No me odies #5

Capítulo 1

Años después de la traición

Presente

La aparición de Charles Caruso creó mucha expectación en la fiesta, sobre todo en los presentes. No había sorpresa por su llegada; porque ya habían corrido rumores en cada rincón de Londres, que había llegado y, más con todos los honores.  Se había graduado como médico en una universidad extranjera. 

Era un hecho conocido que montaría dos consultas, una privada y otra pública, para que personas más pobres pudieran acceder. Un proyecto muy ambicioso para la juventud y corta experiencia de él. Aunque no era tan joven como antaño. Tenía 27 años y aún no tenía previsto casarse. 

Muchas se preguntaban el porqué de ello. ¿Cómo un hombre de su porte, gallardo, apuesto, amable, generoso y, encima, médico podía seguir soltero? No era la primera vez que se lo preguntaban. Muchas podrían decir que seguía suspirando por el nombre de una muchacha o no había llegado el momento, tan importante para él. Por otro lado, había otros pensamientos más maliciosos que se los guardaban.

Sea uno u lo otro. La verdadera respuesta la podían dar varias personas cercanas de su entorno: su hermana Ally, su amigo traidor y la propia traidora. En vez de propagarlo a los cuatro vientos, se lo callaron para puertas hacia adentro.

Había vuelto a Londres porque echaba de menos a su familia y porque creía que era inmune al amor, o mejor, dicho al recuerdo y el amor de cierta joven. En esa fiesta fue acompañar a sus padres, que habían dejado a sus tres hermanos más pequeños, EllaSophie y Alexander, con la niñera, una adorable anciana que había estado varios años con ellos. Los tres eran unos pequeños terremotos de vida y alegría. Él se podría haber quedado, también, en la casa. No estaba entusiasmado por la fiesta. Pero al final aceptó por la presión de su madre. No quería pensar mal, pero se pudo imaginar, que lo había "obligado" a ir porque creía que era un asocial o un ermitaño. No se lo había dicho, pero veía en sus ojos, un brillo de preocupación que toda madre tenía hacia su hijo soltero. No pretendía ser un ermitaño o un asocial, como se temía y se imaginaba su madre. Si lo fuera sería por parte de él, una incongruencia ya que era médico.

Al pensarlo, puso los ojos en blanco.

Además, tenía sus amigos, no muchos, pero los suficientes para saber que contaban con ellos y viceversa. Sin embargo, no pudo evitar pensar que le hacía falta uno. Pero reprimió ese pensamiento como la sensación de un mosquito molesto. Se disculpó con sus padres y fue hacia ese círculo de amigos, que lo recibieron entre aplausos y silbidos, haciéndole sonrojar. Había que mencionar que la tarea de no sonrojarse no lo llevaba bien. A pesar de los años, un rubor teñía sus mejillas en cuanto oía algo o lo halagara.

—¡Vaya, pero sí está nuestro amigo desaparecido! — dijo en tono jocoso el joven, lord Hudson.

Lord Lawrence Hudson había sido compañero de Eton. No lo había tratado con diferencia por haber sido un ladronzuelo; ese detalle lo pasaron alto, al saber, que era sobrino adoptivo del duque Werrington.

Cogió de paso una copa de una bandeja que llevaba el camarero.

— ¿No podrías haber estado un poco más a fuera? Ahora todas las damas irán a por ti y se pelearán por tu atención– se quejó el otro muchacho, lord Granger, que tenía la piel pecosa y el pelo pelirrojo.

Hizo una mueca que luego transformó en sonrisa. No lo había dicho totalmente en serio.

—Yo también, os echaba de menos — dijo en réplica a sus respuestas.

— Pues claro que lo hemos hecho, verdad, Teo — se dirigió al pelirrojo que asintió —. Se te han extrañado. Además, ¿cuánto tiempo has estado fuera?

La verdad, siete años exactos. Había estado mucho tiempo a fuera. Bebió de su copa con calma.

— Bueno, lo que importa es que ahora estoy aquí.

—¡Cómo médico! Eso sí que es una entrada triunfal, Charlie – le llamó por su diminutivo -. No se te puede considerar como de esos nobles que no trabajan, ni hacen nada, es decir, como nosotros — echó una risotada, que lejos de ofenderle, le hacía —. Te considerarán un salvador.

—Hablas antes de tiempo  —dijo con una sonrisa —. Exageras.

— ¿Qué hablo antes de tiempo? —asintió considerando su pregunta y le echó un brazo en sus hombros —. Fíjate, por las miradas de los invitados, te admiran y todavía no has salvado una vida.

Charlie le abrumó un poco que la mayoría de los presentes estuviera atenta a él.

— Nos mira a nosotros — replicó a Lawrence —. No creo que sea a mí.

—Eres muy modesto —afirmó Teo —. ¡Quién no te deja de mirar desde que has entrado ha sido, la señorita Rawson!

Por unos segundos, su corazón sufrió un vuelco al escuchar el apellido que tanto daño le hizo. La culpable de su voluntario exilio. Alzó la mirada con el corazón golpeándole. Sintió como unas garras frías estrujaban a su corazón hasta dolerle. Cuando la vio enfrente de él, quiso romper el tallo de cristal de la copa. Sin embargo, no era ella.




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