No me odies #5

Capítulo 38

La nueva mañana no trajo para los protagonistas la claridad que necesitaban para arreglar aquella situación que lo había puesto todo al revés. Nadie podía borrar con el dedo la tensión que se había creado entre los dos. Había demasiadas heridas abiertas, que del pasado, no se habían curado aún. 

En una de las habitaciones de la posada, Charles Caruso estuvo dando vueltas y vueltas en su cama, no era tan cómoda siendo un lugar solitario. A su lado no había nadie. No estaba ella para acompañarlo. Era el dormitorio que le había tocado cuando fueron a hospedarse. Tuvo que marcharse  hasta allí, después de lo acontecido. No podía esperar que ella viniera a su lado. No lo iba a hacer. Había empeorado la relación  con su torpeza, aunque para su defensa,pensaba que podría haber actuado de forma diferente ante sus palabras. Pero no fue así. 

La había herido de alguna manera, aunque no había sido su intención. A pesar de que le había odiado, no tenía más odio en su corazón o venganza. Hubiera querido que los acontecimientos de la madrugada acabaran de otra manera. No, ahora, ella estaba dolida y no quería saber nada de él. Si se ponía en la piel de ella, lo entendía. No le habría gustado soportar cada momento que había compartido con su hermana.  A él no le habría gustado que si hubiera estado enamorado, otro hombre hubiera estado con ella. Verlo en esa perspectiva, le escocía, porque ahora no lo soportaría verla con otro hombre. Podría haber actuado de forma diferente. Quizás más tacto. No lo sabía. Hizo una mueca al recordar las veces que ella había buscado su hermana para hacerle saber que era hora de que llegara a casa. Sino, las veces que había mentido para protegerlos. 

Clarette había tenido una carga en su espalda durante mucho tiempo, que él no había sabido hasta ahora. Esa carga había sido sus sentimientos por él. No podía cambiar el presente, aunque ahora se lamentaba, no podía hacer nada. Tenía que mirar el futuro y arreglarlo. Su relación estaba en un punto muerto, del cual temía que era definitivo. Sin añadir la bomba que le explotó en su cuerpo al reconocer que no solamente la deseaba, le irritaba o le volvía como un esclavo a sus pies. 

Su cabeza estaba hecha un caos del cual no sabía como desenredarlo. Su mirada se deslizó hacia la ventana, donde afuera podía mirar el sol en el cielo. Era de día, y no sabía como afrontarlo. Descubrir que la amaba solo añadía más miedo en su corazón. Tanto que estaba paralizado que le costaba pensar y hacer algo. Lo único que tenía claro que quería enmendar el daño que le había hecho. Ella pensaba que se había burlado, cuando no era así. Pero dado los últimos hecho de su relación, podría pensarlo sin ningunas dudas. 

Creía que lo había hecho para vengarse. Jamás, en sus pensamientos había tenido la intención de usarla como un pañuelo. No. Era verdad que en su interior había alguna brizna de rencor que le impulsaba hacerle daño. Sin embargo, no era lo suficiente porque la quería. La amaba. Esperaba que no fuera demasiado tarde.

Se irguió de la cama y sacó los pies fuera de ella. 

Había dejado que pasara la mañana para calmar un poco el ambiente. Rezaba que durante ese tiempo no hubiera  hecho ninguna locura. Cogió la camisa para ponérsela ya que solamente estaba vestido con los pantalones. Mientras se iba vistiendo fue hacia la ventana. Podría parecerle que el paisaje era igual que antes. Sin embargo, no lo era. Había un carruaje afuera que reconoció al momento.

¿Cómo se habría enterado de que estaban allí?

¿No habría sido capaz?

Rápidamente se puso los zapatos y corrió hacia la habitación de Rawson, donde estaba la puerta cerrada. Con el alma en vilo, tocó fuertemente la puerta.

  —  Señorita Rawson, ábreme la puerta.

  Se sintió aliviado cuando abrió la puerta, pero tal esperanza se esfumó cuando vio a otra persona en ella.

— Pasa.

— ¿Dónde está ella? — era un maleducado. Hacía tiempo que no veía a su hermana, y la trataba así, con ese tono.

Ally hizo una mueca e hizo un gesto con la mano.

— Está abajo, pero no quiero verte. ¿En qué cabeza se te ha ocurrido comportarte casi como un bandolero para secuestrar a la novia de lord Erikson? 

— ¿Cómo lo has sabido? —  frunció el ceño. No le había gustado que su hermana le dijera eso —.  Has corrido muy rápido para llegar hasta aquí. Podríamos haber estado en otra parte.

Clare, ¿por qué no me has esperado? , se preguntó en silencio mientras se mostraba estoico ante su hermana.

  —  Porque el mismo señor a quién te enfrentaste en un duelo ilegal, el mismo a quién has burlado llevándote la novia, se presentó junto con la familia de ella en medio de la cena, amenazando con llevarte a la policía. Tu cuñado no le gustó para nada presenciar como un caballero de poca monta nos amenazaba. Por no decir, que tus sobrinos lo habrían presenciado sino fuera porque estaban dormidos. 




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