantando mi trabajo, ya me las arreglaría con Ana, ella de esta no tiene salvación. ¿Su plan era que éste y yo...?

Mis mejillas se colerizaron, de eso estoy más que segura. Vi un letrero grande, no sé que decía ya que hablo el inglés, pero no sé leerlo. Habían 6 chicos si mal no conté y uno de ellos era...

— ¡Oye idiota pervertida! Toma. — Volteé y lo observé.

— ¡¿Demonios en verdad eres famoso o solo eres un delincuente muy buscado?!— Exclamé. Él me observó extrañado y se sentó, me arrojó un abrigo.

— Daremos una vuelta.

— ¿Con esta nieve?— Pregunté.

— Es una buena oportunidad para salir tonta, hoy no tengo que ensayar.



Nicole DB

Editado: 26.10.2020

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