Moonman

Epílogo

El cuerpo de Camila cayó al suelo, reacciono con tiempo su padre Gabriel para sostenerla en sus brazos. Dafne y MoonMan corrían entre la gente para llegar hasta ellos. Sus padres gritaban para pedir auxilio… Esmeralda llego y con lágrimas en los ojos se acercó a MoonMan.

 

  • ¿Por qué? – MoonMan la vio sin entender a Esmeralda. – Mi hermana confiaba en ti, Nick… ¡La dejaste! – Sin saber que decir, MoonMan se alejó de ella inclinándose hasta el Señor Gómez, tomando el rostro de Camila, limpio las lágrimas que se escapaban de su rostro.

 

  • Lo siento Camila, esto no debió pasarte. – Y el tiempo se detuvo, MoonMan levanto su vista, viendo directamente los ojos verdes de Dafne. – Lo siento… – Pero ella solo negó. Y el tiempo regreso a su curso.

 

Una ambulancia llego rápidamente para auxiliar aquella chica de débil corazón, colocándola en la camilla, los paramédicos la cargaron para subirla al coche sin dejar que alguno de sus padres se fuera con ella. Sin mucho éxito, trataron de regresarle la vida, los paramédicos se voltearon a ver los unos a los otros, lamentándose que una vida más dejaba la Tierra.

La familia Gómez bajaba de su auto para correr hacia la entrada del hospital central de la ciudad. Hablando todos al mismo tiempo, la enfermera les pidió que se calmaran, pero el Señor Gómez grito golpeando la mesa de recepción provocando que los guardias en turno se acercaran a él.

 

  • ¿Dónde está mi hija? – Grito. – ¡Hable señorita! – Los guardias se acercaron mucho más. – Solo quiero saber dónde está mi hija… – Cayendo al suelo, con un sollozo de dolor puro, sus lágrimas sinceras resbalaban en sus mejilla, su esposa Leticia lo abrazo a sus piernas, tratando de darle un poco de fuerza.

 

  • ¿Cómo… cómo se llama su hija? – La Señora Gómez sonrió nerviosa para evitar que el nudo de su garganta se convirtiera en lágrimas. – Camila Gómez Ibarra… la trajeron de emergencia. – La enfermera asintió buscando en la computadora la información sobre las llegadas de emergencia al hospital.

 

  • Lo siento Señora… – La Señora Gómez tomo todo el aire que pudo, después negó con la cabeza lo que estaba escuchando. – Su hija no sobrevivió en el camino, trataron de resucitarla… ¿Su hija sufría problemas del corazón? – Esta vez quien respondió fue Esmeralda.

 

  • No Señorita… mi hermana sufría de cáncer… de leucemia. – La enfermera volvió a asentir, dejando que la familia Gómez llorara por su perdida.

 

Mientras tanto, Dafne llegaba hasta el último piso del hospital, saliendo por la puerta de emergencia hasta la azotea del edificio. Busco lo más rápido que pudo a MoonMan, llegando a él para golpearlo en el pecho y después dándole una bofetada.

 

  • ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio! – Lo seguía golpeando con ira, mientras lágrimas escapaban de sus ojos. – ¡Es tu culpa! ¡Solo tú culpa! – MoonMan negaba con la cabeza. – ¡Tu culpa! – Dio un último golpe en su rostro para después ajarse unos pasos. – Si ella no viene conmigo… jamás podré perdonarte. – Decreto.

 

  • Ella… yo… por favor… Daf, lo siento. – Pero ahora fue Dafne la que negó.

 

  • ¡Es tu culpa! ¡Tú culpa! – Se abrazó ella misma en busca de consuelo. – ¡Tu culpa! – Y se calló cuando vio la molestia en el rostro de MoonMan.
  • ¡Escúchame! No es mi culpa… esto yo tampoco lo esperaba… ¡Esto no es mi culpa! – Grito con lágrimas en los ojos MoonMan. – Yo no… no puedo… – Término cayendo de rodillas al suelo mientras Dafne no controlaba sus sollozos.

 

  • ¿Por qué lo permitiste?, ella aún tenía tiempo. ¡Hiciste que me dejara! – Hablo con cierto rencor Dafne. Sin controlar sus lágrimas prosiguió diciendo: – ¡Es tu culpa! Nos ha dejado, ahora no estará con nadie… ¡Lo prometiste MoonMan! ¡Le dijiste que nunca volvería a estar sola de nuevo! –

 

  • No es mi culpa. Daf… ¡Por favor!, ¡No es mi culpa!, ¿Acaso crees que yo quise esto? ¡Jamás! ¡Es mi amiga! – Aun de rodillas, sus lágrimas se convirtieron en lluvia. Las nubes tomaron posesión en el cielo. El Señor Sol prosiguió a dar luto a su gran amigo. – ¡No es mi culpa! Yo iba a esperar, mí tiempo también era el de ella, no deje que se fuera antes… ¡Ella no debió irse! ¡No así! – Grito para ponerse de pie. Alejándose varios centímetros, Dafne lo veía con incredulidad, sin poder creer en sus palabras.

 

  • ¡Mientes! ¡Pudiste hacer algo! ¿Pero qué hiciste por ella?... ¡NADA! – Esta vez, se acercó a MoonMan para golpearlo de nuevo en el pecho.




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