No seré tuya #4

Capítulo 10

La fiesta, que se iba a celebrar en los terrenos de los Werrington, estaba acercándose. La hermana del duque, Cassandra lo estaba organizando para que todo estuviera perfecto. Incluso, contó con la ayuda de su sobrina para preparar las invitaciones. Le hubiera gustado que su hermana Diane estuviera ayudándola pero todavía seguía estando enferma. Ella se imaginó cuál sería la causa de dicha enfermedad pero no soltó prenda de ello.

  — El duque, es decir, mi hermano — comenzó a decir Cassie cuando le pasó un sobre  a Alice — no querría que esta fiesta se celebrara.

Alice metió el trozo de papel, en el cual estaba expreso la invitación.

  — No es muy social —  Alice guardó una sonrisa para ella —.¿Lo has visto?  No ha salido de la biblioteca desde el primer minuto que estoy preparando la fiesta para él. Espero que con esto no le haga huir de nuevo.

Aunque lo decía en un tono distendido, se notaba que se preocupaba por su hermano, y más, cuando la posibilidad que se fuera rondaba por las cuatro paredes de la mansión.

  — Lo siento, Cassie. Si por mi culpa se fue — no lo sentía realmente  por el duque, pero sí por Cassandra, que había sufrido más la ausensia de su hermano.

— No tienes que disculparte de algo que no es culpa tuya. Mi hermano — se calló por un momento, como si de pronto su mente divagase — quiso alejarse de aquí para olvidarse de un amor no correspondido pero nunca fue culpa tuya. 

¿Amor no correspondido? 

¿El duque podía amar? 

Saber ese nuevo aspecto de la vida del duque No se lo imaginaba amando a otra persona que no fuera él mismo. Se sorprendió al preguntar a su tía:

— ¿Lo ha logrado olvidar? —  se mordió el labio y metió otro papel en otro sobre — .  No hace falta que me conteste. No es mi incumbencia.

Cassie la miró con curiosidad y detuvo lo que estaba haciendo.

— No lo sé — Alice alzó la mirada sorprendida que ella respondiera —. Me gustaría pensar que sí. Es complicado amar a otra persona que no te ama.

— Es doloroso —  no se dio cuenta que habló en voz alta hasta que su tía le preguntó.

— ¿A ti también te ha pasado?

Alice abrió los ojos asustada y su silencio habló por ella. Cassandra esbozó una sonrisa comprensiva. 

— Aunque no lo creas, yo también lo he sufrido. No es fácil de describirlo porque solamente la persona quien lo ha sufrido lo sabe. Si confías en mi consejo, el amor puede estar en el lugar menos esperado y de la persona quien nunca esperabas amar. 

Alice asintió con la cabeza inclinada sobre su regazo mientras las palabras de su tía inundaban en su mente.

 ¿Podría su corazón volver a amar? 

  El tiempo lo diría aunque por ahora su corazón no volvería a confiar en la palabra de un hombre.  

¿De quién se había enamorado el duque para querer irse de Devonshire?

Aunque no quiso pensar en ello, tenía que reconocer que se moría de la curiosidad por saber quién era la mujer que había hecho perder la cabeza al duque.

 

Terminó de ayudar a su tía Cassandra para irse directamente a los establos. Era el lugar donde ahora podría estar. Necesitaba cabalgar y disfrutar de la adrenalina. Debería haberse cambiado para ponerse cómoda. Le gustaba llevar calzones y una camisa holgada que el vestido para cabalgar. Salió del cubículo con su yegua. Quiso dar un paso hacia atrás cuando vio al duque entrar en los establos pero su espalda chocó contra  la puerta impediendo su huída.

¿Estaba huyendo? Huir es de cobardes. Ella no era una cobarde. Entonces... ¿Por qué quería esconderse?

El duque se detuvo al verla. Se imaginó que no habría esperado verla. El sentimiento era mutuo.

 — Señorita Caruso —  inclinó la cabeza como saludo.

Era la primera vez que se veía en todo el día porque en el desayuno no se habían visto hasta ahora. La joven respondió al saludo de forma seca. Ella pasó por delante queriendo no rozarlo, pero fue inevitable que su mano rozara con la de él y sintiera un calambre recorriendo por su brazo. Hizo un gran esfuerzo por no temblar y mirar atrás para comprobar si él también lo habría sentido. Siguió adelante y una vez fuera, montó en su yegua con un movimiento ágil.

No muy lejos de ella, escuchó el relincho de otro caballo. No se esperó a ver a su lado, al duque montando en su semental. Verlo sin ese traje tan formal, le provocó un tonto cosquilleo en el estómago que quiso no sentir. 

¿Estaba delirando?

  — Señorita Caruso —   ella no quiso que le hablara —, sé que todavía de su parte hay recelo pero quiero que sepa que no le guardo rencor por lo que me hizo.

  — Por desgracia, de mi parte no se me olvida que estuve en la cárcel — replicó con sequedad.




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