Morrigan

CAPÍTULO 9

 

 

MORRIGAN


 

Morrigan se quedó callada durante un instante, con la boca entreabierta, procesando lo que le acababa de decir.

―¿ Fuiste un esclavo?

― Sí― murmuró metiendo una mano es su bolsillo de donde sacó un pañuelo blanco.― Además de uno de los pocos laksri creados en un laboratorio.

La joven frunció el ceño y entornó los ojos.

― ¿Qué?

El hombre movió la mano en la que tenía el pañuelo dejando al descubierto una pequeña mariposa roja bordada en una esquina.

― Una larga historia― respondió volviendo a sonreír y guardó el trozo de tela dentro de su chaqueta.― Una muy, muy larga.

Morrigan abrió la boca para decir algo más pero enseguida la cerró aplacando su curiosidad.

― Buenas noches― se despidió dirigiéndose a la puerta.

― Buenas noches.

Mientras cruzaba el umbral, y las sombras del pasillo lo envolvían expulsó lentamente todo el aire que había contenido en sus pulmones y relajó su cuerpo al que enseguida notó pesado, casi al borde de la extenuación.

Cerró la puerta con cuidado en el justo momento en el que un hombre joven se le acercaba con calma.

― As no está aquí― dijo fijando su mirada en él.

Sus fieros ojos castaños se ablandaron con rapidez al escucharle.

― Lo sé― sus labios carnosos formaron una mueca de asco.― Lo acabo de dejar con una mujer... Otra más.

― Ya veo― rió pasándose una mano por la nuca. ― ¿Entonces qué te trae por aquí?

Él, relamió su labio inferior.

― Hace unos días me pediste que buscara a una sílfide en concreto.

Belial avanzó un par de pasos hacia él con el rostro desencajado.

― ¿La has encontrado?― inquirió apresuradamente.― ¿Dónde está?

El joven hundió los hombros y le miró con pesar.

― Lamento tener que decírtelo Bel― musitó deseando no haber ido hasta allí aquella noche.― Ella fue apresada hace cinco años años y murió por...por...― calló, sintiéndose incapaz de continuar.

La mandíbula del laksri se tensó y sus ojos brillaron de manera espectral en medio de la oscuridad.

― Dímelo― exigió controlando su deseo de terminar con aquellos monstruos.

― Ella había dado a luz poco antes de que la cazaran. Perdió mucha sangre y su cuerpo no lo soportó― explicó con calma viendo como retrocedía un paso con las manos temblorosas.

Ese hecho consiguió que su enfado desapareciera de golpe, fue como si una ráfaga de viento apagara la creciente llama de una hoguera.

― ¿Y...? ¿El bebé?― consiguió preguntar y tragó saliva para deshacer el nudo que se había formado en su garganta.

― No estaba con ella cuando la atraparon― contestó apesadumbrado.― Fueron incapaces de encontrarlo.

Asintió y frotó sus ojos agotado.

― Lo siento mucho Belial.

― No pasa nada, no es culpa tuya Erick― aseguró recuperando su seguridad.― Y... gracias por ayudarme.

― No tienes porqué agradecerme. ¿Ahora qué?

― Buscaré a ese niño y lo traeré.
 

 

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SETH






 

Aunque el mundo le había quitado todo aquello que más amaba, dejándolo en la nada, en la oscuridad más inmensa, aún deseaba ver una luz, una estrella, algo que lo iluminara y lo apartara de todo aquello que consumía su humanidad tan rápidamente.

Muy en el fondo deseaba que aquel infierno, esa tortura que lo destrozaba cada día, terminara cuanto antes.

Ya quería ver brillar el Sol de nuevo y sentirse vivo. Pero el dolor lo encadenaba y aquella deuda lo asfixiaba.

Me debes tu vida, por tanto tu alma.

Cuanto lo odiaba. Detestaba todo aquello.

Quiero mi libertad. Pensaba, pero no se atrevía a decirlo en voz alta. El miedo era mayor.

― Hoy les haremos arder a ellos― rió aquel hombre que los acompañaba, junto a Julie.― Esta noche sufrirán lo indecible hasta la muerte.

Seth les ignoró deliberadamente observando la ciudad desde lo alto de aquel edificio. Pese a que no había mucha luz, aún se podían distinguir las siluetas de los rascacielos y algunos edificios, e, incluso, un poco más adelante, al Casino Cicero.

Todo le parecía tan asqueroso. Tan... Corrupto.

― Será tan divertido ― exclamó la mujer rotando sobre su pie derecho como una bailarina.

Una muy loca y excéntrica.

―¿No lo crees, Seth?

―Sí, claro― murmuró aún metido en sus pensamientos.

― Gritarán tanto que se quedarán sin voz― suspiró ella con una mirada llena de ensoñación.― Será perfecto. Será hermoso, y el fuego... A nuestro señor le gustará. Seguro que sí.

― Por supuesto― musitó desganado y sus ojos azules se opacaron observando aquel sobrio cielo nocturno, sin luna ni estrellas.

Tengo miedo...

¿Esto es el infierno?

Ya no había bondad en ese mundo. Ya no existía ese concepto de "humanidad" como tal. Solo persecución, traición, dolor y muerte. Nada más. Él lo sabía mejor que nadie.

En su interior apenas quedaba aquella bondad infinita que poseía, solo habían restos, escombros, y vagos recuerdos de sonrisas forzadas con el cuerpo amoratado, amabilidad mellada por el dolor y cortes en los brazos.

¿Qué pasa, vas a llorar otra vez? Tan estúpido... Tan débil.

Parpadeó y arrugó la nariz asqueado ante ese efímero recuerdo. El sabor a sangre en su boca y el tacto del frío suelo llegaron a él como una oleada. Para él había sido casi como estar allí de nuevo.

― Seth― lo llamó la pelirroja con una media sonrisa.― ¿Vamos? Ya es la hora.

Él asintió poniéndose la capucha de su chaqueta.

―Ratón que te pilla el gato

Ratón que te va a pillar

Si no te pilla esta noche...

Canturreó mientras el joven caminaba con la vista clavada en el suelo.



G.S.North

Editado: 25.01.2021

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