Monocromático

Capítulo XIII: En la distancia.

Cassandra había evitado e ignorado a Lysander, la última vez que le vio fue el lunes en su salón de arte, en el cual ella había negado ante su última pregunta y había abandonado el lugar como si el mismísimo diablo la persiguiera, incapaz de verse atrapada en otra marea emocional ocasionada por los dibujos de Lysander. Podrían llamarla cobarde un sinfín de veces y ella no lo negaría o se avergonzaría de ello; sí, era una cobarde en lo que se refería a enfrentar sentimientos, lo admitía con la cabeza en alto.

Además, ella le ayudó a aquel enigmático joven para que dibujará de nuevo y su misión había terminado, sus caminos no tenían por qué volver a cruzarse de nuevo ¿Verdad? Se verían en los pasillos de L'hiver Institut, como dos estudiantes más que a duras penas eran conocidos, tal vez intercambiarían miradas de vez en cuando pero jamás volverían a relacionarse ¿O sí?

Cassie negó con la cabeza, después de aquel incidente se vio en la necesidad de ausentarse un día de sus clases; así que, el martes se lo había pasado acostada en su cama, dormitando todo el día, sin noción de la hora y sin importarle en absoluto.

El miércoles procuró evitar a todo el mundo y el jueves, por fin tras aguantarse la melancolía de Cassie, su amiga Amely la hizo regresar a la realidad con una buena dosis de ironía e irritación.

—  ¡Ahora sí eres un alma en pena! ¡Toda taciturna! —  había dicho, alzando la voz hasta el punto de atraer la atención de todos los estudiantes que estaban cerca —¡Hora de reaccionar! ¿El mundo dejó de girar? ¿El tiempo dejó de pasar? ¡NO! ¡Espabílate, chica!

Cassie había asentido con los ojos abiertos de par en par ante la algarabía cargada de dramatismo que Amely había empleado e incluso había procurado mostrarse con el mismo estado de ánimo al que sus amigos estaban acostumbrados: apacible y un tanto jovial, a pesar de que en su interior aún sentía en un torbellino emocional.

Por otro lado, volviendo al presente, el día viernes había traído consigo el florecimiento de un sentimiento diferente y gratamente recibido: la serenidad. Cassie se levantó, como se dice comúnmente, con el pie derecho, volvía a ser la misma de siempre, la etapa de oscuridad había pasado y ella creía con todo su corazón que sería la última vez que se sentiría así.

No podía haber estado más equivocada.

El día pasó con total naturalidad, los estudiantes pasaban de un auditorio a otro dependiendo de sus clases, algunos conversaban en el jardín central, a otros se les veía ir en camino hacia la biblioteca y unos cuantos hacia el lado norte del instituto, donde estaban todos los salones de arte y escultura.

Para el beneficio y la tranquilidad de Cassandra, no había rastro alguno de Lysander Aldrich... hasta la clase de Antoine Jouvet, en la cual el joven se hallaba sentado en su habitual asiento y Cassie se sentaba atrás, junto a su amigo Charlie, el cual estaba inusualmente en silencio. Esta vez, Cassie procuró mantener su atención en el tema que estaba dictando Antoine; al principio de la clase, el maestro había llegado con una apariencia completamente opuesta a su usual cejo fruncido, Cassie notó que el cambio se debía a que se había afeitado la barba en forma de candado que siempre llevaba pulcramente y aquello le daba un aspecto más joven pero no le quitaba la severidad de las facciones.

Antoine la miraba de vez en cuando con un destello de desconfianza en su mirada, pero no le podía reprochar nada dado que Cassie estaba completamente al tanto de lo que decía e incluso estaba participando con algunas preguntas y aportes.

Por el contrario, el joven Lysander ni siquiera miraba a Jouvet, su cabeza estaba gacha, absorto en los papeles ante él, su mano se movía con destreza por una hoja, estaba abstraído en su boceto y por el momento contaba con la suerte de que Antoine no se había percatado de su ensimismamiento o fingía no darse cuenta, lo cual no sería nada propio del maestro pero dado que Lysander era un estudiante ejemplar y era la primera vez en todo el semestre que ella le había visto en ese estado, seguramente le estaba dando un espacio antes de reprenderle.

Como la calma que precede a la tormenta y como Cassie lo veía venir; los ojos de Antoine cayeron fijamente en Lysander, el maestro permaneció en silencio, esperando que el joven notara que había detenido su lección por él. Los otros estudiantes clavaron sus ojos en él pero aun así no lo notó, estaba tan sumido en sus pensamientos y en los trazos que hacia velozmente sobre el papel, dado a la posición de Cassie, la joven no alcazaba a ver de qué se trataba.

Antoine se aclaró la garganta: —Señor Aldrich.

Él alzó la mirada, por fin notando lo que ocurría, su mano izquierda se detuvo y al parecer, por la expresión molesta de Antoine, Lysander lo miraba sin preocupación alguna. Si Cassandra se encontrara en su lugar estaría ruborizada y disculpándose por no prestar la debida atención, por el contrario, Lysander solo miró a Antoine.



Mélia Àngelier

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En el texto hay: oscuridad, amorjuvenil, arte

Editado: 25.01.2019

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