Misterio & Discreción

11

La tranquilidad había vuelto a mi vida otra vez y al menos podía pasar un fin de semana en mi casa sin preocuparme.

En los días que habían pasado no tenía noticias de mi vampiro madre. Esta vez, al fin, había cumplido su promesa. Lo único malo era que seguía sin conseguir alguna piedra de sol y, por ende, continuaba caminando en las sombras.

Respecto a los hermanos Mendel, estábamos bien o, al menos mi intuición me decía no debía preocuparme de su parte. Al fin y al cabo, Adrien conocía a Catch desde el primer año de universidad, eran buenos amigos.

Y, pese a ser más reservado, Luke también tenía varias amistades y, siendo sincera, era con quien mejor me relacionaba de los dos.

Él me había mencionado que para tener sus habilidades tuvieron que sacrificar algo. No mencionó qué fue, no obstante, lo intuí: él sólo podía aparecer de noche y su hermano durante el día.

Si hubiese sido un vampiro sería todo más fácil.

Agaché la mirada, reí con amargura ante mi pensamiento.

Y yo me quejaba por una simple gema.

—¿Kata? —me llamó la rubia mientras me tomaba de la mano, miré hacia ella y entendí— Lo que les sucedió a ellos, fue su decisión... querían esos dones y para eso tenían que renunciar a algo.

Pausó, dejó salir un suspiro y continuó con más calma:

—La diferencia es que tú no elegiste ser vampiro, te indujeron en un sueño por casi ochenta años... —ella me abrazó con fuerza, podía sentir sus lágrimas corriendo en mi hombro— renunciaste a dos amuletos por nosotros y, aún así, sólo piensas en los problemas ajenos.

Deshice el abrazo y sonreí ligeramente, tenía razón pero pese a eso, yo podía volver a caminar al sol y él no.

Exhalé algo frustrada y volví hacia ella.

—Ya no tengo remedio... Además, estoy vieja para cambiar —expresé con una falsa molestia— No tengo nada que hacer... ¿¡qué tal si vamos al cine en cuatro horas y veinticinco minutos!?

La rubia negó con la cabeza.

—OK. Mientras tanto esperemos a Catch, dijo que trae buenas noticias.

Esas palabras me hicieron el día, mi querido amigo siempre tenía unos ases bajo sus mangas.

Fui hacia la heladera y agarré una bolsa de sangre. Volví a sentarme en el sofá y prendí la televisión. A los pocos minutos oí estacionar una moto frente a la casa pero Catch no había ido en mi motocicleta.

Miré por la ventana, Cathal fue el primero en bajar y el conductor era alguien a quien ya conocía, un rubio engreído pero que, aunque no quería admitirlo, le importaba la gente con la que se relacionaba.

Ni bien lo reconocí me terminé la bolsa y la tiré en el cesto. No entendía el porqué de traerlo serían buenas noticias. Jade los fue a recibir, le eché una mirada inquisidora a lo que respondió encogiéndose de hombros.

—No esperaba que la casa de un vampiro sea tan normal aunque me costó aceptar que eras uno —comentó con ese tonito fanfarrón de siempre, reí con sarcasmo—, Brühnie.

—Hola, Brandon —contesté siguiéndole el juego. Él sonrió con amplitud—, dime ¿qué haces aquí?

Cuestioné con una firme seriedad, la dirección de mi casa era algo que no solía compartir.

—Es mal... —corté su, ya conocida, respuesta con una mirada severa.

Puedes dejarte de rodeos en mi casa.

Como había previsto, escuchó lo que dije en mi mente porque carraspeó arreglando su voz para la verdadera respuesta:

—Traje algo para ti —de su bolsillo sacó una pequeña caja rectangular, casi al instante pude darme cuenta de lo que se trataba, sin embargo dejé que continuara—, pedido exclusivamente por mi hermano.

Solté una leve risa ante el énfasis que había hecho y seguido me entregó el presente. Mentiría si negaba mi curiosidad.

Ni lerda ni perezosa me dispuse a abrir la cajita.

Dentro de ella me encontré con collar que tenía como dije un sol con una gema en su centro. Miré con detenimiento y una sonrisa se me formó en el rostro ni bien supe qué era.

Guié mi vista a Adrien y, sin dudar, fui a abrazarlo:

—Tranquila, sólo soy el cartero —expresó aún sin corresponder a mi abrazo. Parecía dudoso de cómo actuar, aunque a los pocos segundos me rodeó con un brazo... había leído mi mente, otra vez—... mi hermano fue quién te lo regaló, él lo eligió para ti.

Asentí mientras nos separábamos, todo estaba saliendo de maravilla, sin embargo algo me hacía ruido.

—Gracias de todos modos —sostuve el collar y dejé que el dije reposara en mi palma, la energía que tenía era extraña y familiar a la vez—, aún así no puedo aceptarla.

Todos en la sala quedaron anonadados y, antes que siquiera dijesen palabra alguna, continué:

—¿Cómo la consiguieron?

Parecía que no entendían a qué me refería, cuando a era obvio lo que intentaba decir.



KEBenavent

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En el texto hay: vampiros, brujos, secretos

Editado: 27.10.2020

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