Nada Es Lo Que Parece...

Capítulo 0: Nada es lo que parece

Y toda esta historia comenzó cuando decide amarlo a él, pensé que, si él estaba a mi lado, dejaría de sentirme sola y aterrada por la muerte de mi padre.

Esa maldita decisión que tome en aquel instante es lo que me atormenta en mis noches.

   Quisiera volver a mirar esos hermosos ojos azul celeste, un color único, tan hermosos como el mar, tan brillantes como el cielo, poder abrazarte una vez más y decir que por las noches tengo mucho miedo si no estás a mi lado...

   Si tan solo pudiera enmendar mi error, si tan solo te hubiera creído cuando me dijiste tu verdad, ahora estoy atada en una silla, y lo único que hay en esta habitación es un silencio casi sepulcral.

   Desde que te llevaron de esta habitación no eh sabido nada de ti, temo no volver a escuchar su voz. Esa voz que se volvió música al corazón mío, conversación cálida, palabras sin dolor;

   Han pasado días desde que estoy atada de los pies a las manos, días donde mi cuerpo dejo de sudar y lo único que recorren son lágrimas de temor, aquel temor que se vuelve incontrolable, y para estas alturas no creo que nadie vaya a salvarnos, quizás para este momento tú ya estés a lado de mi padre;

   Estoy cansada, estoy asustada, él me tiene presa en esta habitación fría, y oscura, lo único que hay es una estantería frente a mí, repleta de fármacos y botellas vacías. Sé lo que significa eso, sé que esa medicina es para dormirme y no volver abrir los ojos, y sabiendo que estoy a punto de morir…

   No puedo dejar de pensar en ti, en tus labios, en tus ojos, en esos brazos que me daban seguridad, Adam, donde quiera que estés, espero que escuches estas palabras que las dice mi corazón.

Perdóname por no haberte creído, perdóname por haberte traicionado, pero sobre todo perdóname por...

   El sonido del crujir de una puerta oxidada, paraba todos mis pensamientos sobre mi cabeza, volteaba en búsqueda de esa puerta y frente a mí, dos hombres altos vestidos de negro, con la piel pálida y lentes oscuros, armados en cada parte de su cuerpo, sosteniendo un arma con la mano derecha, entraban riéndose sin preocupación alguna, uno de ellos se postro frente a mí, y retirándose los lentes, tomo mi rostro con la mano izquierda y me dijo:

Roberta, si tan solo me hubieras amado a mí, si tan solo tu cuerpo hubiera sido mío y no de él, nada de esto hubiera pasado...



fatichikis

Editado: 22.06.2018

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