No seré tuya #4

Capítulo 16

 — Alice pegó un salto de sobresalto, la había asustado. Escondió tras su espalda el pañuelo en un gesto de pura inercia.

— Nada que puede perjudicar a la joven, excelencia — Owen dijo sin pensar que el duque se molestaría mucho con el comentario.

Su mirada fue de Owen a su hermano Charles, que había palidecido. Luego, su mirada la posó en ella, que aguantó estoicamente a su intensa mirada.

— ¡Quiero que salgáis ya! Habéis estado demasiado fuera de la fiesta. La gente murmurará y no me gustaría tener unas palabras con su padre, joven Olsen.

Alice no se dio cuenta que estaba acompañado por la señora Garnier. Se le tensó las manos y apretó el pañuelo contra sus dedos.

— ¡Fuera! — no se lo repitió dos veces — Menos usted, jovencita.

Charles miró a su hermana preocupado por la regañina que le pudiera soltar. Ella le hizo un gesto para que se adelantara.

— ¿En qué cabeza cabe irse de la fiesta con dos jóvenes hacia el jardín? — ella no quería que le gritara, ni que estuviera presente su amante.

Sentía el alma en carne viva.

— Esos dos jóvenes, uno es mi hermano y el otro, su amigo — respondió con sequedad.

— Haciendo el qué si puedo puedo preguntar — se cruzó de brazos.

— Julian — el hecho que la amante se pronunciara le sintió a la joven como una patada —. No estaba haciendo nada malo.

— Señora Garnier, me gustaría discutirlo eso con mi sobrina. Es mi debe asegurar que no hace nada indecente y pueda dar que hablar.

Claro, como ella había sido una ladrona. Podría hacer cualquier cosa malvada. ¡Cómo le gustaría darle una bofetada! La estaba humillando de una forma que dolía.

— Tiene razón, la señora Garnier. No estaba haciendo nada malo.

— ¿Qué esconde? — se acercó peligrosamente hacia ella sin apartar la mirada de sus ojos.

Ella sintió un poco de miedo y de algo más, que hacía provocar que su corazón se acelerase y sintiera cada latido como el golpeteo de un tambor en sus oídos.

— Nada — respondió estoica.

Por su mirada, podía imaginarse que ella habría robado.

— Señora Garnier, puede salir un momento — su tono de voz autoritario dejaba claro que no se admitía una réplica.

No se volvió para darse cuenta que se había ido. Seguramente, enfadada por haberla despachado de esa forma. No le importaba cuando tenía enfrente a la causante de que le hervía la sangre. Por culpa de ella, no estaba tranquilo y sus sentimientos estaban descontrolados. ¡Estaba furioso!, ¿si otra persona los hubiera pillado?, ¿habría que concertar una boda con el hijo de lord Olsen? Le enfurecía con solo pensarlo. La gente era mal pensada.

— Enséñame lo que esconde — se acercó tanto que sus pies estaban rozando el bajo de su vestido.

Ella negó con la cabeza. Había sido su premio y no quería que se lo arrebatase.

— Usted lo ha querido — antes de darse cuenta el duque la acercó a su pecho, provocando que ella sintiera arder con solo el contacto firme de su cuerpo, contra el suyo. Hasta las orejas se le pusieron rojas. Aprovechando que la joven se había quedado tensa y quieta. Alargó su mano hacia su espalda arrebatando... ¿un trozo de tela?

— ¿Qué es esto? — delante de sus ojos levantó el pañuelo de lord Olsen.

Se apartó de ella.

— Un pañuelo — se lo quitó de sus manos —. Es de Olsen, me lo ha dado como premio de una apuesta.

Dijo con descaro y sin vergüenza alguna.

—¿Una apuesta? — el enfado creció, intentó controlarse y se dio un pellizco en el puente de la nariz —. ¿Se está oyendo?, ¿una apuesta? Pensé que había cambiado.

Su mirada de desdén le hizo daño.

— Pues siento defraudarlo — guardó el pañuelo con cuidado y eso puso a Julian casi desquiciado — ¿Qué pensó que lo había robado? Aunque piense que no he cambiado, dejé ser una ladrona hacía tiempo.

Él negó con la cabeza y apretó los labios en una línea fina. En el ambiente se había espesado mucho entre ellos.

— ¡Váyase del invernadero! La próxima vez procura evitar estas situaciones porque yo no estaré ahí para salvarle el trasero.

— ¡Yo no se lo he pedido! — le gritó a su vez y, sin poderlo evitar, fue hacia él y le golpeó contra su pecho —. Yo no he querido que viniera y...

Él en un rápido gesto sujetó sus manos con una de las suyas mientras la mantenía presa en contra de su cuerpo. Otra vez esa cercanía. Cerró los ojos dominada por miles de sentimientos.

— Pues puede darme la gracias que fuera yo y no otra persona que estuviera en la fiesta — replicó con demasiada brusquedad —. Esa persona daría por hecho que Olsen y usted habían tenido un encuentro íntimo.

— ¿Cómo se atreve? — intentó apartarse escamada por su comentario —. Charles, estaba con nosotros.




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