No quiero solo un verano

26

—Perfecto para hacer el amor — susurra Eduardo con su pícara sonrisa mientras me pega mi espalda al tronco de uno de esos inmensos viejos  árboles.

— ¿Qué? Estás loco— Dije mientras trataba de soportar mis piernas, sus besos en mi cuello estaba haciéndome perder la postura.

—No te preocupes por Faustino, no está cerca… —Sus manos estaban desnudando mi cuerpo con sus caricias.

—Y si… — Digo mientras apagaba mis palabras con un beso.

 

Aparta sus labios y me mira tan excitado que no pude resistirme a esa mirada. Sus manos empezaron sacando mi polo dentro del short, seguía quieta sin dejar de mirarlo, se acercó y beso mi nariz, ahogando el beso en mis labios. Empezó a jugar con mis ganas de besarlo, otra vez ¡Dios! eso me gustaba.

 

—Te amo—Dijo mientras sus manos bajaban hacia el cinturón de mi short. Me estremecí y detuve sus manos.

— ¡Espera! — dije mientras mordía mis labios ahogando la verdad que en ese momento sonaría estúpida. Estaba  aterrada, cerré los ojos y pensé unos segundos en cómo decirle que nunca había estado en esa situación.

 

—Voy muy aprisa —mencionó mientras se apegaba a mi cuerpo y colocaba sus manos sobre el viejo tronco.

 

— ¡No! …es que… yo… como decirlo… —Susurré.

— ¿Nunca lo has hecho? — levantando mi barbilla.

 

No pude decir más, el rubor cubría mi cara, había matado el encanto del momento, lo sentía.

 

—Te amo con toda el alma, jamás te haría daño, si no estás preparada… no insistiré, esperaremos el mejor momento.  —Susurró a mi oído mientras su aliento estremecía mi vientre. No pude decir más solo lo besé y me abracé a su cuerpo sin miedo. Entendió perfectamente lo que deseaba.

Un ardiente beso avivó el fuego de la pasión agonizante; estaba sofocándome.

Sus manos volvieron al ruedo, recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, despertando cada poro de mi piel. En un momento mi short se deslizó a mis tobillos, mientras sus traviesas manos acariciaban mi trasero.

El miedo desapareció, se quitó el polo dejándome extasiada con su torso bronceado, muy bien marcado, perdí el aliento mordiéndome los labios.

Por un momento me llené de miedo, su experiencia en el placer sexual se notaba. Al igual que mi inexperiencia reflejada en mis manos torpes y temblorosas.

 

— ¡Tranquila! , déjate llevar… disfruta el momento… — susurró a mi oído mientras sus manos recorrían mi cuerpo desnudo. Y su boca jugueteaba con el lóbulo de mi oreja.

 

Fue más fácil dejar de pensar en hacer las cosas. En verdad fue increíble.

 

El tiempo pasó volando, nos estábamos vistiendo cuando oímos los gritos desesperados de Yolanda deberíamos volver.

 

— ¡Carajo! ¿Y dónde estará Faustino? —preguntó mientras se ponía el pantalón.

—Si le dijiste que se perdiera un rato, te hizo caso —dije agitada

 

Se giró y me dio un beso, riéndose luego de mi voz temblorosa.

 ¡Diablos! Seguía hecha un manojo de nervios, “Mis piernas están traicionándome” me dije mientras miraba el torso desnudo de Eduardo.

Estaba poniéndose el polo cuando Faustino apareció frente a nosotros.

 

— Debemos volver

—Te seguimos amigo —Dijo Eduardo tomando su mochila

 

Caminamos hacia dónde venían las voces. Seguí nerviosa y el solo pensar que Faustino nos haya observado me llenaba de miedo. No quería aparecer en redes sociales haciendo el amor en medio de la jungla. Mi padre se moriría y mi vida… ¡Dios! no quiero ni imaginármelo.

 

Oímos más cerca las voces desesperadas de nuestros padres, entonces corrimos para estar más de cerca a Faustino, que estaba hablando del lugar como si nos hubiera estado dando un recorrido todo este tiempo.

Después de eso volvimos al Hotel, todo el camino de vuelta nos miramos y sonreímos recordando la loca a ventura en medio de la naturaleza.

 

Había anochecido, y la inmensa felicidad que sentía nada podía quitármela, nada excepto el cuadro desquiciante que ante mis ojos aparecía.

Una chica estaba fuera del hotel con una mochila, Yolanda se adelantó para sorpresa nuestra. Eduardo estaba paralizado, papá nos miró y me extendió su mano, como si supiera que la presencia de esa chica no sería grata para mí. Tomé su mano y caminé a su lado; cuando estuvimos cerca Yolanda nos presentó.

—Kasandra Hijita, te presento a Dereck, mi prometido y ella es Isabela, su hija.

El cielo se cayó sobre mí, en verdad esa chica con cuerpo de Modelo de pasarela; era la ex novia de Eduardo. Mencionó que habían terminado ¿Qué hacía aquí? Si solo lo dijo para…. ¡No! No puede ser posible. Sé que Eduardo no…



Deysi Juarez (Dama de Hierro)

Editado: 05.10.2020

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