Mis días con el señor Perfecto

Capítulo 10

Ana se pasó estos últimos días interrogándome sobre lo que he estado haciendo, parece que no se ha olvidado de mi nombre en aquel lugar.

Hoy saldría con ella a tomar un café, eran las 8 de la mañana, el idiota se iría a ensayar con su grupo, por lo que me iré antes.

— Te llevaré. — Dijo cuando bajé las escaleras, al darme la vuelta, ya estaba en su limo y había otro chico. Realmente... era lindo...

— ¿Quién es ella?— Preguntó. Me sonrojé, porque él quiere saber quién soy.

— Una loca acosadora que intenta violarme y que debe quedarse hospedada en mi casa por culpa de Tom.

Abrí la puerta y salí. Caminé y empecé a maldecirlo.

¡Desgraciado!

¿Cómo se atreve? Estoy ansiosa por que lleguen las dos semanas que faltan para alejarme de este mal nacido que para mi mala suerte se había convertido en algo crucial para mí.

¡Diablos...!

Parece que me enamoré de Egmont.

Lo escuché gritar mi nombre, pero no me voy a devolver. Ese protervo me hizo llorar, ¿A caso no sabe que ahora todo lo que él me diga me duele? Antes no era así, no tenía que darle explicación sobre lo que debía hacer a mi corazón pero ahora me desdeña.

Ese idiota...

Él agarró mi mano y me volteó, exponiendo mis lágrimas a su vista.

— ¿Por qué estás llorando?— Preguntó.

— No te soporto. ¡Suéltame!

Me solté de su agarre y seguí caminando, por suerte ya sabía a dónde me dirigía, en estas dos semanas me había aprendido la calle y como llegar del restaurante al apartamento.

Sin duda alguna, Egmont es un idiota, ¿Cómo no se da cuenta de mis sentimientos?

Hago todo lo que a él no le gusta solo para escucharlo, ver sus diferentes expresiones, aquellas que al parecer solo yo logro, pero el muy sin vergüenza... ¡Dios...!

Corrí.

Alejarme de él era una elección más inteligente, volver a mi país era otra, olvidarme de él era la más plausible... No al amor, eso solo trae problemas cardíacos y todo tipo de situaciones...

*

*

Al llegar al lugar acordado con Ana, tuve que lavar mi cara para que no notara en lo estúpida que me he convertido.

— ¿Por qué vienes así?— Preguntó.

— Tengo calor. — Respondí fríamente.

— ¡¿Calor con este frío?!— Exclamó.

— ¿No puedo?— Pregunté amargada.

Ella se encogió de hombros y preferí ordenar algo para calmar las preguntas de Ana.

*

*

De regreso a casa de Egmont, me topé con alguien, el cual solo exclamó.

— ¡Ay no!— Escuché gritos de unas chicas a mis espaldas, el chico no me dio tiempo de voltear porque tiró de mí. Corrimos por la calle hasta el otro lado, el lado equivocado al que yo debería ir. Tapó mi boca cuando notó que iba a gritar y nos ocultó tras un basurero.

Vi a 4 chicas correr por ahí y al chico largar un gran suspiro.

— Voy a soltarte, por favor, no grites. — Pidió.

Yo asentí. Él me soltó y me alejé de él, volteé y le miré.

Era un chico verdaderamente guapo, parecía sacado de un comercial, era alto, rubio y... demonios... era sexy.

— Gracias por no gritar, estoy perdido. — Se rió bobamente. Mis mejillas se colerizaron, lo sé. — ¿Puedes entenderme?— Preguntó. Verdad... no soy Americana.

— Si puedo. — Mi voz se escuchó intimidada por él, lo vi sonreí.

— ¿Cómo te llamas?— Preguntó.

— No me llamo, pero los demás me dicen Andrea. — Respondí.

Su risa aumento a una carcajada.

— Eres linda, me gusta tu sentido del humor.

Sé que mis mejillas aumentaron aun rojo vivo intenso, lo sé, lo sentí.

— Mi nombre es Frankie. — Su nombre no podría escucharse más gracioso, reí como loca. Lo vi observarme como no entendiendo el motivo de mi risa.

— Discúlpame. — Dije. Me recuerda a Frankenstein.

— No hay problema. — Lo vi observando hacia la calle, como viendo si no hay nadie. Sé que lo había visto en algún lado... o al menos se que alguien había mencionado su nombre. — Parece que ya podemos irnos, por ayudarme, te llevaré a tu casa. — Dijo guiñándome el ojo. Volví a sonrojarme...

Frankie caminó y yo le seguí el paso... se que había escuchado su nombre... ¿Pero dónde?

"Eres peor que Frankie..."— Recordé las palabras de Egmont.

— ¡Oh! Por fin te conozco. — Dije con una enorme sonrisa. Él volteó y me miró extrañado. — Eres el amigo de Egmont, el de la limosina.

— ¿Eres la que lo acosa?— Preguntó sonriendo.

— En realidad, el me tiene contra mi voluntad, dice que soy la persona más sexy que él jamás había conocido y dice que quiere hacer cosas pervertidas conmigo. No sé cómo explicarle que él no me gusta.



Nicole DB

Editado: 26.10.2020

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