No me odies, Quiéreme

Enfrentando la realidad

Dos años atrás.

En cuanto Alonzo llegó a la universidad se dirigió a la cafetería, estaba seguro de que ahí encontraría a Erika, la tarde anterior había convencido a su jefe para que le adelantara la quincena y así poder darle a Erika el regalo de San Valentin que se merecía, el cual consistía en un perro de peluche enorme, un gran ramo de rosas y unos deliciosos chocolates.

A pesar de que ya llevaba un tiempo considerable con ella aún no entendía cómo es que se había enamorado de Erika tan pronto, estaba seguro de que la amaba, en su corazón no había ni un gramo de duda, y aunque ella aún no había reconocido sus sentimientos podría apostar que, si ella no lo amaba con la misma intensidad que él a ella, estaba seguro de que ella también sentía algo intenso por él, la forma en la que lo miraba se lo decía y la manera en que reaccionaba a cada caricia lo confirmaba.

Sin importar que su mejor amigo le decía que se fuera con cuidado en su relación con Erika, él hacía caso omiso, la conocía a ella y sabía que era sincera en sus sentimientos. El mayor de los inconvenientes para Alonzo era que debido al trabajo no podía dedicarle el tiempo suficiente a su relación, pero a pesar de eso, estaba haciendo todo lo posible para poner lo mejor de él, y que su relación pudiera progresar.

Sin embargo, no podía olvidar que Erika era una chica hermosa y muy inteligente que podía elegir a cualquier chico de la universidad, y por alguna razón lo elegía a él, razón suficiente para que se sintiera dueño del universo.

Entre todas las vicisitudes que Alonzo tenía que enfrentar en su relación con Erika también se encontraba Sonia, la mejor amiga de ella, y a quien a pesar de no haberle hecho nada lo odiaba, aunque siendo sinceros el tampoco sentía mucha empatía por Sonia. Ella estaba segura de que andaba con Erika por su dinero, pero a Alonzo lo que menos le importaba era si Erika tenía dinero o no, lo único valioso para él es que ella la amara de la misma forma que él lo hacía, y si para que su relación superara todas las pruebas que se le presentaban tenía que convencer a Sonia de que realmente estaba enamorado de Erika, lo haría así tuviera que darle la vuelta al mundo de rodillas.

Alonzo continuó caminando hasta la cafetería con una sonrisa en la boca, al entrar se percató de que, aunque esta ya se encontraba decorada con globos plateados y rojos, además de carteles con frases alusivas al día todavía no estaba a reventar como comúnmente sucedía. Alonzo trató de visualizar a Erika, pero lo único que encontró fue a Sonia acompañando a una pareja que se estaba besando.

Haciendo mal tercio como siempre, pensó Alonzo.

Él iba a salir de la cafetería para buscar a su novia cuando su mirada se cruzó con la de Sonia, quien más que parecer sorprendida, lucia preocupada. Sonia, nerviosa intentó evadir la mirada de Alonzo, volteó a ver a la pareja que acompañaba, él siguió su mirada por instinto para encontrarse con que la pareja había terminado de besarse, la chica en cuestión lo volteó a ver con los labios enrojecidos y una sonrisa en su rostro, en ese momento Alonzo creyó sentir como el mundo a su alrededor se derrumbaba, la mujer que pensó estaba enamorada de él, resultó que no era así, de lo contrario no se estaría besando con otro en un lugar que, aunque se encontraba casi vacío no dejaba de ser público.

Sin ápice de vergüenza o culpa Erika contuvo la mirada mientras pasaba la lengua por sus labios aún hinchados, si a Alonzo le hubiera quedado un gramo de orgullo se habría ido sin decir una sola palabra de la cafetería, no obstante, parecía que su orgullo se había esfumado, sin importarle nada se acercó caminando hasta la mesa en la que se encontraban, en cuanto llegó a la mesa donde se encontraban aventó el regalo que había comprado para Erika contra la mesa.

―¿Qué te sucede? ―refunfuñó Erika, levantándose de la silla.

―¿Qué te pasa ti? ―contraatacó Alonzo.

―¿Quién te crees para venir a gritarme?

―Al parecer se te ha olvidado, pero soy tu novio. ―indicó furioso, Erika soltó una carcajada robando la atención de todos los presentes.

―No seas iluso, Alonzo. ―espetó―. ¿En serio, creíste que somos novios? ―insistió en voz alta.

―Al parecer se te olvidó informarme el tipo de relación que tenemos. ―gruñó Alonzo, haciendo grandes esfuerzos por controlar la furia que habitaba en él.

―¡Eres patético! No hay una sola razón por la que yo podría considerarte como mi novio. Tan solo vete, no eres nada.

―Erika ―intervino Sonia.




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