Mundanos "Sangre Verde"

Capitulo IV "A resguardo"

 

 

Avanzamos con cuidado hacia la esquina donde Miltón asesinó a Scall. Tomamos la decisión de hacer el sorteo y la repartija de las cápsulas cuando lleguemos a resguardo. Estamos todos juntos, somos dieciséis desconocidos que se necesitan el uno al otro. ­­­

­─ Necesitamos buscar comida Ian ─me dice Ramori. Con mi cabeza asiento mientras veo que Plab hace una par de saltitos y se para al lado de él.

─ ¿Ustedes dicen que el lugar ese hacia donde vamos es un buen resguardo? ─La verdad es que yo no lo dije, fue Rod, pero creo que por ahora puede ser de utilidad.

─ Creo que podemos estar a salvo mientras registramos la zona ─le respondo.

─ ¿Y luego qué? ─Pregunta Plab

─ Luego deberíamos organizarnos y buscar más cápsulas ─digo y agrego─, con las que encontramos en el campamento y la de los que murieron apenas tenemos para un mes y medio. Ramori dice:

─ No sé ustedes pero pretendo vivir un poco más de un mes y medio.

Estamos a punto de llegar a la esquina donde se encuentra ese edificio. Ther y Rod comienzan a reírse a carcajadas unos pasos más adelante.

─ ¡Ey! ¡Ustedes dos! ─ les digo fuerte pero tratando de que no sea tanto, más bien intento poner un tono de voz duro, no sé si me sale bien ─ ¡Que no es una obra de teatro!

─ ¡Bueno che que mal humor! ─ profiere Ther.

─ No hay que hacer ruido, esa cosa me escuchó estornudar a casi cien metros ─le digo. Justo cuando ahí, una cosa de esas aparece desde la izquierda corriendo a toda velocidad y se choca un automóvil que se encontraba parado adelante nuestro. El estrepitoso ruido sobresaltó al grupo, más bien casi me cago en los pantalones. El corazón me palpita muy rápido, veo que todos se asustan, nadie sabe bien qué hacer, nos adelantamos a él, para confrontarlo, saco mi cuchillo. Luania y Aldana se paran a mi lado luego Franco se da cuenta de algo.

─ Muchachos, hay que correr ─ profiere, luego grita mirando y señalando hacia delante ─¡¡¡Ya!!!

Una pequeña horda de enfermos vienen corriendo varios metros atrás, torpemente, pero muy rápido. Veo que uno se atranca con un auto, y los demás lo golpean para pasarlo, son unos ocho o nueve. Sin pensarlo empezamos a correr hacia la derecha << Esto no saldrá nada bien >>

─ ¡Hijos de puta! ─ grita Robert ─ ¡¡¡ Odio estos hijos de punta!!! Katia, Luz y Ther comienzan a quedarse atrás.

─ ¡Vamos no se detengan! ─ les grito.

─ Doblen aquí ─Grita Eban. Doblamos a la derecha nuevamente. Puedo ver un cartel que dice Adolfo Alsina. Miro hacia atrás y los tres no aparecen, entonces me freno. Veo primero a Ther, luego a Katia. Llevan el miedo impregnado en sus caras. << ¿Sabían que en situaciones de peligro o de ira incontenible, la adrenalina puede potenciar tu fuerza o velocidad? Es cierto, el corazón se acelera como si se estuviera haciendo ejercicio, se multiplica por cinco la sangre oxigenada que recibe el cuerpo, lo que permite a los músculos obtener más oxígeno y generar mayor fuerza y velocidad>>. Tal vez sea por esto que Luz se haya salvado. Es la última en aparecer, la veo doblar hacia nosotros mientras que una cosa de esa se choca una camioneta, destrozando su cabeza contra la cúpula. Por un pelo, ahora Luz viene corriendo hacia nosotros. Le extiendo mi mano, Ther y Katia me sobrepasan.

─ ¡Vamos, lo estás haciendo muy bien! ─ le digo ─ No te detengas le grito. Ahora puedo ver a todos los malditos siguiendo nuestros rastros, se chocan y empujan, cual estampida. Empiezo a avanzar hacia el grupo, esquivo una grúa que se encuentra a mitad de la calle. La sobrepaso por la derecha y luego salto por encima del capó de un auto que me obstruye el paso. Puedo ver a los que avanzaron más rápido, haciendo señas con sus brazos casi una cuadra más adelante. Es una calle, aún más angosta que la que estaba afuera del portón. Los tengo unos veinte o treinta metros atrás mío, no puedo detenerme, No lo va a lograr Luz, empieza a cansarse, la sobrepaso. << Por favor no te quedes atrás >> pienso. Estos malditos siguen cazándonos.  

─ ¡Tú puedes Luz! ─Le grito, pero se tropieza y pierde la marcha, la logro sujetar, pero ambos paramos. Me doy vuelta y la pongo tras de mí, con mis brazos la sujeto. Doy vuelta mi cabeza y puedo ver a todos unos cincuenta metros más adelante, incluso algunos más. Les oigo gritar, luego volteo nuevamente. Vienen corriendo a toda velocidad hacia nosotros << Nunca sabré que es lo que ocurre acá >> pienso. Luz clava sus uñas en mis hombros, entonces vuelvo en mí.

─ Agarra tu cuchillo Luz ─ le digo mirándola a los ojos ─ ¡¡¡Ya!!! Los dejas venir y se lo clavas en sus cabezas ¿ok?



s.m.frances

Editado: 31.03.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar