No seré tuya #4

Capítulo 5

Al bajar las escaleras, acompañada por su padre, se volvió a reunir con el duque. Por unos segundos sus miradas quedaron enlazadas. Por unos breves segundos. No hubo palabras entre ellos. Se notaba la tensión que corría en el ambiente. La suerte divina no hizo que se corriera la sangre en ese momento porque el mayordomo les anunció que la cena estaba lista. 

Cassie se adelantó, ella unió su brazo con la de su hermano  mientras que su marido lo hizo con Diane; Dante con su hija Alice, que quería mantenerse en una posición inadvertida. 

 La cena con la familia reunida transcurrió como si no hubiera pasado los años. Aunque aparentemente parecían todos felices, contentos que el duque Werrington había regresado a sus vidas, había dos comensales que no estaban cómodos. 

Para el duque la presencia de la ladrona en su casa le trastocaba y más cuando veía que su actitud era diferente delante de su familia. Parecía como una dama de alta alcurnia aunque él sabía que no lo era; después cómo lo había tratado en su bienvenida. 

Tomó su copa de jerez observando la escena encantadora familiar, su hermana hablando de las anécdotas de su hijo; las miradas cómplices de la pareja y ahí... estaba ella, silenciosa en una aparente calma. ¿Estaría tramando algo?

  — Julian, mañana a primera hora quería comentarte de cómo van los arrendatarios, el funcionamiento de las tierras —  comentó Matthew, limpiándose la boca con la esquina de la servilleta —. Espero que no te haya importado haberme involucrado en los asuntos administrativos.

  — No, Matthew—  apartó la mirada y lo miró —. Has hecho más de lo que habría podido yo estando a fuera. Te lo agradezco. He estado bastante ausente y me tendrás que poner al día. 

Realmente tendría que ponerse al día de todo. Tenía que volver al ser el duque Werrington, hacer sus funciones como el noble que era. La mansión se había mantenido a flote gracias a Matthew y a su hermana que no se han ido de Devonshire salvo por breves temporadas que las pasaban en Brighton.

También, tendría que hablar con su hermana para reorganizar la agenda y ver los eventos sociales a las que tenía que ir. Aunque no le gustaba la idea, era su obligación estar presente en cualquier evento social y más cuando la mitad de los habitantes o todos de Devonshire se habría enterado de su presencia. Las noticias, sobre todo, en un pueblo pequeño corrían como la pólvora. 

Más de una madre estaría interesada que el duque volviera al mercado matrimonial, pero él no tenía ese pensamiento en la cabeza. No por ahora. Sabía que tarde o temprano debía considerarlo. Había una razón muy importante. Todo el legado iría a parar a su heredero. El pequeño problema que no tenía hijos como herederos. ¿Quería contraer nuevas nupcias por el deber de tener un heredero?

 

Unas horas más tarde, los habitantes de la mansión de Devonshire fueron a sus respectivas habitaciones para dormir. Pero algunos de ellos el sueño les era esquivo, como le pasaba a Alice. La joven no podía conciliar el sueño. Estaba intranquila y no paraba de dar vueltas en la cama. Sabía el motivo pero no quería indagar en ello. Intentó contar el número de ovejitas pero nada. Pensó que podría relajarse leyendo un libro de la biblioteca. Se puso la bata sobre el camisón blanco de dormir. Teniendo los pies descalzos fue bajando la escalera para ir a la biblioteca. No se dio cuenta que ya había alguien dentro de la habitación. Había un candil encendido que no alumbraba mucho la habitación. Parecía estar en penumbra. Se acercó a las estanterías cuando oyó una voz detrás de su espalda, asustándola de golpe.

 —¿Quién le ha dado permiso para entrar? — la voz del duque se impuso sobre el silencio. 

Intentó tranquilizarse aunque el corazón le retumbaba en su pecho. Parecía que su corazón fuera las pisadas de un elefante. 

—No sabía que la entrada estuviera prohibida — replicó sin que le temblara la voz.

— No lo está. Pero no son horas para estar levantada, señorita.

La joven observó como el duque salía de las cortinas y se adentraba a la habitación.

Le dio la impresión de ver un ángel caído. Cabeceó quitándose ese extraño pensamiento de la cabeza.

—¿Y esa regla lo incluye a usted? No, espera. Ya sé la respuesta. Es usted el duque, el señor que manda y ordena todo a su gusto. Su excelencia pueda entrar menos el resto de la humanidad, ¿no?

Le puso nerviosa su silencio. Se quedó mirándola como si ella fuera un objeto bastante peculiar e interesante de analizar.

—Me sorprende — comentó rompiendo el silencio que se había interpuesto entre los dos —. Su actitud.

— ¿Qué actitud? —preguntó con impertinencia.

Él se acercó sin perder esa sonrisa de sus labios, como si supiera un secreto que ella no sabía. Se dio unos toques en el labio antes de contestar. El muy diablo estaba intentando alargar el momento para ponerla más tensa y nerviosa si eso pudiera ser posible.




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